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No hay escuela para mamás, dijo el padre Mucci al recordar a su admirable progenitora

“Yo miro todas las noches las noticias y veo cientos de jóvenes amarrados, tirados en el piso, preparándose para ir a la cárcel y digo: Cada uno de ellos tiene mamá y sin duda la mamá está sufriendo más que nunca al ver su hijo en esa situación. Es un Vía Crucis todos los días, un subir al Calvario sin morir solamente para empezar el siguiente día a caminar hacia el Calvario...”

Por El Diario de Hoy |

De su familia, descendiente de italianos como lo indica su apellido, habló el recordado padre Flavián Mucci en uno de sus “Banquetes del Amor”, donde se servía pan y vino para recaudar fondos para la noble causa que es Ágape, que tantos beneficios trae para jóvenes y adultos en nuestra tierra.

“Salí de mi casa a los 17 años cuando fui a un seminario y hasta ahí mi familia”, relató. “Era muy joven y tengo muchos recuerdos de mis hermanos y hermanas. Mi mamá era la primera que se levantaba en la mañana y la última en acostarse… no hay escuelas para madres…ella es la abogada, la maestra, la esposa, el juez, el médico, el sereno, la cocinera, la policía, el chofer, el vigilante, el árbitro y un montón más. Desempeña muchos papeles y busca que todo se haga a la perfección. Ese colegio más importante del alumno que somos los hijos… se forma el carácter, nos enseña no solamente cómo ganar sino también cómo vivir en ese colegio en 24 horas sin descansar. Es directora, consejera, maestra….”.

Dios, decía, además de los ángeles que son nuestra familia también pone en nuestros caminos a lo largo de la vida otros ángeles que nos enseñan, nos ayudan en momentos difíciles… uno de esos ángeles, recuerda, fue el arquitecto “Chele” Gavidia, que le ayudó a construir las sedes de Ágape pero que nunca le cobró un centavo, ángeles que muchos de nosotros tenemos la fortuna de encontrar, desde hermanos y familiares hasta maestro y amigos que están a nuestro lado toda la vida.

Uno de esos proyectos, cuenta, fueron las Aldeas Infantiles que luego, como la “Ciudad de los Niños” en Santa Ana, desarrolló una muy meritoria labor con los salesianos al frente.
Durante la presidencia de Funes, prófugo en Nicaragua después de acusársele de robar al menos 351 millones de dólares de los salvadoreños, la Ciudad de los Niños, con sus talleres de enseñanza de oficios y artes, fue tomada para recluir a “menores infractores”, según se argumentó en su momento.

Todo eso cayó en el olvido de los mandatarios, obras que grupos independientes, ciudadanos privados, sostienen con su propio dinero y cuyo primordial objetivo suele ser la niñez, la familia, las comunidades de pocos recursos.

Ayudar a niños, a jóvenes, echarles una manita, pagar los estudios del sobrino, socorrer en alguna medida a personas mayores que no tienen mayores recursos, es repetir el milagro de “Los Ángeles” de que habló el padre Mucci, lo que agrega puntos al “pasaporte” que debe mostrarse, al llegar el momento, ante San Pedro.

En cuanto a las personas mayores que tienen pocos recursos, pasarán a cero recursos, a la total miseria si se lleva a cabo el saqueo de las pensiones con la “reforma” que plantea el Ejecutivo.

Es preferible una adecuada corrección que alcahueterías con niños caprichosos

Las buenas mamás, decía el padre Mucci, son las que forjan el carácter y además inculcan en sus hijos, desde la infancia, buenos hábitos, buenos principios, sanas costumbres, aunque en ocasiones muchas mamás en este país lo consigan siendo severas cuando deben serlo, castigos que por lo general duelen más a los papás que a los niños que los reciben… La mitología griega ilustra la corrección mostrando a Afrodita dando al infante Eros —quien luego se convirtió en el dios del amor— un oportuno, muy saludable chancletazo…
Muchos conocemos las consecuencias malas de mamás alcahuetas que dejan pasar caprichos indebidos a sus hijos y que luego, muchos de ellos, se convierten en lacras sociales…

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Cristianismo Juventud Opinión Padre Flavian Mucci

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