Más de alguno tendrá inquieta la conciencia por haberse expuesto al covid y comido mucho

“El otro día fui a la playa y me encontré con unas amigas, también fui a bailar. Luego regresé a mi casa y allí se encontraba mi mamá. La abracé y la besé. Se le pegó el covid. Yo maté a mi mamá...”. (Xuxa, cantante brasileña)

Por El Diario de Hoy

Abr 03, 2021- 18:36

La Semana Mayor, que conmemora para nosotros los cristianos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, es, sin embargo, aprovechada por muchos para escaparse a las playas, darse comilonas, beber en demasía y exponerse mucho al coronavirus.

Para regocijo de las muchachadas, las playas también son el marco donde lindas chicas, aunque asimismo ex-lindas chicas, se enfundan en trajes de baño diminutos o al menos de poca tela para mostrar urbe et orbe que han cuidado sus anatomías, que no todo son rellenos, fajas, botox… Pero a muchos se les ha olvidado que tenemos la pandemia cobrando vidas —sólo el viernes hubo cuatro muertos, según se informa— y la gente se ha volcado a aglomerarse a las playas como si no pasara nada. Las escenas en los diarios y la televisión son estremecedoras.

No queremos ser aguafiestas, pero tenemos que decirlo. Hay que tomar en cuenta que muchas personas son asintomáticas —portan el virus sin saberlo— y lo transmiten a quienes sí son vulnerables, como el caso de la cantante brasileña Xuxa, que se culpa de la muerte de su madre tras haberla contagiado. “El otro día fui a la playa y me encontré con unas amigas, también fui a bailar. Luego regresé a mi casa y allí se encontraba mi mamá. La abracé y la besé. Se le pegó el covid. Yo maté a mi mamá…”.

Pasadas las festividades muchos quedan también con la conciencia intranquila por los excesos, no de piedad sino de impiedad, por haber empinado el codo más de la cuenta. Y, como sucede al inicio de cada año, se prometen a sí mismos guardar la medida, no excederse ni en bebidas ni en comidas, pensar en “su” futuro.

Los excesos de hoy se pagan en problemas del mañana, de la propia salud, eso es…

A causa de la pandemia, de la imparable robadera (claramente denunciada por el Gobierno de los Estados Unidos ) por múltiple otros factores, no se cumple con una regla esencial: hay que comer de todo, probar nuevos platos, guisos, no cerrarse a nada razonable, aunque de allí a comer murciélagos y alacranes como en ciertas regiones de Asia de cuyo nombre no queremos recordarnos, hay mucha distancia.

Un buen amigo, de entrenado paladar, invitó a otro a comer en su casa y le preguntó:

—¿Te gusta la comida española?

—¡Me encanta! —fue la respuesta.

Para iniciar, sirvió “callos a la madrileña”, “tripas a la madrileña”, lo que se refiere al estómago de la res, no a lo que luego sigue de muchos metros de largo y que se dice que los pobres cubanos y dada la hambruna causada por el comunismo, tienen que comer… El invitado titubeó, se puso un tanto verde… “es que eso no como…”.

¡De lo que se pierde el pobre! Tripa, en el sentido del estómago de la res, se come por doquier: en Francia es tripa al estilo de Jaén, en Italia tripa a la florentina con un tanto de parmesano…

Hagamos almácigos para ayudar a los que apenas tienen para comer

Hay dos formas de “comer de todo”: una, para los afortunados, es rodar tierra, ir a distintos países y prometerse probar lo que encanta a los locales.

Lo otro es buscar en el internet lo que comen aquí y, al hacer un esfuerzo para repetir lo que fascina a italianos o japoneses o coreanos, seguir al pie de la letra las recetas.

Es de especial orgullo para los salvadoreños que el mejor pez del “mundo mundial” es la mojarra de Coatepeque, que los tamales de esta tierra no tienen rival, que el gallo en chicha es “divino”, que las pupusas, queso y lorocos, encantan a locales y foráneos (no toquen ni de lejos las de “chicharrón” ), que nuestros quesos son muy, muy sabrosos.

Hagan almácigos para los que tienen poco que comer…

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