Con amigos así los trabajadores no necesitan enemigos

Es un contrasentido clausurar una empresa por la fuerza, sin el debido proceso y alegar, como lo hizo el ministro de Trabajo, que “todo se ejecutó de manera legal”.

Por El Diario de Hoy

May 18, 2020- 06:00

Veinticuatro horas después de que, por falta de transparencia y las violaciones del régimen a los derechos humanos, representantes de los sectores empresarial y académico abandonaran la mesa de los controles sobre el gasto público, el ministro de Trabajo cerró la fábrica de zapatos ADOC y otra de mascarillas en el pasado vinculada a Javier Siman, presidente de ANEP, a quien poco antes Bukele desconoció como interlocutor válido frente al gobierno.

El cierre de ambas empresas fue realizado con policías y soldados provistos de armas largas, que sellaron las instalaciones con cinta amarilla con el argumento de que la operación era para “proteger a los trabajadores”.

Para “proteger a los trabajadores” o “proteger a la sociedad” se vienen cerrando empresas como las fábricas de boquitas, la de estampados con figuras de Disney, así como restaurantes del Grupo Salume…

De seguro la resolución de cierre la tenían lista una semana antes de llegar a ADOC. “Iban con los ojos vendados”…
El cierre de las empresas zapatos y de estampados, así como de otras dos, cuyos nombres no se revelaron, pone en manos de proveedores del exterior esos rubros.

Si lo que hace un hombre de negocios, un conjunto de productores, un sector de la economía no es del agrado del excelentísimo señor presidente por los motivos que sea, hostigarlos, ponerles tropiezos en su camino, ningunearlos es la reacción inmediata, además de insultarlos vía troles.

Resentir, molestarse de que “haya ojos bonitos en cara ajena” es, por desafortuna, una debilidad humana, en parte lo que condujo a la agresión marxista contra nuestra Patria.

El primer crimen que registra la Biblia, un fratricidio, fue motivado por la envidia…

La prédica populista siempre hace de “los ricos” un blanco, como ahora que su excelencia el señor presidente atribuye a ellos, a los productores, montar los cacerolazos y las serenatas de bocinas en repudio de sus imposiciones, de sus actos inconstitucionales, de su desdén por los pesos y contrapesos a los poderes del Estado.

Los despilfarros, la falta de control sobre el gasto, los atropellos a empresarios, los cierres arbitrarios tienen su costo, pues socavan la confianza no solo entre potenciales inversionistas del exterior, sino en los inversionistas locales, para quienes puede ser más atractivo colocar su dinero en fondos de inversión que estar expuestos a que de la noche a la mañana los clausuren alegando que “es para proteger la salud de los trabajadores”.

No es delito crecer, mejorar cada día, diversificarse y lograr bienestar para todos

Las empresas, los países, los grupos humanos se diversifican para fortalecerse. Antes dependíamos de la caficultura y la exportación de materias básicas; ahora somos exportadores de productos de pequeña y mediana industria, medicamentos, etc. No hay ni puede haber una ley que prohíba diversificarse.

La empresa Intradesa, una de las clausuradas, estuvo asociada a Javier Siman, presidente de ANEP, pero es propiedad de inversionistas estadounidenses. Se dedicaba a fabricar mascarillas y vestimentas para proteger a médicos, enfermeras y personal de salud. Quien sea el dueño, no debería venir al caso.

Mientras una empresa no viole la ley, cerrarla debe obedecer a precisas razones, pero es un contrasentido clausurarla por la fuerza, sin el debido proceso y alegar, como lo hizo el ministro de Trabajo, que “todo se ejecutó de manera legal”.

Los trabajadores pierden su empleo aunque los militares que llegaron a cerrarla se hayan comportado.
Con amigos como este ministro los trabajadores y los salvadoreños no necesitan enemigos.

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