A 30 años del asesinato de un Fiscal General y varios defensores de la libertad

El Salvador necesita ver hacia adelante y caminar en la ruta del desarrollo. Recordar estos hechos debe servir para marcar un ¡Nunca más!, pero no para seguir removiendo ese caldo de resentimientos y complejos sociales con miras a buscar estériles venganzas y generar más Bellosos. Es necesario que haya justicia, pero sin dados cargados ni manipulaciones.

Por El Diario de Hoy

Abr 22, 2019- 18:09

El pasado viernes se cumplieron 30 años del salvaje asesinato del ex Fiscal General de la República, Roberto García Alvarado.

Pocos días después de haber hecho algo a lo que nadie se había atrevido, ordenar la captura de los principales dirigentes guerrilleros, le hicieron estallar una bomba en la cabeza.
Los que tanto acusaban al Ejército de cometer violaciones a los derechos humanos perpetraron un atentado cargado de brutalidad y lujo de barbarie. Al año siguiente murió la esposa de García Alvarado a causa de la pena y la familia tuvo que salir al exilio.

En la misma época fueron asesinados cuatro ejemplares ciudadanos que escribían para contrarrestar las prédicas de odio e insania de la extrema izquierda que para ese entonces envenenaba a jóvenes incautos, trabajadores, estudiantes universitarios y otros a quienes luego enlistaron en sus filas donde una parte de ellos, la carne de cañón, murió.

El jesuita Francisco Peccorini, Edgard Chacón, Gabriel Payés y Rafael Hasbún murieron, de la misma manera que fue asesinado el jurista Antonio Rodríguez Porth. Y en ese baño de sangre perecieron entre muchos otros el expresidente de la Corte Suprema, Francisco José Guerrero, y el exguerrillero Miguel Castellanos.

Ellos fueron sacrificados a sangre fría alertando al mundo y a nuestro país del peligro que tiene para toda sociedad las ideas muertas de los totalitarismos, de doctrinas que han causado cientos de millones de muertos a lo largo de la historia contemporánea.

La constante de los crímenes siempre fue el factor sorpresa, el ataque a sangre fría y la imposibilidad de las víctimas de defenderse.

¿Por qué rememorar estos acontecimientos?

Para recordar que se derramó demasiada sangre como para seguir generando odio y lucha de clases tres décadas después, como hacen sólo para incriminar a los de un bando y hacer aparecer a los del otro como ángeles.

El Salvador debe decir ¡Nunca más! a estos crímenes y ver adelante

El Salvador necesita ver hacia adelante y caminar en la ruta del desarrollo.

Recordar estos hechos debe servir para marcar un ¡Nunca más!, pero no para seguir removiendo ese caldo de resentimientos y complejos sociales con miras a buscar estériles venganzas y generar más Bellosos. Es necesario que haya justicia, pero sin dados cargados ni manipulaciones.

Las dictaduras y los totalitarismos son esquemas para hacerse con el poder, robar y dominar a quienes normalmente se sublevarían. Y en tal sentido comparten mucho con todos los esquemas de sometimiento humano, desde las nuevas formas de opresión que se emplean, como las que sostienen las “teocracias” del Medio Oriente, o feroces dictaduras donde un grupo de secuaces alrededor de un individuo se imponen sobre un pueblo entero, como en Venezuela.

Y un caso es del tirano de Burundi, África, cuya demencia le ha llevado a apresar y enjuiciar a tres niñas por hacer pequeños garabatos en una imagen del dictador, lo que ha sido denunciado por las organizaciones que velan por los derechos humanos, los derechos de personas indefensas, ¿y qué más indefenso que un niño puede haber?

África, pese a que algunos de sus países o territorios como los países francófonos son democracias operantes, es un escenario de formas alucinantes de represión, igual que Turquía bajo Erdogan. Quedaron atrás los soviéticos y los nazis, pero hay nuevas pesadillas en ciernes.

Nunca cesa la lucha por la libertad…

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