Si es de derecha, ataquémoslo; si es de izquierda, dialoguemos

Las reelecciones, al igual que los despotismos, son como candados al movimiento de un país, a la renovación, a evolucionar siguiendo el ritmo del mundo.

Dic 20, 2018- 19:21

Evo Morales exigió que los Estados Unidos no intervengan en los “asuntos internos” de Bolivia, cuando su régimen se caracteriza por sus truculencias y su pretensión de perpetuarse en el poder.

El asunto equivale más o menos a lo que suceda en una casa donde uno de sus ocupantes coja a palos a sus familiares, como está ocurriendo en Nicaragua sin que detengan la represión, a diferencia como fue el caso de Somoza, a quien poco faltó que lo bombardearan con artefactos atómicos; cuando son de derecha intervienen; cuando son de la zurdería, regañan.

Solo hay que ver la indignación y la denuncia de José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch, que calificó de “penoso” el pronunciamiento del vocero del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, para quien solo hay “informes de supuesta persecución a ONG y medios”, no menciona al régimen como responsable, insiste con la fórmula del diálogo que solo le ha dado oxígeno a Ortega.

Como a Ortega, a don Evo parece no preocuparle lo que diga “la comunidad internacional”.

Lo que la “comunidad internacional” debería combatir es que en un país pueda un presidente reelegirse, como el caso de Honduras en que el actual mandatario se las arregló cambiando la Constitución para reelegirse, pese al rechazo que generó. Y ha sido la reelección o simplemente quedarse en la silla hasta que San Juan baje el dedo lo que ha dado lugar al desastre de Venezuela y de muchos otros países.

Las reelecciones, al igual que los despotismos, son como candados al movimiento de un país, a la renovación, a evolucionar siguiendo el ritmo del mundo. En el caso de Evo, no solo impide que otros sectores aporten para ir incorporando Bolivia a la comunidad de naciones, sino que su obsesión por lo “boliviano” le ha hecho rechazar los aportes que naciones más avanzadas, como la Comunidad Europea o los Tigres de Oriente contribuyan a sacar a Bolivia del aislamiento en que se encuentra, un aislamiento anclado en comunidades indígenas ancladas en lo suyo y que contrasta con el buen desarrollo que se centra en La Paz y en la región baja.

Don Evo debe bajar
de sus alturas

Agregaremos una nota personal: se dice que la altura y la menor cantidad de oxígeno hace que el cerebro vea con más intensidad los colores y el entorno. Sea como sea, el fuerte colorido de la montaña que rodean La Paz donde se encuentra el gran lago interno Titicaca, a cuatro mil doscientos metros de altura, tengan o se vean de un colorido único, sin duda también por los minerales que contiene.

Mil doscientos metros, la altura del aeropuerto de La Paz. Cuando llega un nuevo diplomático a La Paz, a recibirlo están miembros de la Cancillería pero también una ambulancia con personal médico por si acaso… En comparación, Bogotá y Quito son ciudades costeras.

Lo que se recomienda a los recién llegados es simple: comer poquito, caminar despacito y dormir solito.

Evo ha calificado la coca como una planta sagrada, pues masticando coca es que los indígenas pueden soportar los rigores de la altura. Y los visitantes no mastican coca pero toman té de coca, lo que es no solo normal, sino necesario, un té muy agradable de sabor.

Don Evo debe bajar de las alturas andinas que tiene en la cabeza y dejar de ser la piedra en el zapato de los bolivianos.

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