Ortega se lanza con ferocidad contra medios y organismos humanitarios

En El Salvador no estamos muy lejos de eso: los efemelenistas, con mucho orgullo, han pasado una ley que pretende controlar los contenidos de los órganos de difusión y pensamiento y hasta los noticieros de televisión.

Dic 16, 2018- 06:33

Ortega mandó a asaltar las sedes de las publicaciones Confidencial y Esta Semana de Nicaragua, un acto brutal que retrata la naturaleza despótica de su régimen.

La toma equivale a la pena que impuso un barón en el medioevo cuyas prédicas le irritaban, le clavó la lengua en las puertas del templo, lo que claramente era no solo un mensaje al cura sino a todos sus súbditos: no tienen derecho de hablar y voy a vigilar inclusive lo que puedan estar pensando.

Pero en El Salvador no estamos muy lejos de eso: los efemelenistas, con mucho orgullo, han pasado una ley que pretende controlar los contenidos de los órganos de difusión y pensamiento y hasta los noticieros de televisión.

De esa manera no hacen sino seguir el patrón de todas las dictaduras que hay y hubo en el mundo, desde las censuras eclesiásticas a grandes pensadores como Giordano Bruno hasta la persecución sufrida por Voltaire, Miguel Servet y tantos en la historia del pensamiento, comenzando con la pena de muerte que los atenienses impusieron a Sócrates, el padre de la filosofía.

La persecución contra las ideas y el pensamiento se marca en nuestro suelo tanto con los asesinatos de escritores, como cuatro columnistas de El Diario de Hoy, así como también las muertes a palos que el sicópata Mayo Sibrián aplicaba a campesinos y estudiantes que había reclutado la guerrilla, incluyendo a una joven recién graduada de sicología de la UCA, caso del que nadie dice nada.

Sibrián oía voces que le ordenaban “darle” hasta matar a los muchachos que colgaba de los pies que él pretendía confesaran delitos que por su condición juvenil nunca habrían podido cometer, como en la Edad Media torturaban hasta la muerte a personas falsamente acusadas de brujería hasta subversión.

Las bestias quieren
imponerse a la razón

 

El pensamiento es lo que distingue, como es obvio, al hombre de la bestia, aun cuando los animales también deciden libremente sus actos aunque le muevan instintos primarios. Por algo dijo Aristóteles que el hombre es un animal racional.

Al perseguir a los medios responsables de un país —los que respaldan con su prestigio su tradición de muchos años, con el nombre de sus informadores y reporteros— un país cae en manos de desinformadores, de los chismes, de rumor y de la maledicencia, las acusaciones falsas contra personas y grupos, e inclusive la sociedad entera.

Al mismo tiempo que el grupo en el poder acecha la difusión de información seria y respaldada por sus editores, directores y articulistas, un ilusionista difunde por los miles de troles que maneja toda suerte de chismes mentiras, acusaciones y ruindades.

En otros términos, el país sale de la Luz de la verdad y cae en el oscurantismo de la perfidia.

La defensa de nuestro derecho a expresarnos, de luchar por la verdad, es el derecho de ser libres a contar con la información veraz que oriente nuestros actos, nuestro comercio, nuestra forma de vida, la manera como debemos protegernos de peligros como cuidar nuestras familias cómo educar nuestros hijos.

La libertad de expresión es lo que libera la creatividad en el ser humano.

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