“Yo soy salvadoreño, pero no quiero más farsa ni populismo…”

Toca decir a los espíritus libres de hoy, a los salvadoreños amenazados por la barbarie, que son ellos otros berlineses y, por lo mismo, que piden a sus hermanos de buena voluntad en el mundo ser berlineses, o solidarios.

Dic 12, 2018- 21:43

“Ich bin ein Berliner (Soy un berlinés)”, dijo el presidente estadounidense John Kennedy el 23 de junio de 1963, al visitar la dividida ciudad de Berlín, un enclave de libertad y oasis de libertad en medio de la barbarie de los comunistas soviéticos.

“A los que creen que el comunismo es la ola del futuro, les digo vengan a Berlín: a los que creen que podemos trabajar al lado de los comunistas, les digo vengan a Berlín; a los que no encuentran nada anormal en dividir a un pueblo con un muro, les digo vengan a Berlín, a los que piensen que se puede ser libre mientras hay hombres que sufren despotismo, les digo vengan a Berlín; a los que creen normal separar hermanos, esposos de sus esposas, hijos de sus padres por la fuerza, les digo vengan a Berlín…”, exhortó Kennedy.

Han transcurrido casi sesenta años desde esa histórica ocasión pero los muros del odio, del fanatismo, de la barbarie siguen allí, en la grotesca dictadura de Ortega, en la mísera Venezuela de la gente que tiene que comer basura y desde donde se trafica droga, en el peor campo de concentración de nuestra América, Cuba.

Toca decir a los espíritus libres de hoy, a los salvadoreños amenazados por la barbarie, que son ellos otros berlineses y, por lo mismo, que piden a sus hermanos de buena voluntad en el mundo ser berlineses, o solidarios.

La barbarie, la gran pobreza que afligía a la Europa subyugada por el comunismo, la del Muro de la Infamia, es la pesadilla del pasado. Después de la visita de Kennedy a Berlín, los europeos lograron borrar sus divisiones históricas para siempre y han conseguido al mismo tiempo, entre la diversidad de cada país, de cada región, inclusive de cada ciudad, como en el fútbol, crear un espíritu común basado en la cultura y la visión cristiana de siempre.

Los hombres libres somos, siempre, “berlineses”, orgullosos de su tradición y cuidando sus libertades.

Kennedy le dice lo mismo a la
humanidad de nuestro tiempo

El desafío, una especie de maldición, es que la plaga que azotó a Europa durante más de cien años está infectando a América como ha hecho presa de África y del Medio Oriente. Y esa misma barbarie aprovechó el viaje del presidente Macron a la cumbre del G-20 para levantar a enloquecidos y querer dar fuego a muchas barriadas de Francia, revivir los desórdenes del 68, pretender manchar y fragmentar la democracia.

Podemos imaginar —la imaginación es siempre rica en posibilidades— a Kennedy diciendo en nuestro tiempo y en El Salvador, rodeado de personas que creen y que luchan por la libertad:

—Si creen que es posible que un pueblo pueda prosperar bajo el comunismo y el populismo, vengan a El Salvador;

—si creen que el comunismo y el populismo no son una amenaza a la libertad de pensamiento, vengan a El Salvador;

—Si creen que puede haber prosperidad y convivencia al lado del comunismo y el populismo, vengan a El Salvador:

—Si creen que es posible erradicar la violencia al lado del comunismo y el populismo, vengan a El Salvador;

—Si creen que bajo el comunismo y el populismo no habrá corrupción e impunidad para los corruptos, vengan a El Salvador;

—Si creen que bajo el comunismo y el populismo la gente quiere vivir en el suelo que lo vio nacer, vengan a El Salvador;

—Si creen que con el comunismo y el populismo los gabinetes de Estado son compuestos por funcionarios capaces, vengan a El Salvador.

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