La Muerte Roja de Poe parece volverse realidad en la región

El colapso sanitario venezolano, resultado del estrepitoso despachurramiento del chavismo, comienza a afectar a toda la región al propagar el sarampión, enfermedades pulmonares, diarreas...

Nov 27, 2018- 20:58

Uno de los cuentos de Edgar Allan Poe, La Máscara de la Muerte Roja, relata la historia de un príncipe medieval, Próspero, vanidoso e inhumano, que celebra en su palacio una gran fiesta de máscaras mientras sus súbditos agonizan afuera por la peste. Un invitado incógnito aparece y hace que Próspero caiga sin vida, por lo que los demás tratan de descubrir al extraño y con estupor ven que es la muerte misma que los hace perecer a todos en ese momento…
El colapso sanitario venezolano, resultado del estrepitoso despachurramiento del chavismo, comienza a afectar a toda la región al propagar el sarampión, enfermedades pulmonares, diarreas…

La organización Human Rights Watch (HRW) criticó la reacción del régimen de Nicolás Maduro al negar la situación y no afrontarla “urgentemente” —como Próspero en el cuento— después que investigadores de HRW y especialistas de la Universidad John Hopkins viajaron a las fronteras de Venezuela con Colombia y Brasil para evaluar el alcance de la crisis.

En el año 1346, los mongoles que sitiaban Caffa (actual Feodosia, Crimea), un enclave genovés dedicado a vender esclavos, lo que disgustó al Gran Khan, tiraron sobre la urbe con catapultas los cuerpos de sus soldados muertos de una desconocida enfermedad. Esto desató la gran peste negra que cobró la vida de la tercera parte de los europeos de entonces y dejó diezmadas o en abandono aldeas, ciudades, campos…

El virus se propagaba por las pulgas que infectaban ratas, o sea que mataba la rata y la pulga hasta encontrar otros medios para propagarse.

Un Papa de entonces , Clemente VI, esperando un milagro, santificó el Rodano, el gran río que nace en el lago Constanza y cruza Francia, para arrojar en sus aguas los cadáveres de los apestados, con las terribles consecuencias que pueden imaginarse.

Las pestes no se combaten con procesiones, sino, como descubrieron los muniqueses, tratando mejor las aguas residuales de la ciudad.

El horror de la peste negra se describe magistralmente por Giovanni Boccaccio en el prólogo de su Decameron, una narrativa que recoge las historias que un grupo de siete muchachas florentinas y tres jovencitos narran para entretenerse mientras pasan alejados de pueblos y ciudades para librarse de la peste.
El Decameron es un regalo para el espíritu, que nos sitúa en el Medioevo, con lo que compartimos alegrías, esperanzas y penalidades de la gente de aquellos tiempos.

Las pestes modernas: corrupción,
demagogos, mafias y violencia

En el mundo interconectado de hoy las pestes no pueden aislarse, lo que obliga a luchar regionalmente contra ellas vacunando a la población, sofocando brotes de enfermedades como el dengue, la chikunguña —también propagada por mosquitos— el virus sincitial, la influenza H1N1, el rotavirus, la fiebre tifoidea.

En tales condiciones, el mal manejo de los presupuestos de salud —que en El Salvador se recortan y faltan medicinas en los hospitales mientras no falta el dinero el sostenimiento de cuarenta y tantos mil activistas— es parte del desastre.

Estos huracanes son el resultado de los vendavales que se sembraron con el advenimiento al poder de grupos cobijados bajo el “socialismo del Siglo XXI”, pero que gobiernos como el de Estados Unidos han descubierto que aquéllos están conectados con el narcotráfico y otras mafias para desquiciar a las naciones institucionalmente y embolsarse lo que pueden.

Como dice Poe en La Máscara de la Muerte Roja, “y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo…”.

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