El país está expectante del trabajo de la nueva Sala Constitucional

Fue gracias a la presión ejercida por las organizaciones de la sociedad civil, por líderes de opinión, por la gente que encontraba inverosímil que el país pasara varios meses sin Sala de lo Constitucional, que se logró romper el impasse y nombrar a los magistrados.

Nov 26, 2018- 05:00

Es tan importante la letra como el espíritu de la ley…

Gracias a la presión ciudadana se logró la elección de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y queda ahora el desafío de fortalecer a un grupo de abogados constitucionalistas como un cuerpo de defensores no solo de las garantías fundamentales, sino del espíritu de las leyes.

Como se dice desde hace dos mil quinientos años, “yo amo a Sócrates, pero amo más a la verdad”. Y los magistrados, como seres humanos que son, pueden querer a sus familiares y amigos, querer a una comunidad, estimar a determinados grupos sociales… pero como los primeros jueces de una nación, deben anteponer a todo sectarismo, presión o interés, la objetiva impartición de la justicia, dar a cada quien lo suyo y tutelar las libertades y derechos de la persona, que están por encima de toda legislatura, de toda generación humana.

Fue gracias a la presión ejercida por las organizaciones de la sociedad civil, por líderes de opinión, por la gente que encontraba inverosímil que el país pasara varios meses sin Sala de lo Constitucional, que se logró romper el impasse y lograr los nombramientos.

Lo que ahora toca a cada uno de los electos es asumir con gallardía sus funciones y rechazar compromisos con grupos de interés, partidos y corruptos.

Es lamentable que el oficialismo y sus incondicionales hayan bloqueado el proceso con su intransigencia y utilizado a una funcionaria como piedra de tropiezo, dañando su nombre y trayectoria. Pero los tiempos han cambiado, aunque esta gente no lo crea, por lo cual no pueden esperar desde los otros poderes que se pueda mover hilos fácilmente en el Órgano Judicial.

Ya no es el tiempo de los “tarimazos” como el de 2012, cuando el oficialismo pretendió imponer un presidente en la Corte, con la ayuda de policías listos a desenfundar sus armas y reprimir cualquier oposición, como revelan las fotografías y videos de la época.

La maniobra se vino abajo con el imperio de la ley y la Carta Magna y la valentía de los magistrados de la Sala de lo Constitucional de entonces, “los Magníficos”.

“Al que no le guste el calor, que se salga de la cocina”

Ahora viene la elección del Fiscal General, en la cual también los salvadoreños esperan que los diputados hagan sus mejores esfuerzos y cumplan los plazos que manda la ley.

No se vale nuevamente poner una y mil trabas y encapricharse a amarrar la elección porque no gustan las críticas ni presiones. “Al que no le gusta el calor, que se salga de la cocina…”, enseña la sabiduría popular, pero que no afecten al país.

Es obvio que no se pueden construir sociedades pacíficas y progresistas sobre una montaña de cadáveres ni sobre prédicas del odio.

Y ese es el motivo por el cual ninguna nación que caiga en las garras de mafias y totalitarios es próspera, pacífica y libre, como lo atestiguan la narcodictadura venezolana y los orteguistas en Nicaragua, o en su momento el régimen de Funes, acusado de saquear 351 millones de dólares del Estado en el primer gobierno del FMLN.

Los nuevos magistrados de la Sala de lo Constitucional, como todos sus colegas, están en vitrina y sus fallos se conocerán por el gran público, sobre todo por la defensa que hagan de la legalidad. De eso dependerá que el país pueda recuperar su confianza en las instituciones y que prevalezca el Estado de Derecho.

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