En Valencia no quieren incinerar ni enterrar a los obesos muertos

Los gordos comienzan a ser perseguidos y el primer paso lo ha dado la comunidad de Valencia, aunque todavía sujeto a revisión legal. Sí, Valencia, la ciudad del gran pintor Sorolla.

Nov 20, 2018- 22:12

El sobrepeso y especialmente la obesidad se han convertido en un grave problema de salud pública, tanto en países del Primer Mundo como en naciones en desarrollo o muy pobres que no cuentan con los recursos para tratar a esas personas cuando sufren los efectos de su condición.

Diabetes, dolencias coronarias, enfermedades renales… los excesos en la comida, por lo general comidas con grasas, azúcares y frituras, se comienzan a manifestar en algunos desde muy jóvenes, inclusive niños.

En una época y más cuando parte de la población no tenía suficiente para comer —lo que fue una maldición sobre la humanidad hasta el advenimiento del capitalismo— estar con señales de más libras era celebrado: se consideraba que ellos eran además de sanos, prósperos. Y las voluminosas barrigas se veían como propias de personajes importantes.

Los gordos comienzan a ser perseguidos y el primer paso lo ha dado la Conselleria de Sanidad de Valencia, aunque todavía sujeto a revisión legal. Sí, Valencia, la ciudad del gran pintor Sorolla, al prohibir que los incineren después que su alma deje su cuerpo, pues incinerarlos —alegan— contamina el medio ambiente, aunque —pensarán algunos— también al enterrarlos ocupan importantes espacios antes de que minúsculos patógenos den cuenta de ellos.

Incinerar un cuerpo con obesidad mórbida “necesita una cantidad muy elevada de combustible”, lo que conlleva un aumento “considerable de contaminación sobrepasando el umbral de lo permitido”, dicen las autoridades locales.

¿Qué se puede hacer que no genere tanta complicación?

Los pueblos nómadas, las bandas armadas de la antigüedad como los aqueos que sitiaron Troya y cuyas hazañas narra La Ilíada, incineraban los cuerpos, como lo hacen todavía en Benares, la ciudad sagrada de la India. Pero para que se les pare el pelo a nuestros lectores, los hindúes incineran a los que mueren de cualquier dolencia menos los que sucumben a la viruela, la terrible y mortal enfermedad, los cuales echan al Ganges… pobres los que viven río abajo y no tienen otras fuentes de agua para beber, bañarse ocasionalmente o regar.

No siempre se cumple el precepto bíblico de “polvo eres y en polvo te convertirás…”.

Rechacemos el bullying, pero
concienticemos a nuestros gordos

Los “gordos gordos”, los que se balancean al caminar, sufren toda clase de limitaciones. Se quejan de que no pueden sentarse en asientos individuales de autobuses ni menos aeroplanos, no caben en los sillones de la casa, arruinan sus muebles con el peso, obstruyen aceras, pero sobre todo arruinan su salud y cuando tienen que recibir una cirugía, aplicarles anestesias y al cortar a través de capas de grasa hasta llegar al órgano enfermo es una pesadilla para cualquier cirujano.

Y hay que aclarar que muchos gordos no lo son por su destreza en hacer ejercicio… con las mandíbulas… Esa gordura puede se producto de otras enfermedades que son muy difíciles de sanar. Pero los que son adictos a mover las mandíbulas perfectamente puede hacer el esfuerzo de cambiar sus rutinas, a fin de incluir al menos una hora de ejercicio completo, correr o caminar.

No se necesita mucho para bajar de peso, sino voluntad, una alimentación balanceada y supervisada, menos azúcares y harinas, más frutas y verduras y, como dijimos, trotar, bicicletear y hasta ¡bailar! La recompensa: más salud, mejor condición física y una alta autoestima.

Hay que desterrar de todas maneras el rechazo, la burla o el bullying a nuestros semejantes con unas libras de más, pero hacer conciencia TODOS de que somos lo que comemos…

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