La diversidad lingüística es un tesoro que no debe dividirnos

Como dijo en su reciente discurso del Día de la Unidad Alemana el Embajador de ese país, Bernd Finke, la diversidad cultural y obviamente lingüística no debe verse como causa de antagonismo, sino como un enriquecimiento.

Nov 19, 2018- 05:00

Dijo Ortega y Gasset que una de la señales de la decadencia europea en la baja Edad Media es que en todas partes se hablaba un mal latín, un “latín macarrónico” que en parte perdura en el latín de la liturgia católica.

A partir del Año Mil se comienzan a formar las lenguas europeas, las que a partir de entonces están en constante evolución. No es lo mismo el inglés de la época de Shakespeare, vale decir del autor de esa extraordinaria cantidad de dramas y comedias, Eduardo de Verre, del inglés que se habla hoy en día, como ha evolucionado nuestro español desde “El Cantar de Mío Cid”.

Como dijo en su discurso del Día de la Unidad Alemana el Embajador de ese país, Bernd Finke, la diversidad cultural y obviamente lingüística no debe verse como causa de antagonismo, sino como un enriquecimiento; muchas familias procuran que sus hijos hablen inglés además de español, y entre ellas numerosas que quieren que hablen un tercer idioma: de allí se dice que quien habla dos idiomas “vale por dos”; quien hable tres, por tres personas, y los que hablan cinco como una persona muy, muy vinculada a este Diario, cinco.

Se hablan idiomas para comerciar, viajar, relacionarse… pero también, y lo que es muy importante, para leer a los grandes clásicos de esos idiomas, leer a Cervantes, a Shakespeare, a Dante, a Goethe, a Voltaire y Stendhal, a los grandes poetas franceses del siglo XIX, a San Francisco de Asís, que comenzó a hacer la transición del latín al italiano en su cántico de la criaturas.

Goethe es casi intraducible, como Rilke, lo que puede ser el caso de poetas chinos y japoneses…

En la literatura europea, desde Homero hasta el siglo XIX, es casi un desafío para los bardos desde Homero hasta Byron, describir el amanecer; desde “apenas la aurora de sonrosados dedos…” a “Eco la aurora…” de Torcuato Tasso en La Jerusalen Liberada, hasta “apenas el rubicundo apolo asomaba por Oriente cuando ya Don Quijote…”.

La magia de los poetas al evocar las cosas

Cada gran poeta tiene su propia magia al describir un bosque, un río cubierto de su propia y suave niebla, un heraldo que avanza anunciando un cortejo, un niño arrullado por su madre, la soledad de un despechado amante… y la musicalidad es distinta en cada lengua refinada, pues hay que diferenciar entre los lenguajes de aborígenes de todas partes, los hombres de la Edad de Piedra del norte de Australia y los hotentotes del África, de lo que el polaco, el ruso, el japonés son capaces de expresar, como es distinto oír hablar a un inculto a la forma como se expresa alguien que ha cultivado sus conocimientos y su expresión.

En su obra Pigmalion, My Fair Lady en el cine, George Bernard Shaw revive lingüísticamente la fábula mitológica de un escultor que se enamora de la mujer que ha creado en piedra; los dos amigos de la comedia de Shaw se preguntan si es posible enseñar a hablar con propiedad a una verdulera; al final lo consiguen, primero a que hable bien, luego a que diga cosas coherentes y propias. Al final, ninguno de los dos se queda con su creación….

Cada padre debe hacer igual con sus hijos: enseñarles a expresarse bien, a hablar como personas civilizadas…

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