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Trump se indigna por las pandillas,como también los salvadoreños

Las maras son una consecuencia de la guerra, el éxodo resultante y posterior vacío de autoridad; sus miembros siguen los mismos patrones de los grupos armados de extrema izquierda y las atrocidades que cometían, desde secuestros y extorsiones hasta espantosos atentados.

Feb 26, 2018- 21:53

Tan indignado está el presidente Trump con los crímenes y las tropelías de los mareros como la mayoría de salvadoreños, que semana a semana sufren más homicidios que los perpetrados en una escuela de secundaria de Florida hace unos días.

Pero una cosa somos los salvadoreños en general y otra el partido en el gobierno, que ha sido incapaz de formular estrategias efectivas contra las depredaciones criminales y ha rechazado planes y asesorías externas por tener sus ojos puestos en la instauración del socialismo del Siglo XXI en este país.

Estados Unidos puede enviar dinero para el combate a la criminalidad, pero casi seguramente esos fondos se usan para pagar más burocracia, para mantener más activistas ligados al oficialismo, para despilfarrarlos en viajes y propaganda propia.

La lucha contra la criminalidad no ha avanzado también porque, con tal de bajar artificialmente la cifra de homicidios y ganar simpatías y votos a futuro, el gobierno Funes se puso a facilitar una “tregua” entre pandillas y prebendas para sus cabecillas, quienes siguieron dirigiendo extorsiones y masacres, solo que enterraban clandestinamente a las víctimas. Ha sido una especie de “te rasco la espalda pero tú me rascas la mía”, pero quienes pagaban las consecuencias son los salvadoreños, con miles del homicidios al año.

Cada día salen a la luz en los tribunales todos los arreglos de entonces con la criminalidad.

Pero hay otro factor que impide que el horror que se vive en la región vaya poniéndose bajo control: el narcotráfico, que nutre a las pandillas, es sostén de regímenes dictatoriales, está desquiciando países como Honduras y es una creciente plaga en México.

No cuesta señalar dónde esta el centro del horror, aun quitando los cárteles que operan desde Bolivia: la narcoguerrilla colombiana que opera en territorio venezolano y que se ha denunciado que está siendo fortalecida con los “acuerdos de paz” con el gobierno de Santos, muy a pesar del rechazo de la población.

Mover la droga y recaudar enormes cantidades de dinero tanto para el sostén de los cárteles como para apuntalar el castrismo y la narcodictadura venezolana, es el origen de las tragedias regionales y lo que vuelve sumamente difícil acabar con la delincuencia en este suelo.

No cesan los meneos para tomarse la Sala

Las pandillas son una consecuencia de la guerra, el éxodo resultante y posterior vacío de autoridad; sus miembros siguen los mismos patrones de los grupos armados de extrema izquierda y las atrocidades que cometían, desde secuestros y extorsiones hasta espantosos atentados.

Estas tormentas del crimen son resultado de los vientos que se sembraron en aquellos años, sobre todo con el vacío de seguridad que se generó con la disolución de la Guardia Nacional y otros cuerpos de la fuerza pública que mantenían a buen resguardo el interior del territorio.

No se trata de enviar dinero y dejar en manos de los que han demostrado no tener la capacidad ni muchísimo menos las ganas de administrarlo en la lucha contra la delincuencia, sino de iniciar y dar seguimiento a programas que lleven a ese fin, erradicar la delincuencia y devolver la seguridad a la población, lo que a su vez pasa por fortalecer el Orden de Derecho.

Más que frenar la criminalidad, a los efemelenistas les interesa apoderarse de la Sala de lo Constitucional y nombrar magistrados sometidos a ellos, así como al nuevo Fiscal General. Eso es lo que se ve.