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Hay que celebrar el amor y la amistad

Al hablar de amigos, a cualquiera de nosotros que lo haya sido con sinceridad se le vienen al recuerdo, como un filme a alta velocidad, los muchos que conocimos, sea por comunidad de objetivos, por alegres circunstancias, por luchas comunes.

Feb 13, 2018- 20:56

Hoy, 14 de febrero, se celebra el Día del Amor y la Amistad, sentimientos que se entrelazan y que son capaces de derribar las barreras de tiempo y espacio.

En esta ocasión vamos a hablar de la amistad como un motivo de alegría, de comunes intereses, de profundos afectos que ni la muerte logra borrar, pues se recuerda a amigos desaparecidos con igual intensidad como cuando se tenían cerca.

Se dice en ocasiones que amigos verdaderos solo son los de la infancia, pero grandes afectos también se forjan a lo largo del camino, como se puede querer mucho a un maestro, a un socio, a un jugador del mismo equipo.

Es muy triste tener amigos que de pronto se desaparecen sin poderlos localizar más, como los de una universidad en el extranjero, grupos a los que nos incorporamos por años pero que luego también se desvanecen, los que no podemos encontrar más.

Hay amistades entre personas jóvenes y gente mayor, como hay sinceras amistades entre un hombre y una mujer sin que eso lleve a otra clase de relación.
Los amigos no necesariamente son “hasta el tuétano” pero no por ello menos amigos.

Una historia que viene desde la antigüedad y que fue retomada por muchos escritores, entre ellos Schiller, cuenta de un hombre condenado a muerte que necesita tiempo para ordenar sus cosas, proveer para su familia.

El condenado pide ese tiempo pero se lo niegan, a menos que encuentre a otro que quede en su lugar y que será ejecutado si no regresa.

El pacto se acepta, queda uno de prenda humana mientras el otro sale a lo suyo.

Pasados los días y faltando muy poco tiempo, el verdugo alista el cadalso y está a punto de ejecutar a la prenda humana, cuando se ve a distancia que el amigo corre a tomar el puesto en el cadalso, lo que conmueve tanto al tirano de Siracusa (en Sicilia) que perdona a los dos y les dice que él quiere ser el tercero en esa hermandad.

Esta historia se asemeja al drama de Dickens en “Historia de dos ciudades”.

Echar una ancla en el tiempo para no perder viejas amistades

Hay incontables relatos de amigos que se sacrifican para salvar a otros, los que arriesgan su vida en una batalla para rescatar a un compañero de armas, los que juntos emprenden una lucha por un propósito común, como la historia de Harmodio y Aristogitón, que se confabularon para liberar a Atenas de uno de los Pisistrátidas, lo que es el tema de “Un baile de máscaras”, la ópera de Verdi en la que un noble se deja asesinar para salvar el honor de su amada.

Al hablar de amigos, a cualquiera de nosotros que lo haya sido con sinceridad se le vienen al recuerdo, como un filme a alta velocidad, los muchos que conocimos, sea por comunidad de objetivos, por alegres circunstancias, por luchas comunes.

Todos quisiéramos volver a cada una de las etapas recorridas en la vida y, como dice Lamartine en uno de sus poemas, echar anclas, no dejar pasar esos momentos, eternizarlos.

Amigos deben ser nuestros padres, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros maestros, nuestros compañeros de trabajo y quisiéramos haberlo sido de tanta buena gente que nos rodea en la vida.