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¿No hay risas en el arte? Hay tantas como en la vida

La risa es una manifestación de la alegría, de ese soplo divino de los dioses al que Schiller cantó en su Oda a la Alegría y que es el gran tema del coro final de la Novena Sinfonía de Beethoven, el himno oficial de la Unión Europea.

Dic 27, 2017- 20:23

Es que únicamente hay un rostro riéndose en todo el arte universal? Un amigo pintor sostenía que fuera de “el caballero que ríe”, de Frans Hals, no hay otros casos de figuras que rían—- lo que es un enorme error.

La risa y su hermana la sonrisa es uno de los grandes temas del arte, desde los griegos que hacían reír o sonreír a sus silenos, los sátiros, cuando estaban para poseer ninfas o incautos pastores, hasta la bella modelo de Madrazo que cuelga en el museo del Prado en Madrid.

Esta bella joven, que nos sonríe con picaresca desde hace más de un siglo (y debe seguir sonriendo en el paraíso ) era la hija del cochero de Raymundo de Madrazo en París. Y pese a no usar “eye-liner” ni sombras alrededor de sus ojos, esa embrujadora y alegre mirada nos es inolvidable (Ver foto a la par).

Hay, en el pórtico de la catedral de Reims, donde eran coronados los reyes de Francia, un delgado ángel francés que también nos sonríe desde su pétrea prisión …El Ángel sonriente — que tiene los rasgos de un francesito de hoy, sus rasgos, su inocencia pues es un ángel, su contagiosa y suave alegría.

Frans Hals retrató a su caballero que ríe en la misma vena con que muchos pintores flamencos, de los países bajos, retrataban las bebetorias, comilonas y jugaderas de los campesinos holandeses de su época y que pueden verse en muchos museos, una época fecunda de arte realista que influyó en Hogarth y en los caricaturistas franceses del siglo XIX que les encantaba burlarse de todo.

Y muchas de esas sonrisas las captó Toulousse Lautrec en sus pósteres del Moulin Rouge.

La risa y la alegría compensan
tristezas y tragedias

Lo esencial de la risa y la sonrisa en el arte es que son el natural contrapeso a lo triste, lo cruel y lo endemoniado.

Y es sin duda lo que está haciendo mucha falta en este El Salvador, donde la gente pasa abrumada por lo que se vive y por otro hecho: que la burla no reemplaza la risa, sino que es su némesis.

La risa es una manifestación de la alegría, de ese soplo divino de los dioses al que Schiller cantó en su Oda a la Alegría y que es el gran tema del coro final de la Novena Sinfonía de Beethoven, el himno oficial de la Unión Europea.

En la música los momentos en que un coro de alegres parroquianos cantan y ríen, o cuando brinda por el amor la embrujadora heroína de La Traviata, la risa y la alegría reinan supremas.

¿Y qué diremos de los personajes de Shakespeare en sus comedias, comenzando por Falstaff? La risa es parte esencial de las tavernas, las que elevan lo que sería hartazgo y bebetoria a su especial dimensión de hermandad.

Muchos de nosotros no queremos ver programas lúgubres, tragedias ni menos culebrones macabros, pues de por sí la vida está llena de eso y más en una tierra que sufre desde hace décadas del odio y la violencia.

Mejor ver comedias, desde el teatro del absurdo hasta esos tremendos enredos donde el espectador, que sabe la trama, se ríe a carcajadas del personaje que se enreda en sus esfuerzos por salir de un problema. Y así, a la hora de ir a la cama, vamos contentos…