El tiempo de los jueces

En Nicaragua, Venezuela y Honduras, regímenes con vocación autoritaria, tuvieron la visión de posicionar en los primeros lugares de su agenda el control del Órgano Judicial. A esas naciones hoy les resultará más difícil retomar la senda del constitucionalismo liberal.

Ago 07, 2019- 18:22

La Revista de Derecho de la Universidad de Chicago, en el número de marzo de 2018, publicó un artículo de los profesores Ginsburg, Huq y Versteeg. Lo titularon: ¿La próxima desaparición del constitucionalismo liberal?

Esbozan el contenido del constitucionalismo liberal así: “Este estilo de constitucionalismo típicamente descansa en una constitución escrita que incluye una enumeración de derechos individuales, la existencia de una revisión judicial basada en derechos, un umbral alto para realizar enmiendas constitucionales, un compromiso para elecciones periódicas y un compromiso por el Estado de Derecho”.

El paradigma del constitucionalismo liberal se habría consolidado a partir de la Segunda Guerra Mundial, pero se está agrietando en estos tiempos. Destacan como puntos de inflexión en este retroceso dos eventos: el referéndum en favor del Brexit en junio de 2016 y las elecciones presidenciales que llevaron a Trump a la Casa Blanca en noviembre de ese mismo año. Relacionan que los valores del constitucionalismo liberal han ido perdiendo atractivo en el público. El modelo está perdiendo la batalla.

Señalan que la German Bertelsmann Foundation ha creado el índice de transformación que mide el Estado y calidad de las democracias en los países en desarrollo. Dicen que éste revela que “el número de democracias altamente defectuosas se duplicó entre 2006 y 2010, y para el 2010 encontraron que 53 de los 128 países analizados eran democracias defectuosas”.

Destacan además que las potencias crecientes, China y Rusia, en lugar de abrazar el liberalismo y la democracia, se dirigieron a desarrollar modelos autoritarios que ofrecen orden, autoridad y una promesa de prosperidad acelerada. Y agregan: “Los nuevos autócratas son maestros en preservar las formas democráticas sin contenido liberal”.

Los autores plantean varias hipótesis que pueden explicar el declive del constitucionalismo liberal. Relacionan la crisis financiera del 2008, el auge del terrorismo trasnacional y la desigualdad. Pero más allá de encontrar la explicación sobre cómo hemos llegado a este punto, el ensayo intenta encontrar la salida que reposicione el modelo.
En esa búsqueda plantean como solución un sistema de representación proporcional. Pero luego expresan que precisamente sistemas como estos son los que, en algunos casos, han dado espacio a posiciones minoritarias populistas y adversas al sistema de partidos que, al crecer, minan el constitucionalismo liberal.

Finalmente dicen: “Tal vez la institución más confiable para proteger a la democracia liberal es el Órgano Judicial. En la teoría constitucional la revisión judicial es vista como la soga que en la parábola de Homero ata a Ulises al mástil de su barco para resistir el canto de las sirenas. Las cortes constitucionales lo hacen invalidando leyes y regulaciones que violan las protecciones constitucionales, y así, simultáneamente, resguardan la democracia contra el avance autoritario y la tiranía de la mayoría”.

Los autores nos plantean la importancia del papel de los jueces en este momento histórico. El orden mundial cambia rápidamente y probablemente no en la mejor dirección para quienes le apuestan a la democracia, el respeto al Estado de Derecho, la separación de poderes y los derechos humanos. Tal vez, como plantean los autores, sean los jueces a quienes les corresponde hoy defender los valores del constitucionalismo liberal.

En Nicaragua, Venezuela y Honduras, regímenes con vocación autoritaria, tuvieron la visión de posicionar en los primeros lugares de su agenda el control del Órgano Judicial. A esas naciones hoy les resultará más difícil retomar la senda del constitucionalismo liberal. Pero en aquellos lugares en que el Órgano Judicial, a pesar de sus tropiezos, aún preserva visos de independencia e imparcialidad es necesario que la ciudadanía custodie activamente la dignidad de las togas. Puede que en ellas se encuentre la última esperanza.

Abogado @dolmedosanchez

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