Viviendo en democracia

Ante tanta violencia verbal, encendidas emociones y desafortunadas opiniones, como hemos visto esta semana, parece que, efectivamente, vivimos una democracia que todos estamos llamados a perfeccionar y cuidar.

Por Jorge Alejandro Castrillo
Psicólogo

Nov 08, 2019- 19:02

La semana ha sido intensa y los cuatro poderes en el país han manifestado las luces y sombras de cada uno, demostrando la importancia de su separación. Nos hace recordar lo grande del aporte de Montesquieu al mundo (“El espíritu de las leyes”, 1748). Sin duda, un genio que se adelantó siglos a su tiempo.
En el Órgano Ejecutivo, la noticia bomba fue el desconocimiento del gobierno actuante de Venezuela y la consecuente expulsión de los funcionarios de esa embajada en nuestro país. Maduro reaccionó inmediatamente declarando non gratos a los de nuestra embajada en Venezuela, obligándolos a salir en 48 horas. Algunos ciudadanos alzaron sus voces en contra de la medida, pero la política exterior es una competencia entera del Presidente de la República. Punto.
En el Órgano Legislativo, se vivió el relevo de su presidente. La medida no estuvo exenta de polémica, sobre todo, porque se había conocido de movimientos para intentar desviar el cumplimiento del “Protocolo de Entendimiento” suscrito por algunos partidos. Algunos ciudadanos opinaron, otros patalearon e hicieron bulla. El flamante Presidente de la Asamblea ha dado ya sus declaraciones a varios medios de prensa. Sus declaraciones no se distancian de lo que siempre hemos escuchado: será conciliador, será honesto, será trabajador, velará por esto y por aquello. Veremos. Competencia entera del Legislativo. Punto.
El Órgano Judicial concitó la mayor atención. Con el veredicto, que fue lo único que se publicó, una Cámara de lo Penal concluyó el juicio contra un magistrado a quien la Asamblea Legislativa había tenido que desaforar previamente, justamente para permitir que lo enjuiciaran. La sentencia no resultó del agrado de las mayorías ciudadanas que, sutilmente azuzadas y con más gritos que conocimiento, se dejaron ir contra la sentencia, pero mayormente contra los funcionarios (¡y familiares!) que la emitieron. La Cámara se sintió invadida en su área de competencia y reaccionó. El propio sistema judicial contempla los pasos que deben darse dentro de la legalidad y el Estado de Derecho para recurrir de las resoluciones. Esa me parece la importancia del asunto: las masas ciudadanas no están pidiendo que se cumpla la ley (que seguramente no conocen), sino que se haga lo que ellas desearían. Como en Chile, si no se logra lo que queremos incendiamos las instalaciones y las maquinarias del mejor metro de Sudamérica, en una medida que atenta contra el futuro de los mismos que la realizan, pero en eso no repararon. ¿Semejante al caso que vivimos?
El cuarto poder, los medios de comunicación social que ahora incluyen las hiperdemocráticas redes sociales, también juega su papel. El miércoles, mientras esperaba la noche y me conducía en medio del tráfico de las cinco y media de la tarde, tuve oportunidad de escuchar a una abogada, invitada a un programa de opinión radial que se difunde diariamente. Con paciencia y delicadeza extremas, pero con la autoridad que brindan años de estudio y práctica de las leyes nacionales, la abogada trató de explicar a la apasionada conductora que, con independencia de lo que ellas pensaran acerca de la inocencia o culpabilidad del magistrado sometido a juicio, la postura sensata hasta conocer la resolución era la prudencia. Recordó que los jueces no crean las leyes, solo las aplican en función de los argumentos presentados por la defensa y Fiscalía. En lo penal, instruyó la abogada, los jueces están más limitados en su función: no pueden inventar delitos o penas sino solo interpretar y juzgar en función de los elementos que aportan la acusación y defensa del caso, insistió. Abundó en su explicación agregando que el sistema ya sabe que la parte que pierde no estará contenta y que, por ello, hay procedimientos establecidos para recurrir. En ningún momento entró a absolver o condenar a nadie, sino que hizo ver lo complejo y limitado de la labor de los magistrados.
Vivimos la era de la opinionitis: digo lo que siento, aunque sepa poco o nada de lo que se discute. Las redes sociales hacen fuerte eco de cualquier cólera y la pueden convertir en peligrosa histeria colectiva. Ante tanta violencia verbal, encendidas emociones y desafortunadas opiniones, como hemos visto esta semana, parece que, efectivamente, vivimos una democracia que todos estamos llamados a perfeccionar y cuidar. Una democracia que permite legislar al Órgano Legislativo, administrar al Órgano Ejecutivo, juzgar al Órgano Judicial y expresar sus opiniones a los ciudadanos. Cada uno haciendo el contrapeso justo al poder del otro. El Cuarto Poder no es despreciable, puede constituirse en la voz de los sin voz, quienes conceptualmente detentamos verdaderamente el poder. Pero exige responsabilidad, preparación, competencia y probidad, lo mismo que se exige a los funcionarios de los otros poderes. De lo contrario, mejor entregar los micrófonos y limitarse a tuits, stories y mensajitos.

Psicólogo.

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