Dios o el “Big Bang”, ¿quién creó el Universo?

La Biblia no es un libro científico. Sin embargo, no riñe con la teoría del “Big Bang”. El astrofísico Robert Jastrow, en su libro “God and the Astronomers”, ya lo decía: “Ahora vemos cómo la evidencia astronómica conduce a un punto de vista bíblico acerca del origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales del relato astronómico y el relato bíblico del Génesis son iguales

Por Rolando Simán
Empresario

Ene 31, 2020- 19:17

Somos un pequeño punto en el Universo. Nuestra casa, el planeta Tierra, gira alrededor del Sol, una pequeña estrella entre las 100 billones que tiene la Vía Láctea, y tan solo una de las 2,000 millones de galaxias observables. El astrónomo Carl Sagan no equivocó cuando dijo que “el número total de estrellas en el Universo es mayor que todos los granos de arena en todas las playas del planeta Tierra”. Pero, ¿cómo se originó el Universo? ¿Fue creado por un ser superior? ¿Qué nos explica la Biblia? ¿Qué nos explica la ciencia?
En el primer libro de la Biblia está su explicación a la creación del Universo: “Al principio Dios creó el cielo y la Tierra. La Tierra no tenía forma; las tinieblas cubrían el abismo. Y el soplo de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”, describe Génesis 1:1-2.
En los siguientes versículos, la creación siguió tomando forma: separó las aguas del firmamento y con esto el día y la noche, hasta la creación del hombre: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles”.
Sin embargo, en la historia no hay registro de un cuadro donde situar los relatos del Génesis. La arqueología ha podido reunir unos cuantos datos, documentos, monumentos, pinturas, en cuyo cuadro genérico encajan bien los patriarcas bíblicos; ese cuadro se extiende del 1,800 al 1,500 antes de Cristo.
¿Qué nos explica la ciencia? A principios del siglo XX, muchos científicos asumían que el Universo no había tenido principio ni tendría final. Pero otros formularon la teoría que el Universo sí había tenido principio. En 1929, Edwin Hubble en sus experimentos observó que las galaxias se alejaban de nosotros y, por lo tanto, el Universo se estaba expandiendo. Los experimentos continuaron por los últimos 70 años y la mayoría de físicos y cosmólogos coinciden en que el Universo se inició en un momento determinado bautizado como “Big Bang” o la “Gran Explosión”, que se calcula sucedió hace 14,000 millones de años.
Con base en muchas observaciones y experimentos, los físicos coinciden en que, en el inicio de los tiempos, toda la materia y energía de nuestro Universo empezó en un punto infinitesimal de energía pura, en una diez millonésima de millonésima, de millonésima, de millonésima, de millonésima… de millonésima de segundo —y no, no se me trabó la tecla ¡son millonésimas! — a una temperatura de cuatro billones de grados centígrados. En el primer millón de años, después del “Big Bang”, la temperatura descendió y se empezaron a formar núcleos y átomos y por la fuerza de la gravedad empezaron a formarse las galaxias. Los científicos creen que nuestro Sol se formó no en los inicios, sino hasta hace 5,000 millones de años y posteriormente se formaron los planetas. La Tierra se fue enfriando, se produjo la atmósfera y se volvió potencialmente habitable para seres vivientes, hace aproximadamente cuatro billones de años.
Imposible tratar de explicar en detalle —ni tengo la capacidad para ello— todo este proceso. En realidad, la existencia del Universo es más bien el resultado de una posibilidad en un millón de improbabilidades.
Los avances de la ciencia nos confirman lo que la Biblia explica respecto al principio del Universo en el tiempo. Pero, ¿qué pasó antes del “Big Bang” y qué o quién fue el responsable? Algunos ateos se quedan en el plano temporal, evitan cuestionarse qué pasó antes. Aunque su postura no es razonable, es comprensible de alguna manera. Esto trae a mí memoria lo que nos decía un sacerdote en el Liceo Salvadoreño: “Veo un reloj y pienso en el relojero, veo este mundo y pienso en su Creador”. Sin embargo, mi mente finita no puede concebir un ser sin principio ni fin, un ser eterno. Si lo comprendiéramos, ese Creador fuera un ser finito como nosotros. Pero sí podemos concluir que la naturaleza no se pudo crear a sí misma, solo una fuerza sobrenatural externa y superior al tiempo y al espacio pudo haberla creado.
Con todo lo anterior, es válido concluir que el “Big Bang” no contradice a la Biblia. El mismo Stephen Hawking, en su libro “A Brief History of Time” expone: “Sería muy difícil explicar por qué el Universo debió haber empezado de esta forma, excepto como un acto de un Dios que quiso crear seres como nosotros”.
Tampoco olvidemos que la Biblia no es un libro científico. Sin embargo, no riñe con la teoría del “Big Bang”. El astrofísico Robert Jastrow, en su libro “God and the Astronomers”, ya lo decía: “Ahora vemos cómo la evidencia astronómica conduce a un punto de vista bíblico acerca del origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales del relato astronómico y el relato bíblico del Génesis son iguales: la cadena de sucesos que culminaron en el hombre comenzó súbita y abruptamente en cierto momento definido en el tiempo, con un estallido de luz y energía”. Por eso no puedo más que concluir con lo que escribió David, en el Salmo 19: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos…”.

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