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Haití: la fatalidad de un país

¿Será Haití tierra de maldición y fatalidad? Esta situación es sobre todo un efecto humano

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Terremotos, inestabilidad y violencia política, crisis económica tanto como sanitaria, acumulación de problemas ligados al subdesarrollo… ¿Está Haití condenado a la fatalidad?
El terremoto que golpeó el 14 de agosto pasado el sur de Haití, en la región de las ciudades de Jérémie o de Cayes, provocó la muerte de más de 2,200 personas y heridas en otras 13,000.
Esta desgracia puso la mirada internacional sobre un país que acumula los dramas. La noche del 7 de julio pasado, el presidente Jovenel Moise fue asesinado en su residencia por un comando extranjero aparentemente compuesto de colombianos. El acto ocurrió mientras el país está empantanado en un crisis política profunda desde hace más de un año, que ha llevaado a una parálisis institucional.
El 14 de agosto, el terremoto de magnitud de 7.2 arrasó el sur del país, debilitado en 2016 con el paso del huracán Matthew. Tampoco podemos olvidar el sismo del 12 de enero de 2010: provocó, principalmente en la capital Puerto príncipe y su región, la muerte de 200,000 personas y dejó 300,000 heridos. La movilización de la comunidad internacional, empezando por los Estados Unidos, fue grande e inmediata tanto con el socorro como para el apoyo a la reconstrucción.
Pero en 2012, apenas dos años después, el huracán Sandy volvió a dejar imágenes terribles.
A lo anterior se agregan epidemias como la del cólera, que afectó desde octubre de 2010 a 800,000 personas y causó la muerte de 10,000.
¿Será Haití tierra de maldición y fatalidad? Esta situación es sobre todo un efecto humano: Haití fue el segundo país de las Américas en ser independiente en 1804, después de los Estados unidos, venciendo las tropas franceses del general De Rochambeau. Derogó la esclavitud y se perfilaba como un modelo de esperanza.
Pero, durante los decenios siguientes sufrió una administración desatinada, una sobreexplotación de los recursos naturales que aceleró una deforestación completa a 98%, un control de los ejes del poder, alternancias de autoritarismo ilustrado en el siglo XX por las presidencias “de por vida” entre 1950 hasta los 1980 de François Duvalier y de su hijo Jean-Claude, conocidos como “Papa y Baby Doc”…
Estos hechos desafortunados llevaron a un subdesarrollo cristalizado en un país que comparte la isla La Española con la República Dominicana.
Pero, a diferencia de su vecino inmediato, Haití es el único país de las Américas que está en la lista de los países menos avanzados, en términos de condiciones de desarrollo económico.
Ese contexto permite entender la inmensidad de la tarea que exige un mínimo de estabilidad política e institucional para actuar a mediano y largo plazo.
El sismo del 14 de agosto es un trágico marcador: reveló la dificultad de las operaciones de socorro limitadas por la inseguridad y la violencia de pandillas que controlan unos sectores y distritos urbanos.
El terrible sismo de 2010 había favorecido la idea de “reconstruir mejor” (“build back better ) promovido por el ex-presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, entonces designado como Enviado especial de la ONU para Haití. La intención era la correcta pero los resultados no se concretaron en hechos: la reconstrucción no ha estado a la altura del desafío .
Las catástrofes naturales revelaron problemas estructurales: el urbanismo sigue siendo caótico: los edificios están construidos con materiales inadecuados. Solo fueron, desde 2010, los edificios públicos los que beneficiaron de las normas anti-sísmicas. La desorganización es una de las consecuencias de las debilidades en la gobernabilidad. Fukushima vivió una catástrofe similar el 13 de febrero pasado, pero sólo hubo un muerto y 185 heridos. Es decir que la organización y la movilización nacional y territorial pueden llevar las buenas respuestas. La inestabilidad política trae su lote de desconfianza hacia el Estado.
La corrupción aumenta la desorganización: 10 mil millones de dólares que fueron inyectados por la comunidad internacional para ayudar Haití en 2010. Se ha establecido que la mitad de la ayuda ha sido desviada de sus destinos operacionales.
El país está en el cruce de varias fallas sísmicas y sobre la ruta anual de los huracanes. La tormenta Grace acaba de pasar por encima del país y ya el Caribe entra en el periodo de las lluvias. Pero, las respuestas, la anticipación exigen, antes de todo, un plan estratégico nacional bajo un solo objetivo: luchar contra las raíces del sub-desarrollo.
Hoy mas que nunca se necesita la definición de un plan estratégico no tanto para la reconstrucción sino para la salvación de un país que se hunde: establecer instituciones sólidas que duren a largo plazo, promover infraestructuras adaptadas tanto a las catástrofes anunciadas cada año como para una nueva ambición económica tanto en los servicios con para la agricultura, tantas urgencias en las cuales los haitianos dejaron de creer pero que la comunidad internacional debe salvar.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr

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Haití Opinión Terremotos

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