Tara tara la guitarra…

La CICIES es una oportunidad de oro para mantener la esperanza viva. Sin embargo, la forma en la que se está abordando su implementación ha decepcionado a muchos. Da la impresión de que el Gobierno no la creará para que controle a sus funcionarios, sino que para buscar corruptos en otro lado menos en casa. Esto difícilmente servirá de disuasivo para los funcionarios actuales.

Por Carlos Ponce
Criminólogo

Sep 10, 2019- 17:44

Son pocas las personas que no vivieron su niñez entre la realidad y la fantasía. La mayoría nos perdimos horas jugando con muñecos o muñecas, creando mundos y personajes ficticios. También pasamos horas hipnotizados por canciones infantiles, haciendo incluso que nuestros padres escaparan un rato de sus preocupaciones cotidianas tarareándolas entre labios “tara, tara la guitarra, bum, bum el acordeón”, aunque después regresaran a enfrentar con valentía y decisión sus problemas. Indudablemente un tiempo mágico que dura muy poco. En la adolescencia, aborrecemos todo eso que nos ayudaba a soñar porque realizamos que simplemente no es real. Los primeros cien días de este gobierno se asemejan a esa primera etapa de la vida. Vivimos en un mundo de ensueño, lleno de posibilidades. Dependerá mucho del desempeño del Ejecutivo si nos mantenemos con esa esperanza o realizamos que todo era una ilusión.

Los resultados de las encuestas de opinión indican que el nuevo Gobierno logró despertar la esperanza en la mayoría de los salvadoreños. El desastroso papel del FMLN en el Ejecutivo, sin duda, le facilitó las cosas a la nueva administración. Cualquier mejora, pequeña o grande, real o percibida, después de tan deplorable y penoso desempeño, resulta esperanzadora y llena de optimismo. El vergonzoso rol de ARENA como oposición también preparó la cancha. Entre las voces de viejos políticos desgastados y nuevas caras de figuras oportunistas y poco creíbles, no logra conectar con la ciudadanía. Cualquier alternativa parece positiva ante estas dos opciones.
Sin embargo, es importante no quitarle mérito al Gobierno actual, especialmente a su estrategia comunicacional, ya que ha sido vital para crear una percepción de eficacia y eficiencia. Se debe reconocer que el Gobierno tiene un aparato de comunicación envidiable, sumamente organizado y perspicaz. Con mucho éxito, ha desviado la atención de las circunstancias que ponen en duda el trabajo del Gobierno o sus funcionarios y la ha atraído hacia lo que produce una imagen positiva.

Esto, no obstante, tiene que ir acompañado de estrategias reales que provoquen impactos sustanciales, ya que, a medida pasa el tiempo, las estrategias comunicacionales, por sí solas, resultan insuficientes. Cuando la realidad se impone sobre la percepción, es muy difícil que los malabares comunicacionales tengan el mismo impacto.

En el campo de la seguridad pública es fácil utilizar el significativo descenso en la cantidad de homicidios para asegurar que ya existen impactos reales. Sin embargo, los incrementos registrados en coyunturas particulares sugieren que las pandillas aún manejan las estadísticas criminales a su antojo, decidiendo cuándo y por qué hacer que sus delitos sean más visibles. Esto erosiona el optimismo.

La CICIES es una oportunidad de oro para mantener la esperanza viva. Sin embargo, la forma en la que se está abordando su implementación ha decepcionado a muchos. Da la impresión de que el Gobierno no la creará para que controle a sus funcionarios, sino que para buscar corruptos en otro lado menos en casa. Esto difícilmente servirá de disuasivo para los funcionarios actuales. A muchos le ha llamado la atención, por ejemplo, que no se haya consultado a la Fiscalía, que tiene el monopolio de la investigación y persecución penal. Hay muchas cosas como esta que deben cambiarse en este proyecto para poder mantener la esperanza. Especialmente considerando hechos como la reciente detención del asesor del presidente, Alejandro Muyshondt, que no han generado reacción de parte del presidente (hasta el momento) y, por tanto, da la impresión de que se protege a los malos funcionarios si son propios.

La esperanza y optimismo pueden mantenerse vivos. Es una singular oportunidad que no debe desperdiciarse, pero implica trabajar de verdad, dar resultados sostenibles y reales, y mantenerse fieles al discurso que se pregona.

Criminólogo

@_carlos_ponce

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