El tren 2020 de la sostenibilidad

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Por Pedro Roque
Ingeniero

Feb 22, 2020- 22:31

Explicaba recientemente los nuevos planteamientos para concientizarnos sobre los cambios conductuales en la visión de la ecología emocional, con los que cada uno en su desempeño profesional y personal puede aportar en reducir los efectos del cambio climático y asegurar la sostenibilidad, que en su aplicación se va ampliando y ya está siendo tratado y aplicado también en el campo de la moda.

Esta semana recibí de una nueva amiga, la escritora española Dra. María Lourdes Delgado su libro “Manual de la moda sostenible” en el que explica con detalle toda la cadena de valor de la moda, desde su diseño, fabricación, distribución y venta en las tiendas de moda.

Y lo mismo sucede en la alimentación con las guías de alimentos ecológicos vegetales y la carne ecológica. En el Oceanográfico de Valencia, uno de los acuarios más modernos y completos de Europa, se presentó recientemente la “Guía Sustentable de la Restauración”, donde se describen en su localización los restaurantes y los chefs que apuestan por la sustentabilidad ambiental y sus menús ofrecen alimentos con menor huella de carbono e hídrica en el marco del nuevo movimiento de la “Gastronomía Sostenible”…

¿Y aquí que podemos hacer?… Sabiendo que el cambio climático proviene del calentamiento global debido a los gases con efecto invernadero, en su mayor parte dióxido de carbono como residuo del consumo de los combustibles provenientes del petróleo, lo que corresponde es consumirlo inteligentemente, reduciendo la contaminación y ahorrando dinero.

El principio básico es que todos los desperdicios tienen como mínimo dos costos, el del desperdicio en sí, por el dinero que se invirtió en comprarlos y desperdició, y en segundo lugar, el costo económico y social de la depuración de los residuos del combustible que se utilizó adecuadamente, más el que se desperdició. Esta segunda parte puede que no afecte el bolsillo directamente, pero sí a través de los efectos en la salud como consecuencia de la polución.

Cada chorro de humo negro que sale de un bus es combustible desperdiciado que pagamos entre todos a través de los impuestos que en subsidios a los buses mal mantenidos les conceden los diputados a los empresarios del transporte… Y los costos de las enfermedades respiratorias los pagan los ciudadanos que respiran el humo en las paradas de buses y, si van a los hospitales nacionales, también las paganos entre todos, porque los hospitales se mantienen de los impuestos.

Es fácil… En las empresas se pueden regular los consumos capacitando al personal en una mejor operación de las máquinas y en lo privado, utilizando eficientemente la gasolina y el diésel en nuestros vehículos.

El desorden del tráfico alegra mucho a los negocios de gasolina y diésel, pues por nuestra forma de manejar, consumimos alrededor de un veinticinco por ciento más del combustible necesario. Si entra en el tráfico de San Salvador y cuenta los minutos que su motor impulsa su carro y los que está consumiendo combustible esperando que el trafico avance, se dará cuenta que los minutos parado son muchos minutos.

Y si se pregunta por qué se paró el tráfico, es porque alguien por estrés, ir hablando por teléfono, enviando mensajes o un descuido, causo un accidente y los dos carros quedan inmóviles hasta que llega la policía y el representante del seguro… O bien, porque un motorista particular o de un bus, sabiendo que no pasaría, quedó con su carro o el bus en medio del cruce interrumpiendo el tráfico, haciendo más grande y grave el caos y la desesperación.

Como ven, son pocas las conductas básicas que tenemos que cambiar para influir positivamente en el cambio climático. En las empresas nos produce ahorros y nos beneficia a todos con menos polución, y en el trafico cuando manejamos, se reducen los riesgos, el tiempo de viaje y dinero en combustibles.

Pues eso… ¡Subámonos al Tren 2020 de la Sostenibilidad!…

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