La importancia del respeto a la libertad de prensa

La prensa seria, responsable, bien intencionada, nos ha permitido conocer las desviaciones del poder político, económico o social. La prensa no puede ser incondicional ante nadie, mucho menos ceder a los berrinches coercitivos de quienes ejercen algún poder.

Por Sherman Calvo
Colaborador El Diario de Hoy

Feb 17, 2020- 20:22

La libertad de expresión nos concierne a todos. Las consecuencias de no respetarla serían catastróficas, porque nos llevarían después a que los ciudadanos no podríamos opinar, escribir, investigar, cuestionar, proponer abierta y libremente sobre los actos de nuestra propia existencia.
No es restringiendo las libertades como fortaleceríamos a nuestra embrionaria democracia. Es con la participación de la ciudadanía que genere debates democráticos, profundos, propositivos, convocando, de ser posible, a todas las instancias sociales para construir una libertad con responsabilidad, que es necesaria porque así es la vida misma.
La prensa seria, responsable, bien intencionada, nos ha permitido conocer las desviaciones del poder político, económico o social. La prensa no puede ser incondicional ante nadie, mucho menos ceder a los berrinches coercitivos de quienes ejercen algún poder.
Los medios de comunicación deben tener la sabiduría suficiente para conocer y reconocer sus errores, corregirlos y superar las imperfecciones cauterizándolas con más y mejores libertades responsables.
Cualquier actor dentro de nuestra sociedad no debería ver a los medios de comunicación como sus verdugos o enemigos; más bien, debería tener la inteligencia, la apertura necesaria, para garantizar el libre discernimiento.
Los medios de comunicación serían el termómetro perfecto para medir la capacidad de tolerar, de escuchar, de disentir, de dialogar, de respuesta, de prudencia, de humildad, de sabiduría, de consensos que tendría cualquier poder frente a la opinión pública y entre los ciudadanos.
La prensa es la artillería de la libertad: “El poder para moldear el futuro de una República estará en manos del periodismo de las generaciones futuras”. “La prensa es el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”. “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar”. “La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar”. “La libertad está en ser dueños de la propia vida”. “Para la prensa, como para el hombre, la libertad sólo ofrece una posibilidad de ser mejor; el servilismo no es más que la certidumbre de ser peor”. Todas estas frases sobre la libertad y la libertad de prensa, de pensadores como José Martí, Albert Camus, Benito Pérez Galdós, Benjamín Franklin, Platón, Tácito, entre otros, dejan una clara reflexión de la importancia de LA LIBERTAD en nuestras vidas.
La verdadera prensa está para aplaudir las acciones positivas vengan de donde vengan, y también para hacerle sombra a cualquier tipo de abuso, o actos deshonestos, con preguntas impertinentes, con editoriales atrevidos. Los líderes auténticos no deberían extrañar aquello; es preferible conocer una crítica que el halago hipócrita de ciertos asesores o adulones, que solo buscan alimentar egos.
La prensa debe guiarse por valores éticos y principios honestos, coherentes, íntegros, transparentes, a fin de que sean el referente de credibilidad, de objetividad, de independencia, de imparcialidad, de un verdadero pluralismo democrático. Así, entenderíamos que los medios de comunicación no sólo están para denunciar las torpezas y los desvíos dentro de una sociedad. Odian la libertad de prensa, quienes consideran que confabulan en contra de su obsesión por tener todo bajo control. Desatinadamente, hay quienes creen que, cortando el oxígeno de la libertad de prensa, no dando declaraciones o intentando “boicotear” a un medio, desenredarán la madeja y lo único que consiguen es enredarse más, porque sus acciones los deslegitiman.
Eso les hace falta a muchos: mirarse hacia dentro sin temor, como una especie de catarsis, de desahogo, de liberación, que también nos hace falta a todos. Es imperioso que lo hagan, si deseamos un cambio positivo, que trascienda en beneficio de todo un pueblo, que es también la sanación mental, espiritual de nuestra amenazada sociedad latinoamericana. Mientras eso ocurra, defendamos las libertades como condición esencial del ser humano, pues de ella depende la existencia de la justicia, valor supremo del Derecho y del respeto a la dignidad ciudadana, como requisito necesario para la convivencia civilizada.

Colaborador de El Diario de Hoy

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