Se nos quema la casa

Por Maximiliano Mojica
Abogado, máster en leyes

Sep 01, 2019- 19:20

El incendio forestal ocurrido en la selva del Amazonas fue un evento trágico que encendió muchas alarmas ecológicas y sacudió la conciencia de millones de personas alrededor del mundo en lo que respecta al daño que, conscientes o no, le estamos haciendo al planeta. Pero, más allá de la tragedia, resulta interesante analizar las reacciones de las personas cuando comentan o “analizan” un tema como este.

En mi muro de Facebook, colgué un post en el que literalmente expresaba: “Ante el incendio en el Amazonas, es bueno tener presente que en la Historia de la Tierra ha habido, al menos, 5 eventos que lo superan considerablemente y que han provocado extinciones de especies… y de todas esas catástrofes, es reconfortante saber que la Tierra siempre se recuperó”.

El post no quedaba ahí, lo acompañaba la tabla 17.2 tomada de la pagina 470 del Libro Cosmo Sapiens, que describe los, al menos, 5 eventos cataclísmicos que han provocado grandes extinciones de especies, todos ocurridos sin intervención humana, siendo el último de los cuales, el ocurrido hace 65 millones de años, en el periodo Cretáceo-Terciario, que provocó la desaparición del 75% de las especies marinas y hasta el 50% de todas las plantas y animales, incluyendo los dinosaurios.

Y de todo ello, en una especie de “destrucción creativa”, la Tierra se recuperó; surgiendo de las cenizas del desastre otras especies de animales, brindando un considerable impulso para la evolución de los mamíferos, lo cual, eventualmente, desembocó en la aparición de nuestra especie, el Homo Sapiens.

Las 5 extinciones masivas de las que tenemos evidencia no fueron provocadas por el hombre. Ante falta del “sospechoso habitual”, ¿a quién le echamos la culpa? ¿A Dios? ¿Será que el Creador dispone, de cuando en cuando, borrar enteramente lo creado y generar algo “nuevo”? Si eso es así, ¿qué nos espera a nosotros? ¿Sería o no correcto pensar que formamos parte de un infinito plan divino que implica una continúa creación-destrucción-creación, que no alcanzamos a ver ni comprender, que generará dentro de miles de años, el advenimiento de una nueva especie, una nueva creatura? A falta de mayores conocimientos teológicos, esbozo la pregunta y se la dejó para que los teólogos intenten ensayar una respuesta.

Lo interesante es cómo tomó un segmento de mis contactos en la red social, lo expresado anteriormente. Algunos de ellos me reprocharon mi falta de solidaridad, al no condenar la destrucción que hace el ser humano al medio ambiente que lo rodea; otros, más ingeniosos, me acusaron de ser un activista pro-Trump (¿?), que asignaba la culpa del incendio a la “izquierda Latinoamericana” (nunca logré entender cómo mi post se conecta con esa idea).

Otros pocos dieron en el clavo con su planteamiento: la Tierra se recuperará, pero si bien es cierto que es correcto preocuparnos por un incendio que ocurre a miles de kilómetros de distancia, debemos de preocuparnos porque ecológicamente, nuestra casa, El Salvador, también está en llamas.

Lo cierto es que el incendio del Amazonas nos amenaza a todos, pero nuestra actitud respecto al evento no debe limitarse a condenar en redes sociales lo ocurrido, sino a tomar consciencia de lo que está ocurriendo aquí, en nuestro propio país, en nuestra casa.

Tomar consciencia de cómo manejamos nuestra basura. De cómo utilizamos el agua, que sin mayor cuidado desperdiciamos al tomar una ducha o lavar los platos o un vehículo. Sobre a dónde va a parar la basura que arrojamos desde la ventanilla de un autobús o de un carro en marcha.

El incendio del Amazonas y la extinción de nosotros como especie quizás sean problemas que nos sobrepasan y respecto a los cuales tenemos, como individuos, muy poca injerencia; pero sobre lo que sí tenemos influencia, es sobre decidir hacer correctamente lo que nos corresponde: cuidar nuestra casa, siendo razonables en la forma del manejo de nuestra basura, y sobre como nosotros y nuestras familias, utilizamos los recursos naturales, siendo el principal y más importante, el agua.

Preocuparnos por una casa en llamas a miles de kilómetros de distancia es importante; pero resulta imprescindible preocuparnos por el fuego que hay en nuestra propia casa.

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