San Salvador 1980-2019

Tenés que vivir en el extranjero para darte cuenta de que de nuestro suelo emana el típico “olor de tierra mojada” al inicio de una lluvia; aquí se escucha el canto del dichosofuí, del chonte y del torogoz; aquí podemos saborear los frijolitos y las pupusas con su sabor guanaco original, las semillas de paterna, los mangos verdes y las anonas en agosto

May 03, 2019- 19:16

Treinta y nueve largos años, ¿fueron para bien o fueron para mal? ¿Estamos mejor, igual o peor?

Veo algunas cosas MEJOR, como la construcción y la tecnología, hay dinero circulando pues nos hemos convertido en una sociedad de consumo como lo demuestra la inmensa cantidad de negocios por toda la ciudad y concentrada en centros comerciales.

Veo que estamos IGUAL por las misma calles estrechas y con algunos de los mismos problemas capitalinos de antes, como los mercados y la pérdida de las calles del centro por la invasión de las ventas callejeras, lo mismo por la suciedad de sus calles, andenes y predios vacíos; veo que alcaldes vinieron y que alcaldes se fueron, y la capital cambió muy poco.

Veo que estamos PEOR en muchas cosas: el tráfico, el desorden en todos los sentidos, la inseguridad y la falta de autoridad, el desprecio por las buenas costumbres y por el medio ambiente, etc.; lastimosamente, creo que no me alcanzarían las páginas para continuar con esta lista. Como ejemplo me servirá lo siguiente:

Hace varios días leía en un periódico un simpático artículo de Carlos Alfaro hijo, que habla de lo insoportable que se ha vuelto vivir en la otrora plácida colonia San Benito; cuando llegué a vivir a esa colonia en 1957, era muy solitaria y sin luz pública, pero muy apacible, yo la llamaba “la fincona”.

Hoy Alfaro habla del terrible hacinamiento de tráfico, edificios, comercios, hoteles, restaurantes y chupaderos por doquier, estridentes e intolerables ruidos de gritos, cantos y música hasta la madrugada. El vendedor de pan en su bicicleta que desde las 5 a.m. viene anunciando con su pito, el comprador de chatarra con su megáfono, la terminal internacional de buses frente a mi casa (en una zona donde es prohibido que haya una, por ordenanza municipal –¿y la alcaldía?, ¡muy bien gracias!) que tiene llegada de buses a las 2 a.m. y salidas a las 6 a.m. (el bus llega con su sonoro motor diesel y estridentes chillidos de sus frenos mal ajustados a las 2 a.m. – ¡primer sabroso despertar de la noche! – y a las 5 a.m. lo mismo -¡segundo despertar de la noche! – si el vigilante se quedó dormido, ¡pues sencillamente le suena el pito para anunciarse!

Tristemente, el “progreso” se comió a la colonia San Benito. ¡Amén!, no se ve solución, es el “NUEVO CENTRO DE SAN SALVADOR”; se perdió totalmente el respeto al vecino.

Tal vez para reafirmarlo, este día me topé con una fuerte realidad de nuestro San Salvador. Decidí ir al área de la Avenida Universitaria a hacer varios mandados.

Bajé por la Avenida Roosevelt que tiene 3 peligrosos y estrechos carriles donde hay que “darse penca” con decenas de buses y microbuses, respirando su inmundo humo negro del diesel quemado y llegué a la concurrida Calle Arce, a la biblioteca de la Universidad Tecnológica. Me fui por la Avenida Universitaria (25a. Avenida Norte) a la Universidad Nacional; de nuevo la batalla con el intenso trafico y el humo negro, con la motos pasando por todos lados (incluyendo a 2 motos de policías de tránsito haciendo lo mismo y dando un lindo ejemplo), los peatones cruzando por donde les ronca la gana y toreando a los vehículos (¡y los pasos de peatones de las bocacalles!, no sirven de nada, ni los conocen).

Para entrar en mi carro a la universidad pagué 3 “coras” y me dieron indicaciones confusas de cómo llegar al edificio de la biblioteca; ingeniándomelas y recordando mis esporádicas visitas a la UES de cuando fui universitario en los Años Sesenta, comencé a navegar entre un mar de carros estacionados y gran cantidad de estudiantes caminando; pregunté dónde era el edificio de la biblioteca a unos 10 estudiantes y gran sorpresa me llevé al ver que solo unos 3 me lograron dar razón del edificio – estudiantes de esa universidad y NO SABEN DÓNDE ESTÁ LA BIBLIOTECA – ¡qué triste realidad! Démosles el beneficio de que tal vez no eran estudiantes.

Cuando por fin logré estacionarme, caminé por áreas muy sucias e inexistentes jardines donde nunca han recogido una sola hoja caída de los arboles, sendas y gradas en pésimo estado, etc. (hace un par de semanas visité a mi nieto en la Universidad de Washington, en la ciudad de Seattle, y el contraste de los campus era del cielo y la tierra); al pasar frente a la librería vi un gran rótulo que dice “BIENVENIDOS/AS”, con razón algunos hablan así, con doble género, si ahí seguramente así les enseñan a hablar.

En el interior de la biblioteca de la UES sí se respira un poco de aire estudiantil. ¡Qué Universidad más diferente a la de los primeros Años Sesenta!

En resumen, ¿cuál es mi respuesta a mi pregunta inicial? 39 largos años, ¿estamos mejor, igual o peor? Tomando todos los factores en cuenta, creo que estamos peor; veo una decadencia social, política y económica. PERO, esta es nuestra San Salvador, nuestra capital, nuestro país. Por el momento tenemos que aceptarlo tal como es pues esto es nuestra bella “guanacolandia”, con sus grandes defectos, PERO, es nuestra tierra y aquí nacimos y aquí quisiéramos morir.

Después de vivir 35 largos años en el extranjero, en julio del 2015 regresé a vivir al país y muchos me hicieron el siguiente comentario: “¿Porqué ahora que la gente se quiere ir, vos te regresás?”. Mi respuesta fue sencilla: porque el terruño, la familia y los amigos me hacían falta, porque soy salvadoreño, porque aquí quiero vivir y aquí quiero morir, de aquí soy y aquí me quiero quedar.

Tenés que vivir en el extranjero para darte cuenta de que de nuestro suelo emana el típico “olor de tierra mojada” al inicio de una lluvia; aquí se escucha el canto del dichosofuí, del chonte y del torogoz; aquí podemos saborear los frijolitos y las pupusas con su sabor guanaco original, las semillas de paterna, los mangos verdes y las anonas en agosto; aquí podemos ver ese cielo azul cuzcatleco tan intenso al inicio del verano y si tenemos suerte, podemos disfrutar de algunos “vientos de octubre”; aquí podemos gozar de esos “pencazos” de agua que vienen del norte y del oriente del país, los vemos entrar sobre el Lago de Ilopango y sobre el cerro San Jacinto. ¡Solamente aquí se siente y se vive El Salvador!

Este es nuestro país, lindo como ninguno, por el cual merece la pena pelear y trabajar duro para poder seguir deleitándonos con lo arriba mencionado.

Estamos en un momento crucial de nuestra historia moderna y el pueblo, harto de la partidocracia que nos ha hundido hasta lo más profundo. Esperemos que este nuevo gobierno nos dé un grupo de personas trabajadoras, honestas y transparentes, que vengan dispuestas a sacar adelante a la Patria.

Hago un llamado patriótico a este heroico pueblo guanaco para que nos quitemos, de una vez por todas, las caretas de la hipocresía y nos despojemos de tantas banderas y colores partidarios, para unirnos al unísono clamor de “echar reata” (¡dicho en buena lengua salvadoreña!) y sacar adelante a nuestro país, nuestra Patria, nuestro El Salvador.

Olvidémonos de las críticas en las redes sociales y de las estériles discusiones de fiestas, cafetines y velorios; remanguemos nuestras camisas, calcemos nuestras botas, agarremos la cuma, y ¡a trabajar se a dicho, a sacar tarea!.
Que nuestro Patrono, el Salvador del Mundo, la Virgen de la Paz y, especialmente, nuestra Señora Santa Ana, se apiaden de nosotros…
Médico

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