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"He venido para que tengan vida" (Jn 10,10)

Por Salvador Gómez

La vida en abundancia que Jesús nos promete va más allá de las realidades biológicas o los esfuerzos humanos que podemos hacer para tener una mejor calidad de vida.
La vida en abundancia que Jesús nos ha traído podemos experimentarla en 2 niveles.

1. LAS MOTIVACIONES PARA VIVIR.

La organización mundial de la salud (OMS) nos ha impactado con el informe más reciente sobre el número de suicidios que se cometen en el mundo:

“Cada año cerca de 703,000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Todos los casos son una tragedia que afecta a familias, comunidades, países y tienen efectos duraderos para los allegados a las víctimas. Puede ocurrir a cualquier edad (y en cualquier condición social) En el 2019 fue la cuarta causa de defunción en el grupo etario de 19 a 29 años en todo el mundo”

Mueren más jóvenes por suicidio que en accidentes de transito.
Los motivos por las que se recurre al suicidio son muchas, pero la razón fundamental es lo que los psicólogos llaman “el vacío existencial” que consiste en la falta de razones y motivaciones para enfrentar, superar los momentos y circunstancias difíciles y continuar viviendo.

Jesús nos dice: “No temas, solamente ten fe” (Mc 5,36)
“Les he dicho estas cosas para que tengan paz en mi. En el mundo tendrán tribulaciones pero ¡animo! Yo he vencido al mundo” (Jn 15,33)

Los que creemos en Jesús aun en las peores circunstancias decimos como San Pablo:
“Todo lo que puedo en aquel (Cristo) que me da fuerza” (Ef4,13)
“En todo salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó” (Rm 8,37)
Además, Jesús nos ha enseñado que la mejor manera de vivir es servir y dar la vida por las personas que amamos.

“El hijo del hombre (Jesús) no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28)

“Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13)
“Les he dado ejemplo, para que hagan como yo he hecho con ustedes… sabiendo esto, dichosos serán si lo cumplen” (Jn 13, 15.17)

El Papa Francisco nos dice: “La propuesta es vivir en un nivel superior, pero con menos intensidad; la vida acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.” (Evangelii Gaudium #10)
Jesús nos ha enseñado que mientras tengamos a alguien a quien amar y a quien servir siempre tendremos la motivación y la alegría para vivir.

2. JESÚS NOS DA VIDA ETERNA

“Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás” (Jn 10,28)
La vida eterna es la vida de Dios en nosotros que nos ayuda a superar nuestros fracasos y a suplir nuestras debilidades cuando las cosas no salen como nosotros queremos, Jesús nos ha enseñado a decirle al Padre: “Hágase tu voluntad” (Mt 6,10)

Y cuando salen contrarias a lo que esperamos Jesús nos dice: “Mi gracia te basta, en mi fuerza se realiza en la flaqueza” (2 Co 12,9)

Solo con la gracia de Dios en nosotros podemos superar los limites de nuestra impotencia, confiando que los problemas que tenemos hoy son los testimonios que vamos a dar mañana, ya que “El Dios que nos ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de estos breves sufrimientos, nos restablecerá, nos afianzara, nos robustecerá y nos consolidara” (Cf 1 P 5,10)

La vida eterna que nos ha dado Jesús rompe el horizonte estrecho en el que nos encierra el materialismo pues nos hace esperar el triunfo definitivo sobre el mal y la muerte que ahora amenaza con destruirnos. Los que creemos en Jesús sabemos que “Al final el vencerá” (Cf 1 Co 15, 24-28)

“No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Implica aceptar que algunas cosas no suceden como uno desea, sino que quizás Dios escriba derecho en líneas torcidas de una persona y que saque algún bien de los males que la persona no logre superar en esta tierra”

“Esa persona con todas sus debilidades, está llamada a la plenitud del cielo. Allí, completamente transformada por la resurrección de Cristo, ya no existirán sus fragilidades, obscuridades, ni sus patologías. Allí, el verdadero ser de esa persona brillara con toda su potencia de bien y de hermosura. Eso también nos permite, en medio de las molestias de esta tierra, contemplar a esa persona con una mirada sobrenatural, a la luz de la esperanza. Esperando esa plenitud que un día recibirá en el Reino Celestial, aunque ahora no sea visible” (Papa Francisco, Amoris Laetitia #161 y #117)

Recibamos con alegría esta vida nueva que Cristo ha ganado para nosotros con su muerte y resurrección y dispongámonos a vivir, amando a Dios y a nuestros hermanos.

 

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