Reflexiones sobre el premio Wilson Center a don Ricardo Poma

Merecido el premio, sin duda, aunque no es el único en El Salvador al que pudieron habérselo otorgado; al igual que don Ricardo, hay varios empresarios que pudieron haberlo merecido; honra a El Salvador y a los empresarios que practican la ciudadanía corporativa como don Ricardo lo ha venido haciendo. Y este es el punto principal que quiero destacar en este artículo: el ejercicio de la ciudadanía corporativa.

May 11, 2019- 22:45

Conozco bien el Wilson Center de Washington DC, inspirado en la figura del Presidente Woodrow Wilson, uno de los grandes y más respetados centros de pensamiento a nivel mundial; lo frecuenté mucho y a sus distinguidos funcionarios cuando trabajé en la capital del norteño país, como asesor del Secretario General Adjunto de la OEA. El darle un premio a alguien como Don Ricardo Poma no es casualidad, ni es por interés. El otorgamiento del premio a don Ricardo me inspira a reflexionar.

Merecido el premio, sin duda, aunque no es el único en El Salvador al que pudieron habérselo otorgado; al igual que don Ricardo, hay varios empresarios que pudieron haberlo merecido; honra a El Salvador y a los empresarios que practican la ciudadanía corporativa como don Ricardo lo ha venido haciendo. Y este es el punto principal que quiero destacar en este artículo: el ejercicio de la ciudadanía corporativa.

Considero que las personas que provienen de familias viejas de tradición o de familias de orígenes inmigrantes más recientes, como es el caso en El Salvador de la distinguida familia Poma, tienen sin duda una obligación importantísima con la sociedad, más que ser sujetos de halagos o privilegios por parte de aquella, que no vienen al caso, menos en la época moderna. Lo que corresponde de una forma u otra es entregarse al servicio de la sociedad, especialmente de los menos privilegiados. Esto puede ser por la vía de hacer de sus empresas emporios de productividad responsable y equidad humana, no solo para beneficio de sus accionistas, pero de sus trabajadores y sus familias, las comunidades donde tienen influencia, así como quienes consumen sus productos o utilizan sus servicios. Obviamente, el reconocimiento al empresario por su emprendeduría, por el riesgo que asume y por la buena gestión empresarial, merece un sitial de honor; todo esto está implícito en la legislación presente, que ofrece garantías a quien invierte y produce.

Cada vez son más las personas en posiciones ventajosas que se involucran en actividades que denotan ciudadanía corporativa o responsabilidad social. Agrada mucho la labor que realiza por ejemplo, don Tomás Regalado Papini, de familia muy importante y graduado de Georgetown University, como gestionador en FUNDEMAS, instancia de vanguardia en el fomento de la responsabilidad social empresarial o corporativa en El Salvador. Sin embargo, el esfuerzo que se hace en esta lucha sin fin por un mundo sostenible y mejor para todos, apenas comienza.

El terreno está listo para sembrar la semilla que nos lleve aún más allá. Los desafíos del presente y futuro, principalmente los crecientes desequilibrios sociales que se reflejan en muchas partes del mundo, así como el hecho de que acelerada por la acción humana, estamos entrando en una extinción de especias de consecuencias fatales a muy corto plazo para la especie humana, hacen necesaria una acción consciente y decidida de quienes emprenden y gestionan en el sector público y privado, para revertir procesos y regenerar el Globo Terráqueo, algo a lo que un país como El Salvador, debe sin duda contribuir.

Es necesario, sin esperar la emergencia o que se imponga a nivel internacional un nuevo esquema contable que castigue a quien arroja los costos sociales y ambientales en que incurre a la sociedad, tomar “el toro por los cuernos” e incluir en los planes empresariales las variables sociales y ambientales, lo que también, está demostrado, es una nueva línea de negocio potencialmente rentable. En otras palabras, no solamente se hace una contribución vital a la salvación de la vida en la Tierra como la conocemos hoy en día, al adoptar los paradigmas que ya empiezan a arraigarse en los países desarrollados; también se aprovechan las nuevas vetas de negocios que estos paradigmas están generando.

Ex Embajador de Costa Rica en El Salvador, hoy ciudadano salvadoreño

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