Prospectiva

Ene 11, 2019- 21:07

Realizando la limpieza de fin de año que se recomienda hacer, encontré el número especial que la revista CULTURA (jun/oct/2010) dedicó al entrañable Francisco Andrés Escobar a raíz de su muerte.

Nuestro Premio Nacional de Cultura fue maestro destacado, poeta exquisito, narrador tierno, íntegro luchador social. Paco era —sin asomo de duda— una persona muy peculiar. Insertas en la revista aparecen unas cuantas fotos de él. La de la portada es lo muestra juvenil, sin canas en la cabeza, la cara bien afeitada, con una sonrisa franca y una mirada dulce; el Paco que conocí. Las otras, que lo retratan con algunos años de más, mantienen la dulzura de la mirada y la frescura de la sonrisa, pero agregan no solo varias libras de peso pero también barba de candado, canas en la cabeza y alguna gravedad en su gesto: el Paco que vimos caminar incansablemente por San Salvador a inicios de este siglo. Tantas deliciosas mañanas sabatinas que fueron: era un gusto leer a los dos Escobar, Paco y David, en sendas y diferentes columnas periodísticas. Una de ellas es la que comparto con ustedes hoy.

“Tony, cariño: se le acabó la vida buena. Y no crea que van a volver tan luego a la guayaba, papito. Eso de la alternabilidad se va a dar, claro que sí, pero quizás dentro de unos veinticinco años: cuando los dinosaurios y dinosaurias de su partido estén en formol, cuando sus militantes jóvenes aporten valores y actitudes nuevos, y cuando las mayorías populares hayan recuperado su capacidad de gestión. Y es que por nosotros desde aquí, y la ciudadanía decente desde allá, vamos a exigir al nuevo gobierno que haga tan bien las cosas que la gente no tendrá por qué andar removiendo a quienes la sacaron de oscuranas. ¡Ay, ya me puse populista!”.

“Pero mire cómo sale, pimpollo: panzoncito, nalgoncito, chichudito, cachetoncito. ¡Ben yindo va, mamoy. Payeche ochito de peluche! Y además, con un cincón y la madre de nota. Aunque no crea que es mucho, belleza: si la vida de las mayorías sigue jodida —como se ve que sigue— significa que no se gobernó como debió hacerse.

Aquí, Cañitas, Mecho Arce, Chanty Celis, los Agui y, por supuesto, yo, creemos que su metida de pata —como la de sus antecesores— fue poner al servicio de su partido los recursos del país. ¿Me comprende, chulada? ¡Secuestraron al Estado en beneficio de sus intereses de clase y de partido! ¡Mire el hoyo fiscal! Eso quiere decir que muchos se untaron la mano. ¡Güe-via-ron! Dejaron las cacerolas lavadas. ¿Hoy sí? Bueno. (…)
Adiós, cosita. Como sea que tenga su conciencia por lo recontrasembrado que deja al país, disfrute del tiempo que le queda. No olvide que hasta el mejor sol tiene su noche. Chau, cariño. Besitos. Matiyas.

Licencias que permite la vida íntegra: escribir en nombre del prócer Delgado una carta de despedida ¡esa! a un presidente al término de su gestión ¡y atreverse a publicarla en un periódico! Para aquellos que dicen que no ha cambiado nada El Salvador por mucho menos que eso se moría la gente. La semana pasada, desde otros textos, hice una retrospectiva de esa lucha interna.

Con esa visión prospectiva, Paco nos permite constatar que hasta los grandes se equivocan en eso de adivinar el futuro. Diez años bastaron para que la gente remueva, como parece que sucederá este próximo mes, a quienes no la sacaron de oscuranas ni permitieron que las mayorías populares recuperaran su capacidad de gestión. Claro, no podría haber imaginado Paco que el primer presidente de izquierda de este país, en vez de ganarse un digno sitial en la historia del país, seguiría “lavando ollas” como su antecesor y traicionaría tan burdamente los ideales populares solo para pagar sus abyectos y egoístas refociles. “No olvide que hasta el mejor sol tiene su noche. Chau, cariño”.

Psicólogo

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