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Ni mercenarios ni demagogos

La señora Reiss-Anderson dice que ambos galardonados con el Nobel “representan un “golden standar” (un paradigma, un estándar) de periodismo de alta calidad, pues se trata de “fact-finders” (buscadores de hechos) y “truth-seekers” (personas que encuentran verdades), no simplemente proveedores de “clickbait” (una técnica que tiene como finalidad lograr visitas y clicks en las páginas web, con el mero objetivo de ganar tráfico en redes)”.

Por Carlos Mayora Re
Ingeniero @carlosmayorare

Hace treinta y dos años, intelectuales de todo el mundo anunciaban el fin de una era de la historia, representada por la caída (que físicamente consistió en una multitud llevándose trozos de la pared, y mentalmente significó el derrumbamiento de una sociedad totalitarista) del Muro en Berlín. Muchos hablaban del fin de la política como hasta entonces se había conocido, y el advenimiento de unos tiempos en los que la democracia, por fin, podría florecer en las sociedades desarrolladas.
Pero… con poco que uno se fije, se da cuenta de que la democracia parece no haber acudido a la cita. Y, sin ella en la fiesta, tampoco se han hecho presentes en muchas sociedades a lo ancho y largo del mundo ni la paz, ni el respeto a la diversidad, ni la tolerancia, ni la protección a las libertades individuales, ni tantos otros ideales recogidos desde 1948 en la carta de los Derechos Humanos.
¿Por qué estas reflexiones? Porque es la primera vez que el premio Nobel de la Paz es otorgado a dos periodistas, precisamente por la contribución que con su trabajo hacen a la instauración y preservación de la democracia, una condición irrenunciable para quienes quieren promover la paz.
María Ressa, filipina, y Dmitry Muratov, ruso, beneficiarios este año del Nobel de la Paz, son dos periodistas que tienen bien aprendido lo dicho por Joseph Pulitzer: “Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”; y que, por lo mismo, están en las antípodas del cinismo, la prostitución de su pluma, o la venta de humo en caracteres impresos, que caracteriza al periodismo acomodaticio al poder.
Como explicación de la designación de estas dos personas para recibir el premio, Berit Reiss-Andersen, presidente del Comité que otorga el Nobel, manifestaba al anunciarla que Ressa y Muratov “representan a todos los periodistas, en un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa enfrentan crecientes condiciones adversas”.
Muratov es el editor del Novaya Gazeta, que se reconoce como el periódico más independiente en Rusia hoy día, una publicación que se atreve a enfrentar la larga tradición soviética de censura y control de los medios de comunicación. Ressa, por su parte, dirige el sitio de internet Rappler, desde el que se publican notas que de otro modo sería imposible difundir, pues también en Filipinas hay actualmente un férreo control de la opinión pública y de la actividad periodística.
La censura a los medios y los intentos de silenciar comunicadores que no se someten a los discursos oficiales han existido siempre; sin embargo, hoy día la difusión de lo que está pasando -sea en acuerdo, o en contra de quien gobierna o maneja el discurso público-, gracias a la omnipresencia de Internet, ha alcanzado un nuevo estatus: troles y propagandistas, bots y algoritmos discriminatorios, han alcanzado cotas insospechadas ya no solo para censurar lo incómodo o inconveniente, sino, simplemente, para crear “realidades” paralelas, destinadas a narcotizar y mantener engañadas a grandes cantidades de ciudadanos.
¿Por qué dos periodistas, personalmente, y no unos medios de comunicación corporativos han sido los galardonados con el premio? A esta pregunta responde la señora Reiss-Anderson diciendo que ambos “representan un “golden standar” (un paradigma, un estándar) de periodismo de alta calidad, pues se trata de “fact-finders” (buscadores de hechos) y “truth-seekers” (personas que encuentran verdades), no simplemente proveedores de “clickbait” (una técnica que tiene como finalidad lograr visitas y clicks en las páginas web, con el mero objetivo de ganar tráfico en redes)”.
Un periodismo libre, basado en hechos y no en intereses, es el mejor antídoto contra el abuso de poder. Este año la Fundación Nobel premia dos comunicadores para que se entienda que el periodismo bien hecho, es firme garante de la libertad de expresión, de la democracia, y de la paz (en ese orden).

Ingeniero/@carlosmayorare

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