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Los cómodos y apáticos

Según Dante, “el rincón más oscuro del infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral”

Por Jorge Fernando Canizalez
Estudiante ESEN

Imagine esto por un momento: va caminando por la calle cuando, de repente, se cruza en su mirada un grupo de trabajadores cortando árboles a diestra y siniestra para la construcción de un nuevo centro comercial, un pecado ambientalista, diríamos muchos; pero ese no es el punto. Usted sigue caminando y no puede evitar notar cómo uno de los trabajadores serrucha ávidamente la rama en la que se encuentra sentado. Es obvio que, de seguir así, no tardará en caerse al suelo y, si sobrevive, el dolor de la caída le hará darse cuenta de su error. “¡Qué hombre tan poco pensante!”, dirá usted mientras sigue con su camino. Más adelante, otra escena: esta vez son dos los trabajadores sentados en una misma rama; mientras uno de ellos serrucha sin saber del peligro en que pone a ambos, el otro lo desaprueba y reprocha con la cabeza, pero sin mover dedo alguno. “¿Qué le pasa? ¿Acaso no piensa detenerlo antes de que ambos salgan lastimados?”, se dice usted a sí mismo mientras sigue caminando —después de todo, no es su problema—. Ahora pregúntese lo siguiente: cuando la rama ceda y ambos trabajadores caigan al suelo, ¿quién será el más culpable: quien tiene la sierra o quien no hace nada por detenerlo?
Como oposición muchas veces no se duda en culpar de la situación del país a los seguidores del gobierno de turno; al fin y al cabo, ellos fueron quienes lo escogieron y quienes aplauden animosamente mientras el país se hunde cada vez más, ¿no? Pero ¿qué hay del 49 % del padrón electoral que no fue a votar? En lo personal, dudo que sean seguidores del partido oficialista o de cualquier partido. En el 2018, solo el 6 % de los salvadoreños dijo tener confianza en los partidos políticos, el valor más bajo en toda Latinoamérica, y ¿cómo culpar al resto? Después de todo, nadie duda de que hemos sido mal gobernados y que los políticos de todo color y bandera nos han decepcionado en más de una ocasión. Y, aun así, no creo que esto sea excusa suficiente para no participar activamente de la política y, más importante, de la democracia.
Verá: como dice el dicho, “quien calla, otorga”. Solo que, en este caso, en vez de quedarse callada, mucha gente opta por limitarse simplemente a quejarse. Y claro que todos tenemos derecho a quejarnos (por ahora); no obstante, dentro de un marco democrático, mostrar desaprobación no sirve de mucho si ello no va acompañado de participación. “Pero todos los políticos son unos ladrones”, podrá decir alguien. Pero verá, la Corte Suprema de Justicia (que en paz descanse) avaló el voto cruzado y por rostro para las elecciones de 2015; por lo tanto, para estas elecciones de 2021, alguien que vive en San Salvador tenía a su disposición 217 candidatos parlamentarios de dónde escoger. Me cuesta mucho creer que, después de haber leído sus currículos, trayectoria y propuestas, ninguno de ellos haya llamado la atención de quienes no acudieron a las urnas. He ahí una similitud entre muchos fanáticos del gobierno y ausentistas electorales: ambos tomaron una decisión antes de siquiera echarle una mirada a lo que el sistema tenía que ofrecer. Ya sea que se trabaje bajo el supuesto “este candidato es como ningún otro” o bajo el “todos son iguales”, se parte de extremos de la misma problemática: los prejuicios políticos que nos dejó el pasado. He ahí otra similitud. Pareciese que tanto seguidores como opositores ausentistas de Bukele hubieran dejado que su percepción de la democracia fuese manchada por el resentimiento creado en las pésimas administraciones anteriores. Tal vez, después de todo, el problema no son solo los que votan ciegamente, sino también los que ciegamente deciden no votar.
¿Y de qué sirve hablar de todo esto si ya pasaron las elecciones? Pues porque la participación política no se limita al voto, sino que también se encuentra ahí en las marchas, en los espacios de libre expresión, en los movimientos ciudadanos. Mientras más personas se desentiendan de la indiferencia política, más fuerte sonará la presencia del descontento público y más rápido las personas despertarán del sueño etéreo al que llaman el “97 %”. En un cuarto oscuro, los únicos que se pueden contar son los que alzan la voz. Si esto no lo convence recuerde que, según Dante, “el rincón más oscuro del infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral”. Solo esperemos que ese “rincón oscuro” no sea El Salvador en un par de años.

Estudiante de Economía y Negocios / Club de Opinión Política Estudiantil (COPE)

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Nayib Bukele Opinión Partidos Políticos

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