“Contagiémonos”… pero de solidaridad y auto-cuido

Somos una sociedad pobre; sin embargo, nada depende del dinero sino de la seriedad y la responsabilidad que cada salvadoreño debe tomar, pues pensar que somos invulnerables o asintomáticos es como tener un arma cargada en la sien y disparar.

Por Ricardo Lara
Médico

Ene 13, 2021- 19:04

A pesar de lo difícil que se ha convertido la convivencia en este nuevo escenario creado por la pandemia del #COVID_19 no podemos negar que han sucedido situaciones que han sacado lo mejor de una sociedad.
Quizá debería dividir lo vivido durante la pandemia en tres etapas: al principio surgió un miedo al contagio; incluso, se maldecía a la primera persona que dio positiva al virus. Luego aparece un miedo mezclado con solidaridad; todos sabíamos que podíamos ser el próximo en la lista de contagiados o fallecidos y se vivía el día, no había mañana, todo mundo valoraba a los suyos, había muestras de cariño y respeto hacia los otros, el trato al desconocido se convirtió en un respetuoso saludo, las familias se acercaron a la mesa, se volvió a tiempos donde la mesa se convirtió en el epicentro del amor. Nos protegíamos unos a otros, empezamos a ver la muerte como algo más real que lo que pensábamos de ella; dimos muestras de debilidad y de humanismo al llorar cuando uno de los nuestros se marchaba, particularmente compañeros de trabajo de esos seres que ofrendaron sus vidas sirviendo y salvando vidas.
Pero poco a poco bajamos la guardia. Es fácil notar como ha habido un aire de un falso triunfalismo en el mundo y en nuestro país, donde olvidamos la letalidad de tal enfermedad y nos hemos confiado con resultados catastróficos, pues los hospitales empiezan a dar señales de que llegaron a su capacidad.
Muchísimas personas bajaron la guardia en la época navideña creyendo que todo era cosa del pasado y los resultados están a la vista de todos. Por más que el Ministerio de Salud quiera ocultar y clasificar la información.
Es aquí donde debemos retomar esa etapa de pensar que no estamos exentos de ser contagiados y sufrir la enfermedad o la muerte misma y acatar las medidas de bioseguridad que conlleva el evitar el contagio. Podemos seguir siendo solidarios y a la vez unos fieles garantes de que cuidaremos unos de otros. Esta tarea no es exclusiva ni responsabilidad de gobierno alguno y del nuestro menos sino de la responsabilidad que debemos ejercer ante la propagación del virus cada uno de nosotros. Debe la solidaridad, el auto-cuido y tener una empatía hacia nuestro hermano, respetando lo establecido, para no vernos abatidos por el virus.
Somos una sociedad pobre; sin embargo, nada depende del dinero sino de la seriedad y la responsabilidad que cada salvadoreño debe tomar, pues pensar que somos invulnerables o asintomáticos es como tener un arma cargada en la sien y disparar.
Deseo que este año no haya ni tan solo un hogar que pierda a un miembro, pero eso se queda en mis mejores intenciones cuando todos sabemos que la realidad dicta otra cosa: será la poca empatía o la nula solidaridad las que decidirán el número de contagios y, por ende, de muertes, y debe ser la mucha empatía y una gran solidaridad hacia cada uno de nosotros la que se verá reflejada en la disminución de casos y en el bajo número de fallecimientos como resultado.
Los que estamos en primera línea somos fieles testigos de lo trágica y dramática que es la atención de un paciente contagiado por el virus, donde la impotencia del personal de salud es perceptible en cada uno de los rostros de los pacientes atendidos.
Debemos reconsiderar que la única mejor muestra de bioseguridad es la solidaridad y la responsabilidad para salir bien librados de esta tragedia que abate al mundo.
No necesitamos agravios ni indiferencia sino responsabilidad para no tener que lamentarnos, pues en ningún momento se ha mencionado que es un momento fácil o ligero por lo que atravesamos, día a día mueren pacientes ingresados o pacientes que por diferentes razones decidieron no asistir a un centro hospitalario y fallecen en sus casas.
Deseo que esta pandemia cese, que retomemos nuestras vidas, que aprendamos de esta desgracia para convertirnos en una mejor sociedad y que la muerte del otro nos duela, nos vuelva empáticos y como nación enarbolemos una bandera de la solidaridad: Cuidándome, cuido a mi familia.
¡Qué cara esta pandemia tan larga! ¡Qué cara esa nefasta política de toma de muestras! ¡Qué cara tanta ignorancia en prevención, educación en salud! Y, sobre todo, ¡qué caro tanto funcionario corrupto; que DIOS los perdone porque yo no podré y espero que la justicia divina y la justicia que ejercen los hombres tampoco los perdonen, pues por nefastas decisiones el contagio comunitario está a la orden del día y lo único que nos queda es tomar la responsabilidad individual y lo único que podemos dar es ser la sociedad más solidario del mundo. Nuestra tarea es contagiar de Solidaridad.

Médico.

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