La realidad que supera los discursos presidenciales

En tiempos de fácil registro de discursos y verificación de datos, el presidente debe saber que estas palabras también le plantean retos a él mismo. De tal manera que, como dice el refrán en inglés, “debe poner su dinero donde está su boca”.

Por Ricardo Avelar
Politólogo y periodista

Dic 15, 2019- 15:49

A diferencia de su alocución ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, las palabras del presidente de la República, Nayib Bukele, al cierre del foro de Doha, en Catar, fueron apropiadas dada la tónica general del evento.

En un foro que este año agrupó a líderes globales de distintos ramos para hablar de “reimaginar la gobernabilidad en un mundo multipolar”, el discurso de Bukele planteó algunos retos para lograr “construir el mundo que la humanidad ha soñado desde el inicio de la civilización”, algo que él mismo dijo.

El mandatario se enfocó en tres pilares para explicar dónde se ubica el mundo en este momento: globalización, interconectividad y niveles inéditos de producción. Con base en esto, dijo, no hay tiempo que perder para dar forma a un mundo mejor.

Este escenario, que describió sin detalles tan sofisticados pero de manera efectiva, plantea retos para las grandes potencias. Tiene razón al decir que las formas de comunicar, producir y compartir información han cambiado y que la tecnología puede servir como un vehículo para acelerar las transformaciones que la humanidad necesita.

Sin embargo, y en tiempos de fácil registro de discursos y verificación de datos, el presidente debe saber que estas palabras también le plantean retos a él mismo. De tal manera que, como dice el refrán en inglés, “debe poner su dinero donde está su boca”, es decir ser consistente con lo que ha dicho.

Su incipiente legado como presidente es aún incierto. Hay algunas mejoras previo a anteriores administraciones, pero no hay cambios sustanciales. Sí hay mucha “información”.

Y es precisamente ahí donde las palabras de Bukele en Catar enfrentan su primer reto. Si su afán es destacar la interconectividad y la facilidad de difundir información como nunca antes, mal haría en ignorar que su estilo de comunicación hacia la ciudadanía salvadoreña es unidireccional. Es cierto que las redes permiten expresar más, pero también que deberían servir para tender puentes de diálogo, responder a preguntas difíciles de ciudadanos que nunca habían tenido acceso a comunicarse con los gobernantes y a transparentar la gestión pública.

Todas estas son deudas de la actual administración, que no solo no ha avanzado en la materia, sino que privilegiado el anuncio mediático sobre la sustancia y ha tratado con ferocidad a aquellos críticos que lo notan. Ese es un uso malicioso de la tecnología. Pero eso no lo iba a decir en Catar.

El mandatario también habló de mejoras en la producción, avances en la forma de comerciar alrededor del mundo y la cuarta revolución industrial. Esto, sin embargo, no se puede lograr sin una apuesta clara por el capital humano. Si nos remitimos a los hechos, el presupuesto que ha presentado no refleja esta prioridad.

Hay, en el plan de gastos, recortes significativos en Educación (como la escuela inclusiva de tiempo pleno o el instituto de formación docente). Asimismo los hay en Salud, Agricultura y atención para mujeres, entre otras áreas destinadas a fortalecer el bienestar y las capacidades de nuestra gente. Por otra parte, no es sorpresa que hay un significativo incremento en el gasto de publicidad, el cual será mayor a la suma de importantes programas como Educación inicial, Jóvenes talentos, Alimentación Escolar, entre otros.

Finalmente, el presidente habló de globalización, una realidad latente en nuestro mundo. Para aprovechar los frutos de esta, es imprescindible tener una política exterior audaz pero sensata y estratégica. Lastimosamente, en estos seis meses hemos visto una posición poco clara y ambigua en temas clave como la relación con China, el tipo de acuerdos migratorios firmados con Estados Unidos y hasta la manipulación de la verdad al decir que la “renovación” del TPS era un premio a El Salvador, cuando solo era parte de un proceso judicial en curso en Estados Unidos.

El mismo presidente admitió recientemente a una cadena norteamericana, pues en casa no responde muchas preguntas, que el país no está listo para asumir los migrantes que se comprometió a recibir al firmar el infame tratado de “cooperación de asilos”.

Si las redes no se usan para transparentar y dialogar, sino para repetir medias verdades y castigar críticos; si no se invierte decididamente en capital humano pero sí en publicidad; y si no se estudia cuidadosamente la política exterior, ninguno de los tres pilares del discurso está siendo correspondido por la realidad de la gestión Bukele.

Afortunadamente estamos a tiempo de ver un cambio de dirección, y ojalá lo haya. Si es así, el mandatario será recordado como aquel que supo aprovechar los nuevos tiempos para ofrecer salidas innovadoras. Si no lo hace, entrará a la categoría que ha popularizado él mismo: los mismos de siempre que priorizaron poder y vanidad sobre sensatez y búsqueda de acuerdos trascendentales.

Yo elijo creer que puede haber un cambio para bien, pero no vendrá solo y requerirá de voluntad política pero también de seguir haciendo preguntas.

Volviendo al discurso, se destaca que hubo más sustancia que ante las Naciones Unidas y se espera que haya una apuesta por actuar según lo prometido ante los líderes globales. Y si no, que las mismas palabras del presidente nos sirvan para recordarle que la realidad sigue siendo eso… real y más poderosa que un bonito discurso.

 

Bukele dio un discurso de aproximadamente 15 minutos, en el que abordó a manera general los temas de la globalización y la interconectividad en las sociedades.

 

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