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El “pueblo” salvadoreño

Los políticos deberían cuidar un poco más el uso ideologizado de los términos “Dios” y “Pueblo”; por intentar quedar bien se exceden y excluyen. Cuando le hablan al pueblo salvadoreño se dirigen a todos, a toditos los sectores y comunidades, urbanos y rurales, hombres, mujeres, LGBTI, ricos, pobres y clase media, campesinos e industriales, estudiantes, maestros, desempleados, vendedores, profesionales, y un largo etcétera.

Por Óscar Picardo Joao

En la narrativa de los nuevos diputados de la Asamblea Legislativa, sobre todo en las Comisiones que investigan los sobresueldos y las transferencias irregulares a ONGs, se oye la utilización del concepto “pueblo salvadoreño” de modo recurrente e insistente.
Da la impresión que los diputados utilizan dos categorías semánticas disociadas: pueblo, para referirse a ciudadanos afines a su partido o escépticos; y otros que no son pueblo, partidos de oposición, críticos, dirigentes, empresarios, etcétera.
Desde el punto de vista etimológico, el concepto “pueblo” viene del latín populus, implicando una diversidad de acepciones que desembocan en el “conjunto de ciudadanos” de un lugar, región o país. Populus -de la misma raíz que puber y pubis- se identificaría también con la juventud. En este contexto, cuando nos referimos al “pueblo salvadoreño”, son todos los ciudadanos que ostentan la nacionalidad salvadoreña, sin distinciones socio-económicas, raciales, religiosas o políticas.
Desde el punto de vista jurídico y político, el concepto pueblo es determinado por la asociación basada en el consentimiento del derecho, la comunidad de intereses y los aspectos culturales que también definen la identidad.
En la antigüedad clásica occidental romana se utilizaba el Senado y el Pueblo Romano (Senatus Populusque Romanus: SPQR) como dos categorías que constituían y delimitaban el Estado a través de dos cuerpos sociales: Patricios y Plebeyos (ciudadanos y esclavos).
Una definición lexicográfica habitual de “pueblo” como “todo grupo de personas que constituyen una comunidad cultural” cubre no solo el conjunto de ciudadanos en su totalidad, sino cualquier subsector o grupos sociales minoritarios.
A veces se comete el grave error de utilizar el concepto pueblo o popular pasa designar estratos demográficos de limitados recursos, bajos, pobres o excluidos; gente común, humilde, campesinos, vulgares o rústicos. Esto genera un vicio de separatismo referente a las clases dirigentes, élites, empresariales o políticas.
Pueblo salvadoreño implica a todos los ciudadanos que ostentan la nacionalidad –nacidos o naturalizados- y probablemente también a quienes viven en el país, aman y defienden los valores propios de El Salvador, aunque no tengan la nacionalidad.
Al final, los gobernantes, diputados, ministros o alcaldes administran los recursos públicos y toman decisiones de política pública para “todos” los ciudadanos, y no sólo para sus correligionarios, amigos y compadres.
Los políticos deberían cuidar un poco más el uso ideologizado de los términos “Dios” y “Pueblo”; por intentar quedar bien se exceden y excluyen. Cuando le hablan al pueblo salvadoreño se dirigen a todos, a toditos los sectores y comunidades, urbanos y rurales, hombres, mujeres, LGBTI, ricos, pobres y clase media, campesinos e industriales, estudiantes, maestros, desempleados, vendedores, profesionales, y un largo etcétera.
Pueblo, en teoría política y derecho constitucional, es el sujeto de la soberanía nacional entendida como soberanía popular; así, nación es el pueblo que define un Estado; y un pueblo es aquel grupo social que ha desarrollado ciertos vínculos de colectividad normativa entre sus miembros como resultado de su conciencia e identidad y, de la actuación orientada a un ente estatal e independiente.
El pueblo salvadoreño “trabajador” incluye algunos vagos y NINIS; el pueblo salvadoreño son los de derecha, de izquierda, los de centro y los que dicen no tener ideología. Los que aprueban y condenan el aborto o la pena de muerte. Los del Alianza, FAS o Águila, y no sólo los que se unen en torno a la selecta, también los que aborrecen el fútbol. Pueblo no son las muchedumbres ni las masas. No se confundan…
Lo salvadoreño está muy bien definido por Roque Dalton, Humberto Velázquez u Horacio Castellanos Moya; y nos deberían dar un “premio de resistencia” por seguir soportando a tanto político manipulador…

Investigador Educativo/

opicardo@asu.edu

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