Niños hiperactivos

No se puede negar que con esta condición se ha cometido excesos, sometiendo a tratamiento casos sin que lo ameritaran; pero dejar de ofrecer un tratamiento probadamente efectivo en los casos que lo ameritan es peor.

Por José María Sifontes
Médico siquiatra

Ago 09, 2019- 19:31

Pocas alteraciones conductuales generan tanta discusión y polémica como la del déficit de atención con hiperactividad. La discusión se centra más que todo en cuanto al tratamiento farmacológico, y las posiciones a este respecto llegan en ocasiones a ser extremas.

Es común ver en los congresos internacionales de Psiquiatría manifestantes con pancartas que gritan consignas contra los psiquiatras y sus tratamientos. Y el tema del tratamiento de los pacientes con déficit de atención con hiperactividad es uno de los que más los acaloran. ¿Qué hace que esta enfermedad genere tanta animosidad? Para responder esto comencemos explicando en qué consiste la condición.

El déficit de atención con hiperactividad es un trastorno que se produce en niños (aunque puede persistir en la adultez) y que consta básicamente de dos componentes. El primero es la incapacidad de mantener centrada la atención por un espacio de tiempo suficiente para cumplir con tareas específicas. Son niños que se distraen con extrema facilidad y su foco de atención salta constantemente de una cosa a otra. El componente hiperactivo, que incluye inquietud motora e impulsividad, tiene factores intrínsecos, pero también es consecuencia de la incapacidad de concentrarse en un objetivo. El resultado es un niño que no puede mantener una misma actividad por el tiempo que ésta requeriría y que necesita contante vigilancia. Los padres de niños con este trastorno tienen muy pocos momentos de descanso.

Los casos graves no implican mayor dificultad en el diagnóstico, pues son evidentes. El problema se da en los casos no tan graves, pues surge la duda de si estos niños no son más que inquietos, curiosos y con mucha energía, es decir, características normales en los niños. Aquí surge el dilema y muchos ven que la condición ha sido sobrediagnosticada, en especial en ambientes estrictos que demandan más disciplina. Por otro lado, el no diagnosticar y tratar adecuadamente un problema existente puede acarrear serios problemas, tanto presentes como en el futuro. Los niños con déficit de atención con hiperactividad tienen generalmente un pobre rendimiento escolar y son blanco de castigos de parte de maestros y cuidadores, y de burlas de parte de hermanos y compañeros de escuela. Esto promueve que el niño crezca con una mala imagen de sí mismo y una baja autoestima. Muchas investigaciones han determinado que los niños con esta condición tienen mayor riesgo de consumir drogas al llegar a la adolescencia y la juventud. En este punto el tratamiento es importante pues previene este desfavorable pronóstico.

El tratamiento, aparte de medidas conductuales y de coaching, se basa en estimulantes del sistema nervioso. En el imaginario colectivo dicho tratamiento está plagado de mitos, malentendidos y prejuicios, en primer lugar porque aparentemente es ilógico. ¿Cómo puede un niño, ya hiperactivo, mejorar con un estimulante? La respuesta a esta presunta contradicción es que los estimulantes permiten que la atención pueda ser enfocada por más tiempo, resolviendo tanto la inatención como su consecuencia, la hiperactividad. Un efecto que se observa rápidamente en los niños tratados es que sus notas escolares mejoran significativamente. Asimismo, dejan de ser castigados o rechazados. Con esto su autoestima mejora de manera dramática. Los estimulantes pueden provocar ciertos efectos secundarios, pero los beneficios contrarrestan los problemas.

No se puede negar que con esta condición se ha cometido excesos, sometiendo a tratamiento casos sin que lo ameritaran; pero dejar de ofrecer un tratamiento probadamente efectivo en los casos que lo ameritan es peor.

Médico siquiatra

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