Mujeres y poder

Quienes hemos tenido o tenemos la oportunidad de tener una voz en espacios mayoritariamente masculinos, estamos en una posición privilegiada para continuar empujando una agenda con mayor participación de las mujeres en espacios de toma de decisión, particularmente en la esfera pública, en la política. Una participación en la que no nos sintamos presionadas a renunciar a nuestra esencia

Por Carmen Aída Lazo
Economista, Decana de la ESEN

May 24, 2019- 20:19

Hace unas semanas el Financial Times publicó un artículo que inicia con un título conmovedor: “Greta Thunberg: “All my life I’ve been the invisible girl” (“Toda mi vida he sido la niña invisible”). Greta Thunberg es una estudiante sueca de 16 años, nominada al premio Nobel de la Paz por su lucha contra el cambio climático, y quien se ha convertido en una inspiración para miles de estudiantes, primero en Europa y ahora en todo el mundo. Hace unos años, Greta fue diagnosticada con síndrome de Asperger y desorden obsesivo compulsivo, pero eso no la ha frenado de convertirse en esa voz genuina y poderosa que necesitaba la causa del cambio climático. El mensaje de Greta es directo y claro: están robando mi futuro.

En los últimos meses, he leído sobre la trayectoria de Greta y la he escuchado en su Ted talk sobre cambio climático. Rápidamente se ha convertido en una referente del tipo de liderazgo al que deseamos aspirar muchas mujeres en todo el mundo: un liderazgo de incidencia, no de popularidad, manteniendo nuestra esencia y autenticidad en el camino.

En el artículo, Greta admite que no le gusta estar en el centro de atención, que toda la vida fue esa niña invisible, siempre atrás, a la que nadie veía o escuchaba. Esa confesión me emocionó. ¿Cuántas veces muchas mujeres nos hemos identificado con esa sensación de invisibilidad? ¿Con ese sentimiento de no ser escuchadas? ¿Con el temor de no estar a la altura de los retos? Estoy segura de que no es algo que solo experimentamos las mujeres, pero lo cierto es que han sido muchas mujeres y jóvenes salvadoreñas quienes en conversaciones me han compartido ese mismo sentir. Sin embargo, somos muchas, las que, pese a nuestras inseguridades, queremos tener nuestra propia voz.

Pero no son solo nuestras propias inseguridades con las que muchas veces debemos de lidiar en nuestros esfuerzos por incidir, pues es innegable que aún enfrentamos un entorno muchas veces hostil. A inicios del año pasado me regalaron el libro de Mary Beard titulado Mujeres y poder: un manifiesto, un libro que recomiendo para todas esas mujeres que buscan una reflexión sobre esa relación tan compleja de las mujeres con el poder y su evolución en la historia. Beard demuestra que, a lo largo de la historia, las mujeres han sido silenciadas y apartadas sistemáticamente del acceso a espacios de poder. Naturalmente este no es un tema nuevo, pero Mary Beard tiene el mérito de utilizar una serie de ejemplos de tácticas y mecanismos —algunos inconscientes— que han sido usados, y siguen siendo utilizados, para callar a las mujeres cuando buscan tener una voz en la esfera de lo público. Una táctica común es, por ejemplo, representar a las mujeres como tontas e incapaces.

No cabe duda de que la relación de las mujeres con el poder ha mejorado sustancialmente en el último siglo, pero aún hoy en día no falta alguna figura pública local que le diga a una mujer en las redes sociales: “Cerrá la boca”. Mary Beard lo expresa así: “No importa mucho qué línea tomes como mujer, si entras en territorio tradicionalmente masculino, el abuso vendrá de todas formas. No es lo que tú digas lo que lo provoca, es el mero hecho de hacerlo” (la traducción es mía).

Entonces, ¿qué debemos hacer con esta realidad? En primer lugar, comprenderla y reconocerla con valentía. Reconocer, como señala Mary Beard, que no podemos hacer encajar fácilmente a las mujeres en una estructura de poder que ha sido tradicionalmente codificada como masculina. Lo que debemos hacer es cambiar la estructura.
Las mujeres no debemos renunciar a nuestra esencia o adoptar un estilo de liderazgo masculino para hacernos escuchar. Lo está demostrando Greta Thunberg, y también lo demostró recientemente con contundencia ante el mundo la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, con su ejemplo de sensibilidad, firmeza y humanismo, ante las masacres en dos mezquitas en ese país.

A pesar de la amplia evidencia de los beneficios de una mayor diversidad en estilos de liderazgo y del gran aporte de mujeres como Greta y Jacinda, la noción del líder sigue siendo predominantemente masculina. Hace pocas semanas les dije a mis alumnos: “A ver, piensen en una persona con liderazgo”, y luego les pregunté: “¿Quiénes automáticamente pensaron en un hombre?”. La mayoría pensó en una figura masculina. Les dije que yo pensé en Greta Thunberg, en Jacinda Ardern, en Malala Yousafzai, mujeres que reflejan el tipo de liderazgo sensible y de incidencia que nos inspira a muchas mujeres. Para mí, ellas reflejan la verdadera política, esa acción que promueve cambios en beneficio de las sociedades, en contraste con la noción de líder político arrogante, caudillista, de popularidad, “famoso”, que suele dominar las conversaciones cotidianas y la discusión en las redes sociales.

Resulta, por ende, esencial, promover la constante discusión y reflexión —con participación de diferentes perspectivas y disciplinas (historia, sociología, economía, arte, etc.)—, sobre el concepto de poder, sobre la narrativa tradicional en torno al modelo de poder como algo masculino, y sobre la necesidad de redoblar esfuerzos para desmantelar tácticas y esquemas arraigados que, aún en el siglo XXI, continúan inhibiendo a las mujeres de participar en espacios de poder.

Quienes hemos tenido o tenemos la oportunidad de tener una voz en espacios mayoritariamente masculinos, estamos en una posición privilegiada para continuar empujando una agenda con mayor participación de las mujeres en espacios de toma de decisión, particularmente en la esfera pública, en la política. Una participación en la que no nos sintamos presionadas a renunciar a nuestra esencia. Estoy segura de que las mujeres aportamos una perspectiva valiosa y complementaria a los estilos de liderazgo masculinos más tradicionales. Por supuesto, siempre habrá quienes querrán callar nuestras voces, pero como dijo Maya Angelou: “no nos moverán”.

Disponible en: https://www.ft.com/content/4df1b9e6-34fb-11e9-bd3a-8b2a211d90d5

Se puede acceder a esta breve intervención de Greta Thunberg en el siguiente enlace: https://www.ted.com/talks/greta_thunberg_the_disarming_case_to_act_right_now_on_climate?language=en

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