Mi nieto ya está enjaranado

Según FUSADES, la deuda pública del Sector Público No Financiero ya alcanzó el 70.7% del PIB; para traducir estos aburridos datos financieros a buen salvadoreño, implica que cuando papá gobierno quiere salir a comprar $1.00 de tortillas, no puede, solo puede comprar $0.30 centavos, ya que le debe a la señora de la tienda $0.70 de ese dólar. El problema es que la señora de la tienda ya no le quiere fiar... y cuando le fía, le vende las cosas más caras.

Por Maximiliano Mojica
Abogado, máster en leyes

Oct 07, 2019- 05:15

“Estar enjaranados” es una expresión coloquial que se utiliza para referirse a aquel que se ha metido en un brete, en un lío, en un problema. La mayoría de las veces, la expresión hace referencia la situación en que está aquel hijo de la vecina, que debe hasta la camisa y ya ni contesta el teléfono, para evitar escuchar la sinfonía de acreedores que le reclaman el pronto pago de sus deudas.

Revisando el Presupuesto de El Salvador, podríamos decir que “nuestro país está enjaranado”. Para el 2020, nuestro gobierno quiere gastar la friolera de $6,426 millones de dólares, colosal suma que planea completar con $755 millones de dólares en deuda pública, con lo cual, la deuda que debemos todos los salvadoreños ascenderá al astronómico monto de $20,311 millones de dólares.

Si tomamos en cuenta que según estimaciones (ya que censo exacto no tenemos), habremos 6,581,860 seres humanos que compartimos el mismo aire en estos 21,000 km cuadrados; entonces, cada salvadoreño le debe al BID, Banco Mundial, AFPs, compradores de bonos y otros acreedores, la nada despreciable suma de tres mil noventa dólares por cabeza (aproximé el monto, ya que siempre habrá algún vivo que no quiera cumplir con esta obligación colectiva y se la va a querer endosar a algún vecino).

Es decir, cuando mi nieto nazca (cosa que espero suceda dentro del plazo más largo posible, ya que mi hijo mayor tiene apenas 19 años), el pobre ya va a venir enjaranado, cortesía de los 84 Diputados que, sin andar con tanta quemazón de neuronas, apretarán el botón verde en su curul, para aprobar, casi como acto reflejo, un presupuesto en que se gasta generosamente fondos públicos que tenemos; y por supuesto, que también se gasta aquello que no tenemos.

Según FUSADES, la deuda pública del Sector Público No Financiero ya alcanzó el 70.7% del PIB; para traducir estos aburridos datos financieros a buen salvadoreño, implica que cuando papá gobierno quiere salir a comprar $1.00 de tortillas, no puede; solo puede comprar $0.30 centavos, ya que le debe a la señora de la tienda $0.70 de ese dólar. El problema es que la señora de la tienda ya no le quiere fiar… y cuando le fía, le vende las cosas más caras.

De esa forma, cuando papá gobierno anda por ahí buscando quien le presta para llegar a fin de mes, encuentra cada vez más puertas cerradas; ahora solo le quedan aquellos que le quieren prestar a montos elevados de interés, porque prestarle a alguien que debe tanto, es arriesgado; y es más arriesgado cuando le presta a la familia latinoamericana, que ponen cara alegre cuando reciben la plata, pero se ponen bien bravos cuando los acreedores le quieren cobrar.

Aquí es donde los analistas financieros salimos con recetas bien aburridas, como consejos de abuelita: “No gastes más de lo que ganas”; “ahorra para el futuro”; “no botes el pisto en tonteras”. El problema es que con esas prudentes recetas no se pueden hacer políticas públicas para mantener contentos a los posibles votantes. ¿Cómo le voy a cubrir todos esos subsidios, para que me sigan viendo simpático y “amigo del pueblo”? ¿Cómo voy a darle el gusto a los buseros que me piden más plata para el trasporte público? ¿Con que pisto voy a contratar a la cherada en puestos de gobierno? ¿Cómo voy a pagar la planilla de todos esos “asesores”?

Si el padre de familia sigue “topando la tarjeta” para darle gusto a los bichos y a la señora, y si sigue gastando más de lo que gana, más temprano que tarde va “tronar” financieramente. Luego vienen los “ayes”, los embargos, las expulsiones de los cipotes del colegio, la pérdida del empleo o de la casa… Eso pasa en lo privado, pero el problema de lo público es que no afecta a la familia del funcionario, sino a todas las familias salvadoreñas.

El salvador es la casa de todos, va a ser muy triste que, por la decisión de unos pocos, vayamos al desastre todos; incluido mi pobre nieto que no ha nacido, quien no debería pagar los platos rotos de esta generación de políticos que nos administran.

Abogado, máster en leyes.

@MaxMojica

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