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Ver morir a Coatepeque

Según un estudio de FUNDACOATEPEQUE, el agua del lago no es apta para el consumo humano, contiene una fuerte presencia de heces fecales, grasa y aceites, minerales por ser de origen volcánico y salinidad alta.

Por Carlos Francisco Imendia

Antes de la Conquista española sobre lo que hoy es el territorio salvadoreño, en el S. XVI, Coatepeque ya era un lugar importante para los nahua pipiles, una laguna labrada por la misma cadena volcánica y que la cosmogonía nahua-pipil destinaba a sitios ceremoniales, de oráculo y sacrificio.
Los elementos agua y fuego estrechamente vinculados a la tierra, el fuego infraterrenal de la cadena volcánica, la estrecha relación entre el lago y el Ilamatepec (Volcán de Santa Ana, el único activo en el proceso de conquista), la presencia fundacional de Quetzalcoatl en el génesis de la cultura nahua y la creación humana, y el que dio a los pipiles la tierra fértil donde se asentaron. Coatán es mencionado en algunas crónicas de conquista como la del oidor Lic. Diego García de Palacio, su significado en náuhuat es: Coat; serpiente y tan; lugar. Posteriormente la palabra para denominar al lago se deformó en Coatepeque: “El cerro de la serpiente (Emplumada)”.
El historiador Jorge Lardé y Larín, en su libro de Conquista de nuestro territorio, relata sobre el enigmático oráculo pipil de Itzcueye, un diosa venerada por las antiguas sociedades, cuyo significado es: La de los vestidos de Obsidiana, una doncella de Quetzalcoatl y que formó parte de la encrucijada civilizadora, emergiendo con él del lago de Güija. Dicho adoratorio se situaba en la isla del lago que se llama Teopán, los españoles mandaron a remover el monolito de Itzcueye con fornidos hombres de color, que se asentaban en una comunidad cercana al lago, para su demolición.
¡Grande es la historia de Coatepeque! Su riqueza natural incalculable, su aporte biológico y de biodiversidad es equilibrio para la zona. Lamentablemente el turismo, en vez de ser un gran aliado, se ha convertido en enemigo del lago y la explotación irracional ha llegado a tal punto que estamos presenciando la muerte lenta de esa maravilla natural.
La indiferencia de alcaldes de los municipios que inciden en el lago (que son tres), la pasividad del ministerio del Medio Ambiente ante las continuas vulneraciones a áreas protegidas, la no bien definida política de Turismo Sostenible del MITUR hacen que la única voz de auxilio del Lago de Coatepeque sea la fundación Coatepeque y el biólogo Rubén Sorto.
Lo que el biólogo y la fundación describen del futuro del lago no es nada alentador. Según un estudio de FUNDACOATEPEQUE, el agua del lago no es apta para el consumo humano, contiene una fuerte presencia de heces fecales, grasa y aceites, minerales por ser de origen volcánico y salinidad alta. Números de Coatepeque según la fundación: 8,000 habitantes, 17 cantones, 33 restaurantes, 430 quintas, 468 bombas de agua; 1,300 toneladas de basura al año. Aun así los turistas siguen llegando y disfrutan del paisaje sin tomar en cuenta que están viendo morir al lago. Urgen medidas ambientales, auditar las prácticas ambientales que todos los actores vinculados al lago llevan a cabo. El lago no es un inmenso inodoro. ¡Salvémoslo!

Publicista y ambientalista/Chmendia

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Medio Ambiente Opinión

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