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La academia en la Medicina

Ojalá este artículo sea un motivador, de una fuente donde nos remontemos a vivir los mejores tiempos de la medicina salvadoreña donde la enseñanza sin envidias, donde la academia eran y vuelvan a ser los pilares de nuestra profesión.

Por Ricardo Lara
Médico

Hablar de Medicina es viajar a nuestro pasado donde la que fue la élite de las profesiones mantenía en vilo a los médicos en un constante aprendizaje; eruditos, médicos íntegros se encargaban de hacer de lo difícil algo fácil, de lo imposible algo posible y del talento, una entrega al servicio del paciente.

Los tiempos han cambiado. La metodología también. Mucho se está perdiendo en la cantidad de reuniones donde médicos brillantes presentaban un caso clínico y por esa vastísima preparación, poco a poco llegaban al diagnóstico acertado.

Muchísimos médicos jóvenes desconocen tales hazañas y se limitan a que todo está disponible en un táctil y aun, para tristeza de un gremio, muchos prefieren toda la docencia de modo virtual prefieren copiar y pegar alguna tarea de investigación cargando, no con la culpa sino con un pecado sin nombre, pues perdieron todo deseo de investigación, de escudriñar, de saber, de compartir tales conocimientos en beneficio del que carga con el talento del médico como es la salud y vida del paciente.

Deben el Ministerio de Educación, las universidades, el Consejo Superior de Salud Pública, la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica retomar la academia como uno de sus principales logros o metas, es a través de la preparación continua, la actualización de los nuevos métodos pedagógicos  que entre más tiempo se estudie, se investigue y se viva en un hospital, ese tiempo no será en vano, todo lo contrario, de a poco tendremos nuevamente médicos dedicados a la investigación científica, eminencias que serán una luz en todo un país y aun fuera de él.

Con el tiempo, el médico 2.0 ha quedado relegado a que su carga de aprendizaje dé paso a una carga laboral donde no queda tiempo para la lectura; todo lo contrario, al médico interno, al médico en servicio social y a los médicos que cursan una residencia se les disminuya el tiempo de la cátedra y quieran compensarlo con la vía virtual, la tecnología y métodos pedagógicos modernos pero de menor interacción humana. Ojalá y en esto esté equivocado y esté todo cambiando dado que el conocimiento que, como un deber y un derecho deben recibir una academia de primera calidad, donde sirva de ejemplo que disertar por horas y acertar en un diagnóstico que no dejó de complicar a un grupo de profesionales sea debatido y que, así, el médico alcance los lugares de prestigio fueron de la medicina salvadoreña.

El conocimiento merece respeto sin llegar a que, en una demencia momentánea, creamos que somos dioses o que vivimos en el Olimpo ¡Craso error! Y entender que, si somos afortunados de haber recibido una excelente preparación es imperativo compartir tales conocimientos con nuestra gente, con los médicos jóvenes que han perdido ese derecho a aprender y básicamente, su preparación está más enfocado en “sacar trabajo”, algo que no abona en su preparación y por ende, el único beneficiado o mal atendido será el paciente.

Debe saber el estudiante de medicina y el médico joven que llegar a entrar a la élite de la medicina se requiere mucho esfuerzo, competir no con el compañero, sino con uno mismo y siempre buscar dar ese valor agregado en el trabajo y proceso formativo, tristemente ante la infinita cantidad de médicos que se gradúan cada año, la mayoría deberá ejercer su profesión en lugares remotos que quizá, nunca creyó ni conocer, esa es la realidad y por dura que parezca, es la calle la que nos termina de aterrizar al darnos cuenta que no es fácil salir adelante en un mercado tan competitivo y que solo el conocimiento serán las cartas de presentación para que nuestros médicos se revistan de respeto hacia sí mismos y hacia el paciente, de humildad y como dice un viejo dicho: “El perico donde quiera es verde”.

Ojalá este artículo sea un motivador, de una fuente donde nos remontemos a vivir los mejores tiempos de la medicina salvadoreña donde la enseñanza sin envidias, donde la academia eran y vuelvan a ser los pilares de nuestra profesión.

El conformismo, la mediocridad y la indisciplina nunca llevaran a feliz término a nadie y en el caso del médico el día que se gradúa ese día debe empezar a estudiar y buscar esa meta ambiciosa de ser un médico no con uno ni cinco talentos si no con diez talentos por multiplicar.

Médico.

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