Más allá del nepotismo en el sector público

“Un funcionario ‘no corrupto’ presencia una ilegalidad en la que no participa. Calla, aunque se promete a sí mismo que si algún día aquello se destapa y le llaman a declarar dirá toda la verdad, pero la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

Ene 12, 2020- 18:17

Etimológicamente, la palabra nepotismo proviene del latín nepotis o nepos que significa “sobrino” o “nieto”. El nepotismo se ha podido observar bajo diversos contextos de la historia. En el Imperio Romano, Pompeyo cedió a Metelo Escipión 2 tropas o milicias sin importar que la persona no poseía habilidades en el área militar, y así muchos casos que podrían servir de ejemplo a lo largo de la historia.

Por otra parte, la Real Academia Española (RAE) lo define literalmente como “utilización de un cargo público, para favorecer a familiares o amigos en la selección de personal, al margen del principio del mérito y capacidad”.
Cuando hablamos de este tópico se genera una efervescencia en el entorno social en que vivimos.

El nepotismo es algo complicado de erradicar a corto plazo, e incluso me atrevería a decir a largo plazo en nuestro entorno social. Sin embargo, debemos ir más allá de la figura del nepotismo y realizar una serie de valoraciones al respecto.

La primera, lo que reza el artículo 218 de la Constitución de la Republica de El Salvador, la cual establece que los empleados y funcionarios públicos están al servicio del Estado, y debemos comprender que el Estado somos todos; por lo tanto, ser funcionario público significa estar al servicio de la sociedad y no de una fracción política determinada, lo que lastimosamente no se ha visto reflejado en la mayoría de casos y en la práctica ha sido en la mayoría de casos más falso que una moneda de tres dólares.

Otros elementos fundamentales que reza la Constitución de la Republica, en su artículo 219, son la meritocracia y aptitud, es decir, no se trata únicamente en entronizarse en un cargo público; hay que demostrar que existe voluntad y capacidad para desempeñar una función, dejando un lado actitudes petulantes y jactanciosas.

Por otra parte, la profesionalización, es decir, brindar herramientas que mejoren las habilidades de una persona para hacerla competitiva en términos de su profesión u oficio, debe ser constante. No se puede seguir permitiendo que exista recurso humano que aún siga operando bajo pensamientos arcaicos y burocráticos que entorpezcan el funcionamiento de un sistema público óptimo y en constante dinamismo.

El abuso desmesurado y la corrupción que acompaña al nepotismo no son sanos para el Estado. Decía Cicerón: “Un funcionario ‘no corrupto’ presencia una ilegalidad en la que no participa. Calla, aunque se promete a sí mismo que si algún día aquello se destapa y le llaman a declarar dirá toda la verdad, pero la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

Si se va ejercer un cargo público, independientemente la forma en que haya obtenido dicha posición, se debe razonar con mente fría y reconocer que ser funcionario público no es un juego, ser funcionario público es brindar un servicio útil, más no inútil, para la sociedad.

Abogado, Master en Tributación Internacional y Asesoría Jurídica de Empresas, jefe de Investigaciones de la Universidad Nueva San Salvador.

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