Los primeros rebeldes

En nombre de los compañeros que se fueron (a mis años soy el único sobreviviente) aliento a nuestro querido pueblo y, en especial a su juventud, a que continúen la lucha. Si nosotros, pese al empeño, no pudimos, la nueva juventud formando grupos y asociaciones deseosos de entrar a la palestra, seguirán sin duda, la consigna latina: “Plus Ultra”.

Ene 11, 2020- 23:19

Hace ya muchos, muchos años, en tiempos de Maricastaña, cinco estudiantes universitarios recién ingresados al Alma Mater, decidimos formar la Asociación “Frente Cívico El Derecho”. Éramos contrarios al gobierno, a la desorganización de la sociedad, a la inoperancia de las instituciones, y nos constituimos en defensores de los derechos del pueblo. ¡Eso no puede ser! Dijimos, con determinación y abrazando nuestros códigos.
Y procedimos a formar la Asociación: éramos cinco compañeros: José Enrique Silva, Ricardo Falla Cáceres, Leonel Carías Delgado, Rodrigo Antonio Gamero y este servidor. A luchar contra la injusticia pues; a darle sentido a esa palabra ubicua “democracia” que ocupan hasta los sátrapas y los tiranos. A las calles, a las plazas, a las aulas, al paraninfo y a cuanta tribuna se nos pusiera enfrente, para gritar ¡Abajo el despotismo! ¡Viva la libertad! Y no callar; expresar cuál era el sentido de las palabras olvidadas “Libertad, Igualdad, Fraternidad” frente a las consignas contrarias.
Algún éxito tuvimos. Mientras el estudiantado, en general continuaba su lucha. La AGEUS y Opinión Estudiantil, a falta de partidos políticos, eran el azote de los malos gobiernos y el faro que orientaba las acciones del pueblo. Había que conquistar el Estado de Derecho, conjuntos de instituciones por las que corre la auténtica democracia.
Pero los tiranos, al estilo de Maduro, Ortega, Correa y Evo Morales, seguían llegando. Uno de esos especímenes surgió entre nosotros hace algunos años: Maximiliano Hernández Martínez, quien tuvo y aún tiene seguidores por su buena administración —dicen— conseguidas, sin embargo, a sangre y fuego.
El Frente Cívico El Derecho participó discreta y efectivamente en todos los acontecimientos de aquel tiempo que culminó con la diáspora de estudiantes y obreros contra el usurpador coronel Osmín Aguirre y Salinas y libraron la batalla de El Espino, en Ahuachapán. 1944 fue un año que hay que recordar siempre para que al solio presidencial lleguen siempre los mejores y no los ladrones.
El 25 de enero de 1961 se quebró una luz esperanzadora. El Directorio Cívico Militar desplazó a la Junta de Gobierno de El Salvador y se perdió la oportunidad de ascender una grada, una, en el camino de la democracia y el Derecho. Con artimañas se abrogó la Constitución que doce años antes había promulgado el Consejo de Gobierno Revolucionario y se sancionó la de 1962, que era una copia al carbón de aquélla con la sola modificación en su texto para franquear el poder al doctor Rodolfo Cordón Cea y al Coronel Julio Adalberto Rivera.
El P.R.U.D. se transformó en el P.C.N. soportes ambos de todos los gobiernos militares que siguieron la consigna internacional: “Seguridad Nacional”. Es decir: robo de banderas y pan sin libertad. Y nueva diáspora se impuso en nuestro país.
Pasaron los días, pasaron los meses, pasaron los años. El país hervía de ataques y contraataques que ocasionaban represión y sangre. La guerra civil se prolongó doce años hasta que el 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz que desarmaron a la guerrilla, pero sin quererlo, alentaron a las maras que hoy azotan al pueblo.
Tenemos nuevo gobierno en quien —con palabras bíblicas— guardamos las esperanzas- ¡Que no nos defraude después del caudal de votos que conquistó! Mantengamos el optimismo y el espíritu combativo que nos caracteriza. Las señales que da el gobierno nos dan, en buena medida, una percepción positiva. ¡Que el Salvador del Mundo nos acompañe, después de las obscenidades que sufrimos nosotros con los gobiernos anteriores y que estamos viendo agravadas en Suramérica!
¿Y qué se hizo el Frente Cívico El Derecho? Fue una asociación fugaz que un día quiso redimir a El Salvador. No pudimos. Pero hoy, con el aporte de las nuevas generaciones juveniles que están surgiendo, seguramente tendremos un país pujante, libre, justo, ordenado y progresista: ¡Aleluya!
En nombre de los compañeros que se fueron (a mis años soy el único sobreviviente) aliento a nuestro querido pueblo y, en especial a su juventud, a que continúen la lucha. Si nosotros, pese al empeño, no pudimos, la nueva juventud formando grupos y asociaciones deseosos de entrar a la palestra, seguirán sin duda, la consigna latina: “Plus Ultra”.
Desde aquí saludo a Enrique, Ricardo, Leonel, Rodrigo, todos en otra dimensión, para que no se apague la luz que ya hace años nos nació en el pecho y carga ahora sobre las nuevas generaciones.
Como San Jorge, derrotemos, donde aparezca, el dragón de la tiranía y hagámosle honor a los símbolos y colores de nuestro himno, nuestro escudo y nuestra bandera.

Abogado y exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia.

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