Lo sostenible y la insostenible

Reorientar la cultura salvadoreña hacia la sostenibilidad en sus diferentes ámbitos puede requerir unos cinco años y tomar medidas estratégicas y ejemplares en los ámbitos personal, profesional, empresarial, social y gubernamental.

Por Pedro Roque
Ingeniero

Ene 18, 2020- 22:14

Una nueva tendencia se impone en Europa en todos los ámbitos, aplicando el criterio y parámetros diferenciales, entre lo “sostenible” y lo “insostenible”.

Y tanto lo sostenible como lo insostenible provienen de las conductas de las personas, ligadas a sus creencias, valores y actitudes en lo personal, familiar, social, profesional, empresarial y gubernamental, pues casi todo lo que sucede en nuestros entornos, es consecuencia de lo que hacemos en nuestro diario convivir.

“Sostenibles” son las conductas orientadas hacia lo bueno y positivo para la Tierra, el medio ambiente, las personas, la sociedad, los animales, la naturaleza… Las personas que las práctican tienen visión de futuro, controlan el desperdicio y la polución, aplican nuevas tecnologías y la innovación, creen y fomentan un mundo mejor y directa o indirectamente, aportan para mejorar la calidad de vida, cumplen las leyes, continúan aprendiendo y enseñando y son excelentes referencias y buenos ejemplos para otros…

Y lo “insostenible” es todo lo contrario en lo personal, familiar, social, profesional, empresarial y gubernamental, los seis entornos donde convivimos todos los días. Si observamos nuestras formas de ser y estar y nuestros buenos y malos hábitos, aplicando el criterio de sostenibilidad, fácilmente podemos distinguir, con cuales construimos y con cuales destruimos…

Y al ver cómo actuamos espontáneamente, parece que se disfrutan más los hábitos en contra de la sostenibilidad. De ahí que la sostenibilidad, depende de las buenas conductas de cada ciudadano y por ende de la educación que reciben en su casa, la escuela, la universidad y en las organizaciones donde trabajan.

Conductas sostenibles en lo personal son, por ejemplo, manejar correctamente, respetando el reglamento de transito y sin desperdiciar combustible; parquear sin obstruir el paso a otros vehículos y circular por la derecha.

En lo profesional, realizar el trabajo como previsto y utilizar bien los recursos de la empresa, principalmente el tiempo para reducir la improductividad.

En lo familiar organizar las actividades domésticas sin desperdicio de energías y manteniendo la unión de la familia.
En lo social, cuidar el orden y la limpieza de los entornos, colocar la basura en su lugar, respetar el derecho ajeno. En lo empresarial utilizar bien las materias primas, reducir los desperdicios y la polución, ser responsable con el medio ambiente, utilizar bien las aguas verdes y azules, depurar las grises y filtrar adecuadamente los gases invernadero que producen para reducir su huella del carbono y su huella hídrica.

Y en lo gubernamental respetar las leyes con un desempeño ético y sin ningún tipo de corrupción, ni malversar los recursos. Si lo que se está publicando de la Asamblea Legislativa, que debiera ser ejemplar por respeto a los electores, se va confirmando, definitivamente, tenemos una Asamblea Legislativa “insostenible”, desde el punto de vista conceptual y presupuestario.

Reorientar la cultura salvadoreña hacia la sostenibilidad en sus diferentes ámbitos puede requerir unos cinco años y tomar medidas estratégicas y ejemplares en los ámbitos personal, profesional, empresarial, social y gubernamental.
En lo gubernamental la solución puede estar en los presupuestos y su gestión, aumentándolos para la educación y reduciéndolos en las organizaciones donde sin control y descaradamente se malversan. Si aplicamos los criterios de sostenibilidad para reorientar los hábitos de los salvadoreños y en unos años ser un país sostenible, pronto empezaremos a distinguir entre las personas, los profesionales, las empresas y las organizaciones gubernamentales que aportan sostenibilidad, y lo mismo, con los diferentes sectores industriales y de servicio, la agricultura, el turismo y las la banca sostenible, que será un aspecto diferencial para la contratación y la competitividad nacional e internacional.

Para empezar, hoy mismo reflexionemos sobre nuestros hábitos, diferenciándolo entre los que construyen y son sostenibles en el tiempo y los que debemos reorientar hacia la sostenibilidad y ser parte de un futuro mejor para nosotros y las siguientes generaciones.

p.roque@gccinternacional.net

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