Las dos monedas del abismo

May 13, 2019- 20:06

Los hombres lejanos de los montes eran seres sin tiempo pues lo medían por las estaciones del año. Al saber que el amor acabaría Cima dijo al arquero: “Nuestro amor continuará, amado mío, aunque yo no vaya a la montaña que buscas, ni tú vengas conmigo al suelo de mis ancestros. Seguiremos amándonos en algún lugar del mundo. Tú y yo nacimos en los montes. Si fundes dos monedas iguales, del mismo metal y en el mismo crisol y luego las lanzas al abismo, una caerá lejos de la otra y quizá nunca vuelvan a estar juntas. Pero ¿dejarán acaso de ser hermanas, hechas en la misma vasija y con el mismo oro? Así nosotros, hijos de la mismas montañas, del mismo color de la piel y de la misma raza olvidada… ¿Dejaremos de amarnos, cuando estemos lejos uno del otro?”.

Días de amor y soledad pasaron en los riscos. Cima siguió cantando a sus dioses y el ashua alado, relinchando en el eco de los riscos. Rhuna, el hombre, siguió soñando a Rhuna el monte prometido. Cuando pasó el último invierno, los amantes decidieron continuar cada cual su camino. Ella se fue con la tribu ancestral, la que encontraron finalmente en el altiplano. El arquero, buscando su montaña, se hundió en la espesura de un nuevo adiós. Las dos monedas habían sido lanzadas al abismo por Leela, el gigante que jugaba con el destino de los hombres.

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