Las acciones son el mensaje

Nuestro malestar adquiere ribetes de ira bíblica, cuando realizamos que se han hecho recortes en los presupuestos de salud que afectan a los hospitales públicos, pero paradójicamente, la planilla de la Asamblea Legislativa, de forma generosa, ha repartido puestos a granel entre sus allegados, sin que esas contrataciones brinden ningún tipo de utilidad a los contribuyentes.

Por Maximiliano Mojica
Abogado, máster en leyes

Ene 12, 2020- 18:16

En mis tiempos de activista católico se nos insistía mucho en un tema: “No se fijen en las acciones de una persona, sino en el mensaje que esta da”, queriendo con ello implicar que lo importante para un feligrés debe ser contenido de la prédica, en otras palabras “lo que dice”, sin que se le deba poner mucha atención a lo que el predicador hace.

De esa forma, el feligrés es invitado a pasar por alto o no poner atención en la conducta del sacerdote, pastor, ministro de la comunión, líder religioso, servidor, etc., que existan dentro de su comunidad eclesial, ya que, desde esa perspectiva lo importante es el mensaje verbal que ellos dan, sin que sea relevante la conducta de la persona que lo brinda. De esa forma la persona se reduce a un mero elemento coyuntural que sirve de vehículo material para que el mensaje sea dado, por lo que sus acciones, teóricamente, deberían considerarse irrelevantes, siendo cualitativamente inferiores frente a la calidad y trascendencia del mensaje dado.

Debido a mi experiencia personal, considero que promover esa idea es un lamentable error, ya que cuando se permiten conductas inapropiadas, deshonestas, incoherentes o francamente contradictorias dentro de las organizaciones religiosas, lo único que se logra es que el mensaje cristiano, religioso o místico que se pretenda dar, se pierda o suene irreal, hueco o falso.

¿Cómo le voy a creer yo a mi pastor que la “lujuria es un pecado” si el la pone en práctica de forma entusiasta? Tan incoherente forma de vida simplemente hace que el mensaje caiga en saco roto.

Lo anterior se extiende a todo tipo de relaciones humanas. Se requiere que el mensajero crea en el mensaje que da, tal como lo dice el dicho: “El mensaje puede convencer a una persona, pero es el ejemplo el que la arrastra”.

Si lo vemos desde la perspectiva profesional, te pregunto: ¿usarías la dieta que te elabore una nutricionista que padece de obesidad? ¿Utilizarías un método para superar una adicción, promovido por una persona que actualmente utiliza drogas? La respuesta es no. Podemos escuchar una convincente historia de estas personas para usar su producto o su método, pero si a ellos no les sirve, ¿por qué me va a servir a mi? Si ellos no lo ponen en práctica ¿con que autoridad me piden que lo practique yo?

En donde esta situación se pone en mayor evidencia es en el ámbito político. Con incredulidad, los lectores de El Diario de Hoy vimos cómo la Asamblea Legislativa prácticamente está “tomada” por amigos, amantes, correligionarios, esposas, activistas partidarios y parientes de los diputados. La palabra “corrupción” se queda corta para describir la piñata que nuestros representantes electos hacen con los fondos públicos.

Nuestro malestar adquiere ribetes de ira bíblica, cuando realizamos que se han hecho recortes en los presupuestos de salud que afectan a los hospitales públicos, pero paradójicamente, la planilla de la Asamblea Legislativa, de forma generosa, ha repartido puestos a granel entre sus allegados, sin que esas contrataciones brinden ningún tipo de utilidad a los contribuyentes.

Como lo he sostenido en otras ocasiones, si ese aumento en la planilla pública fuese con maestros, policías, psicólogos, enfermeras y médicos, que brinden servicios de calidad a nuestros pueblo ¿quién podría oponerse? Pero si se trata de contratar a la esposa del diputado para que lo “asesore”, entonces…

Tal como suena de incoherente que un sacerdote de conducta disoluta nos esté dando prédicas sobre castidad y continencia, así resulta de incoherente para los ciudadanos que un funcionario público que basa su campaña en promesas de honestidad y combate a la corrupción salga ahora con que tiene empleada a media familia como asesores y colaboradores, esquilmando de esa forma el ya de por sí anémico Fondo General de la Nación.

Por ello le insisto a los votantes — y a los feligreses— : “No te fijes en lo que dicen, sino en lo que hacen”. Los actos son el verdadero mensaje. Valdrá la pena pues, que este 2021 les hagamos notar a nuestros gobernantes, que nuestros ojos están muy pendientes de sus hechos y que estamos dispuestos a hacérselos saber con nuestros votos.

Abogado. máster en Leyes. @MaxMojica

Tags Opinión |

Utilizamos cookies y otras tecnologias para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web.

Política de privacidad