La tercera salida

El Gobierno Central ha sido firme en ofrecer solamente dos salidas: la cárcel o la muerte. Ninguna de las dos es novedad y tampoco disuasoria. Pero, como sociedad, podemos fortalecer y ampliar la tercera salida. No se requieren mayores inversiones económicas, las empresas solo deben asignar un porcentaje, aunque sea pequeño, de sus plazas a jóvenes rehabilitados y las iglesias podemos continuar nuestra tarea pastoral

Ago 03, 2019- 20:30

Una paradoja de las pandillas es que al mismo tiempo que profesan un culto a la muerte lo hacen al Dios cristiano de la vida. En su jerga lo expresan así: “Con el colochón y el barrio no se juega”. Tal concepción contradictoria coloca a las iglesias en una posición ventajosa dado que la conversión de un miembro de pandillas al Evangelio es, por ahora, la única manera en que puede recibir la baja sin consecuencias. El elemento determinante es la conversión, un arrepentimiento honesto que conduce a abandonar la vida anterior para adoptar valores positivos y conductas buenas que sean verificables. Esa transformación puede ser entendida y explicada desde la fe, pero también existen interpretaciones en clave psicológica o sociológica como el extenso estudio de Brenneman en el Triángulo Norte. La realidad de la transformación de los jóvenes violentos por medio de una conversión cristiana ha sido documentada de manera amplia por la UCA, el New York Times, la Florida International University, Insight Crime, El Faro, entre otros.

En nuestra experiencia como iglesia Elim hemos contado con una feliz coincidencia con la empresa League, que acepta a jóvenes arrepentidos siempre y cuando como iglesia podamos asegurar que han experimentado una auténtica conversión. Nuestra tarea es la de penetrar las comunidades, evangelizar a los jóvenes y acompañarles en su nueva vida como cristianos. Luego vienen unos talleres de socialización, pruebas psicológicas y nuevo acompañamiento a fin de profundizar la sanación de la personalidad. En ese punto son remitidos a League, quienes realizan el proceso rutinario de contratación. El modelo, como es muy sabido, ha resultado ser exitoso y galardonado; al presente, los primeros jóvenes contratados tienen ya nueve años de laborar. Algunos ascendieron a supervisores de producción, se casaron, formaron sus familias y, otros, realizan estudios universitarios que la misma empresa, en alianza con la Universidad Don Bosco, les facilita. En esta alianza entre iglesia y empresa se ha elaborado un proceso que podría ser alimentado indefinidamente si no fuera porque League tiene un límite objetivo de plazas. Pero si las oportunidades laborales fueran más amplias, igual de amplio sería el número de jóvenes que arrepentidos pudieran abandonar las organizaciones criminales e insertarse socialmente. Que es lo que la mayoría en verdad desea.

Aun cuando no existen esas oportunidades de empleo, los jóvenes continúan viviendo sus procesos de conversión y recibiendo la baja de sus pandillas. El problema es que al no poder insertarse laboralmente quedan en estado de desocupación, expuestos a las redadas masivas en sus comunidades. La humillación, los abusos y los malos tratos desalientan a otros jóvenes en condición de activos a seguir el camino de la conversión. El Gobierno Central ha sido firme en ofrecer solamente dos salidas: la cárcel o la muerte. Ninguna de las dos es novedad y tampoco disuasoria.

Pero, como sociedad, podemos fortalecer y ampliar la tercera salida. No se requieren mayores inversiones económicas, las empresas solo deben asignar un porcentaje, aunque sea pequeño, de sus plazas a jóvenes rehabilitados y las iglesias podemos continuar nuestra tarea pastoral de alcanzar a los últimos de la sociedad para orientarles hacia una nueva vida con oportunidades concretas. Solo se necesita de voluntad. La voluntad ciudadana, desde cada particularidad, para salvar vidas.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim

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