La Letra Escarlata y las redes sociales

la mujer, de 32 años, empleada en una fábrica, no pudo soportar los comentarios y burlas de muchos de sus compañeros cuando se viralizó en la empresa un video sexual de ella que se distribuyó por Whats App

Por Gina Montaner
Periodista

Jun 07, 2019- 21:35

Una joven madre llamada Verónica se ha quitado la vida en una vecindad de Madrid. La noticia de su muerte podría ser una más de tantas que cada día suceden, pero el aparente motivo detrás de su suicidio ha provocado conmoción. O al menos ha obligado a más de uno a reflexionar sobre el escarnio masivo en la era de la divulgación instantánea por medio de las redes sociales.

Lo que ha trascendido es que la mujer, de 32 años, empleada en una fábrica, no pudo soportar los comentarios y burlas de muchos de sus compañeros cuando se viralizó en la empresa un video sexual de ella que se distribuyó por Whats App. De la noche a la mañana alguien se encargó de diseminar las imágenes que, al parecer, hace más de cinco años Verónica había compartido con un hombre con quien mantenía una relación. Después de la ruptura la muchacha se casó y tuvo dos niños. Al menos para ella, aquel romance había quedado atrás.

En estos momentos se investigan las circunstancias que dieron lugar a que un vídeo de carácter privado acabara en manos de terceros. El código penal español castiga con cárcel o con una multa al individuo o individuos que divulguen sin autorización grabaciones audiovisuales que pueden atentar contra la intimidad de una persona. A pesar de que sus compañeras la apoyaron y, según se ha informado, el departamento de recursos humanos le recomendó presentar una denuncia, Verónica sucumbió a la angustia que le provocó saber que también le habían enviado el vídeo a su esposo y familiares allegados. Le resultaron insoportables las miradas y sonrisas de soslayo. Su jovialidad, tal y como la describen quienes la conocían, se derrumbó por el peso de la tristeza infinita.

Si no viviéramos en pleno siglo XXI, con avances de vértigo como la inteligencia artificial y clonaciones de laboratorio, el triste final de Verónica parecería más propio de una novela decimonónica. Pero en realidad se trata de una suerte de Hester Prynne contemporánea, eco de la heroína que situó el novelista estadounidense Nathaniel Hawthorne en una colonia puritana de Nueva Inglaterra en el siglo XVII.

La trama de La letra escarlata gira en torno al pecado, la culpa y redención después de que la protagonista concibe una hija fruto de una relación extramarital. Como castigo por su falta, Hester ha de llevar prendida en sus vestidos una “A” de adúltera bordada en escarlata, que es el color que representa los pecados de la pasión. Durante años la mujer sufre el rechazo de los lugareños pero no renuncia a su dignidad, a pesar del estigma que arrastra.

Con el tiempo el personaje de Hester Pryne, cuya historia es lectura obligada en los colegios y universidades en Estados Unidos, se convirtió en símbolo del proto feminismo. En ella la académica Camille Paglia ha visto rasgos “místicos”, una mujer que no rehúye de su sexualidad a pesar del ambiente represivo que la rodea. Cuando Hawthorne escribió La letra escarlata a mediados del XIX, ya intuía que los roles no estarían eternamente encorsetados y que algún día una mujer que se desmarcara de las convenciones no habría de lucir en su pecho un vergonzante letrero.

Bien, cuando uno se tropieza con una historia como la de Verónica es evidente que los prejuicios de antaño, sobre todo en lo que respecta a la reputación de las mujeres, siguen vivos y con una inmensa capacidad de hacer daño. De hecho, lo que se conoce como porno venganza (la distribución sin permiso de imágenes o vídeos explícitamente sexuales que en muchas ocasiones propaga una ex pareja) suele tener como objeto de extorsión a mujeres que ven peligrar sus carreras y su ámbito personal.

Es evidente que si en la campaña presidencial de 2016 hubiera salido a relucir alguna grabación comprometedora de audio o vídeo de Hillary Clinton (cuyo propio esposo no era ejemplo de virtud moral), ésta no habría podido salir ni al portal de su casa. Sin embargo, las palabras, actos e incluso pagos para ocultar supuestas relaciones extramaritales, no tuvieron peso a la hora de elegir como presidente a Donald Trump. En la Casa Blanca, donde las infidelidades no han faltado más allá del signo político de sus inquilinos, ningún mandatario ha llevado cosido a la chaqueta la “A” de adúltero.

Bob Dylan cantaba en los años 60 The time They Are A-Changing. No han cambiado lo suficiente. Verónica se ahorcó un día después de que su intimidad fuera violada en las redes sociales. Hay muchas maneras de que te claven la letra escarlata en todo el corazón. [©FIRMAS PRESS]

Periodista Twitter: @ginamontaner

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