La anti-foto

¿Quisiera ver yo a Mauricio Funes o a cualquiera de su camarilla de corruptos en una situación similar, esposados a la camilla de un hospital? ¡JAMÁS! Ni a él ni al peor de los delincuentes.

Por Maximiliano Mojica
Abogado, máster en leyes

Nov 28, 2019- 20:32

En redes sociales estuvo circulando una foto que generó morbo en algunos, regocijo en otros y rechazo en la mayoría de seres humanos que, aun en un ambiente tan polarizado y cargado de odio como el salvadoreño, guardamos alguna traza de sentido común y civilidad.
¿Es lícito fotografiar el sufrimiento ajeno y compartirlo en redes sociales o pseudo-periódicos digitales? Rotundamente contesto que no. De hecho, me da asco quienes lo hacen. No hay dolor que merezca el regocijo de nadie. Ni el dolor de mi enemigo, ni el de mi adversario, ni el de mi competencia, ni el del desconocido; el de nadie. Más cuando esos otros se encuentran indefensos.
A pesar de los palpables avances en la ética con se conducen las sociedades, la humanidad parece que no ha podido superar del todo la pérfida inclinación a hacer leña del árbol caído, el cual se materializa en el pobre, en el encarcelado, en el enfermo, en el incapaz. El nivel de incultura e incivilización de un país podría medirse a partir de la tendencia que tengan sus ciudadanos a regocijarse en el dolor de otros.
En 1993, la fotografía ganadora del premio Pulitzer fue la del fotógrafo Kevin Carter. Este reportero sudafricano ganó dicho premio, al fotografiar a un famélico infante sudanés con un buitre detrás. Para los que hemos tenido la desgracia de ver esa despreciable secuencia de fotos fuimos testigos mudos e impotentes de los últimos minutos de vida de ese desgraciado infante, quien se encontraba agonizando de hambre.
El fotógrafo optó por tomar la foto en vez de alimentar al infante o de, al menos, protegerlo espantando al buitre para evitar que se cebara en su famélica humanidad. Pero no. Optó por estar por ahí, agazapado, acurrucado, al acecho, esperando el macabro desenlace, y así estar en posibilidad de tomar esa cruel secuencia de fotos que le brindarían cinco minutos de fama y, de paso, un premio a nivel internacional. Quizás por ello fue que, años después, optó por quitarse la vida dejando en su nota suicida que esperaba reunirse con ese niño.
Ahora un fotógrafo guanaco —nunca mejor asignado el apodo— hizo de las suyas al tomar la foto de un político en desgracia. Enfermo, incapaz de defenderse, sin amigos ni abogado, ni personas capaces de velar por él; tendido en un hospital público, encadenado a los barrotes de su camastro.
Rendido en esa precaria situación, fue fácil presa de un cobarde, quien, sabiéndose impune, podía cebarse de la víctima, esperando de esa forma obtener réditos en una sociedad enferma de odio, que espera ansiosa ver cómo los “grandes de este mundo” caen, para cubrirlos de patadas digitales nacidas de la frustración y odio experimentado por seres que se ven a sí mismos como inferiores y que, por ello, buscan destruir a aquel que consideran objeto de su odio.
¿Estoy con esta columna defendiendo a personas acusadas o condenados por corrupción? Para nada. Solo es una llamada de atención, para que algunos traten de estrenar algo que se llama “Humanidad, Empatía, Justicia”. Creo que no tenemos por qué alegrarnos de forma miserable por la desgracia ajena, aun cuando esta es experimentada por nuestro enemigo, nuestro oponente, nuestro rival.
¿Quisiera ver yo a Mauricio Funes o a cualquiera de su camarilla de corruptos en una situación similar, esposados a la camilla de un hospital? ¡JAMÁS! Ni a él ni al peor de los delincuentes. Todos ellos tienen derecho a la intimidad, a un juicio y un tratamiento justo y humano. A lo que yo y miles de salvadoreños sensatos aspiramos es a un país en el que quien haya cometido un delito sea sentenciado y condenado mediante un juicio conforme a derecho para, posteriormente, ser tratado por las autoridades y por la sociedad como lo que es: un ser humano que se equivocó.
No. No quiero ver más fotos así. Ni mía, ni de mis adversarios ¿será mucho pedir eso para nuestro país?

Abogado. Master en leyes

@MaxMojica

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