Jacques Chirac, el legado de un Presidente humanizando hogueras

Hombre de cultura, especialista del Japón tanto como de las civilizaciones imperiales de China, quiso dedicar sus últimos años a esta conciencia de universalidad que hoy en día los franceses lloran. Parecen extrañar una época, no tan lejana, durante la cual Francia, en una herencia neo-gaullista, estaba presente en todos los terrenos internacionales.

Por Pascal Drouhaud
Politólogo, presidente LATFRAN

Sep 26, 2019- 19:30

Cuando a las 11:58 de la mañana de este jueves 26 de septiembre de 2019, el comunicado de la prensa oficial se difundió, el tiempo pareció suspenderse en Francia. La emoción ganó al país y la información se propagó en el mundo: ¡Jacques Chirac había muerto! La tristeza parecía ganar la profundidad del país hasta las raíces que Jacques Chirac había establecido con Francia después de más de 40 años de actividad política.

Con esta emoción una etapa particular de nuestra historia contemporánea desaparece con el ex-presidente francés. Es a la vez la imagen de una Francia rural, voluntarista al nivel económico, promotora del multilateralismo y el respeto de los pueblos.

Jacques Chirac nació en 1932, nieto e hijo de maestros en el corazón del país, en el departamento rural de Correze; entre los años 50 y 60, logró graduarse en las mejores escuelas francesas, entre ellas el Instituto de Ciencias Políticas, donde conoció a la que llegaría a ser su esposa, Bernadette Chodron de Courcel, y en la Escuela Nacional de Administración, la famosa ENA. A partir de 1967, el entonces primer ministro Georges Pompidou lo tomó bajo su protección. Joven secretario de Estado, Jacques Chirac empezó su vida política: diputado de su departamento de origen, logró asociarse a un movimiento renovador del entonces partido gaullista. Aportando su apoyo al centrista Valery Giscard d’Estaing en la campaña presidencial de 1974, fue nombrado Jefe de Gobierno después de la elección de aquél. Sin duda, esta primera etapa de la vida pública de Chirac permitió construir las bases que le iban a servir durante años para entender al país.

Cuando renunció en 1976, se lanzó en una dinámica nacional. Creador de un partido neogaullista, Reunificación por la República, logró ser elegido Alcalde de París en 1977. Saldrá de la alcaldía para entrar en palacio presidencial en 1995, siendo reelegido a la Alcaldía de la capital francesa desde entonces.

Candidato a la presidencial de 1981, será de nuevo jefe del gobierno entre 1986 y 1988. Pero este año frente al Presidente saliente François Mitterrand y, como siempre, empezó de nuevo en encontrar el pueblo, en entender los cambios del mundo. Y eran grandes: en 1989, el Muro de Berlín cayó. El sistema bipolar entre los Estados unidos y la ex-Unión Soviética desapareció en 1991. Mikhail Gorbachev tuvo que dejar el poder y ser remplazado por Boris Yeltsin, encabezando la Federación Rusa y acabando con el sistema soviético. La Unión Europea se reforzaba cuando empezaban a aparecer con fuerza nuevos polos, como China Popular, sobre el escenario internacional.

Chirac modernizó la visión de su partido, lo volvió más europeísta. Se lanzó de nuevo en las elecciones presidenciales de 1995: tuvo que enfrenar la división de su campo cuando François Mitterrand, enfermo, se marchaba de la Presidencia después de 14 años en el poder. Jacques Chirac tuvo que transcender durante esta campaña, sobrepasar las traiciones, el abandono de una parte de la clase política.

Pero esta situación le permitió volver al contacto del pueblo y a tener una buena fotografía social del país. Presentó un programa ubicado bajo el concepto de la “fractura social”. Los principios de una comunitarización, el abandono social de áreas tanto urbanas como rurales, alimentó una visión social, de protección del Estado, a la par de una voluntad nueva de voluntarismo internacional.

No más ganó la presidencial en mayo de 1995, orientó la diplomacia francesa hacia una intervención en favor del multilateralismo: responsabilidad, por ejemplo, cuando Francia intervino para liberar a unos militares rehenes en Bosnia en junio de 1995 o cuando quiso concluir con un ciclo de experimentaciones nucleares militares para poder lanzar de manera definitiva la fase de las experimentaciones en laboratorios, y humanismo.

Desde Río de Janeiro hasta México, Nueva York, Nueva Delhi o Moscú, siempre defendía una visión multipolar del mundo. No podemos olvidar la famosa fórmula que utilizó en 2002 en Johannesburgo, en la Cumbre sobre la Tierra, cuando dijo, para alertar en un discurso visionario al mundo sobre la degradación ambiental: “¡Nuestra casa se esta quemando y estamos mirando por otra parte!”.

Con una experiencia internacional única, que construyó en años como Ministro, Jefe de Gobierno y Alcalde de París, pudo multiplicar su acción a la Presidencia. Después de su reelección en 2002 frente al líder de la extrema derecha, ganando en la segunda vuelta con un movimiento de unión nacional con unos 82.21%, fue el líder de un país miembro permanente del Consejo de Seguridad que se opuso a la intervención norteamericana en Irak.

Hasta el último momento, el entonces Presidente francés afirmaba que Bagdad no disponía de los armamentos de destrucción masiva por los cuales estaba acusado. Una intervención iba, según él, a provocar una confusión a largo plazo en Medio Oriente. Todos se recuerdan del famoso discurso de su canciller, Dominique de Villepin, en la ONU el 14 de febrero de 2003, pocos días antes de los bombardeos en Irak. Francia no pudo evitar la guerra pero el mundo entendió que Francia anunció su papel de actor global, humanista, responsable pero con una apreciación graduada de los riesgos en el mundo. Con Jacques Chirac la visión mas ambiental, en favor de un desarrollo más equitativo y duradero emergió.

Esta percepción alimentó los últimos años de su vida. Cuando dejó la Presidencia en mayo de 2007, Chirac se dedicó a su fundación y atender al Museo de las Artes Primeras que inauguró poco antes de irse de la Presidencia. El museo del Quai Branly-Jacques Chirac reúne obras de civilizaciones primeras del mundo, de África, Asia, Oceanía y las Américas. Estaba convencido de que no existía ninguna cultura superior a otra, lo único importante era el ser humano. Hombre de cultura, especialista del Japón tanto como de las civilizaciones imperiales de China, quiso dedicar sus últimos años a esta conciencia de universalidad que hoy en día los franceses lloran. Parecen extrañar una época, no tan lejana, durante la cual Francia, en una herencia neo-gaullista, estaba presente en todos los terrenos internacionales.

Esta universalidad puede ser, para el Presidente francés Emmanuel Macron, el más grande legado de su lejano predecesor Jacques Chirac: en el contexto mundial actual, alimentar una nueva visión que podría ser una nueva forma del Movimiento de los Países No-Alineados, poniendo en el centro de una diplomacia dinámica, los temas ambientales y la búsqueda de los fundamentos de un nueva esquema de desarrollo económico.

Politólogo, especialista francés en relaciones internacionales, presidente de la Asociación Francia-América Latina (LATFRAN). www.latfran.fr y Corresponsal de El Diario de Hoy en París.

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