¿Se puede recuperar el plan económico?

La confianza tarda mucho tiempo en desarrollarse pero se pierde en un segundo, y una vez perdida no se puede recobrar.

Por Manuel Hinds
Máster Economía Northwestern

Feb 13, 2020- 18:39

Hace una semana escribí un artículo llamado “Una esperanza” (https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/cooperacion-al-desarrollo/684251/2020/) que terminé diciendo: “El presidente debe estar consciente de que llevar a cabo este proceso requiere fortalecer la institucionalidad democrática y el imperio del Derecho. La inversión que queremos, la sana y progresista, no vendrá a un país organizado alrededor de un líder arbitrario, por popular que sea, porque lo que realmente da seguridad al pueblo mismo y a los inversionistas es una institucionalidad fuerte, que defienda ideas y principios, no personas. Si el Presidente no toma el camino de la institucionalidad y el respeto a los derechos individuales, el resultado no será el éxito, sino la conversión de El Salvador en la Nicaragua de Ortega. El tiene ahora el juicio que le hará la historia en sus manos. El constructor o el Ortega”.
El articulo se llama “La Esperanza” porque había muchas razones para estar esperanzado. El Presidente había logrado posicionar al país como una democracia que al fin se estaba recuperando de varias décadas de conflicto y de una década de gobiernos francamente opuestos a la economía de mercado. Pero terminé el artículo con esas palabras porque el Presidente había dado muestras de un autoritarismo que no es bien visto en los círculos internacionales de negocios y de política.
Cuando lo escribí no tenía la mínima idea de que en ese preciso instante el Presidente estaba iniciando un proceso tipo Chávez, Ortega o Maduro, que iba a dar al traste con todo ese capital político que había acumulado. La invasión militar de la Asamblea, la amenaza de destituir a los diputados que no obedecieran sus órdenes, y el lenguaje desaforado enfrente a la Asamblea crearon una impresión indeleble en todos los que la observaron de que el país está en manos de una autoridad arbitraria que si no está contenta manda al Ejército a traer personas a sus casas, a intimidarlas, y que el Presidente mismo se presenta a insultarlas. La mezcla de esto con una conversación con Dios invita imágenes de fanatismo religioso que no encaja en los estados laicos del Occidente. En un mundo en el que los inversionistas de calibre, los que aportan no sólo dinero sino también conocimientos, tienen muchas oportunidades en muchos países, ¿por qué van a seguir pensando invertir en El Salvador, si un día pueden ellos verse atacados así o verse envueltos en un incidente en el que no tienen que ver? Lo que las personas autoritarias ven como glorioso (las armas cargadas y montadas, los soldados con uniforme de combate, las expresiones agresivas de los soldados) son mal vistos por las personas que toman decisiones sobre las inversiones grandes y saludables.
Desafortunadamente, hay cosas que se quiebran cuando algo como lo que pasó el fin de semana pasado suceden. Una de ellas es la voluntad de invertir en un país que muchos actores, incluyendo prominentemente los gobiernos de Estados Unidos y otros estados amigos, estaban promoviendo y que hoy, ven contradichas por acciones arbitrarias del Presidente salvadoreño las recomendaciones que ellos estaban haciendo. Por supuesto, siempre habrá personas que dirán que nada se ha perdido permanentemente, que los que vieron esto pasar van a olvidarlo rápidamente y atribuirlo a “cosas que pasan” por las tensiones del puesto o a un mero desliz. Pero mal haría el Presidente en creerles. Esos son los mismos que siempre le dicen que sí a todo, a él y a cualquiera que tiene poder. Son los que por ignorancia o servilismo creen que todo lo que haga el Presidente está bien.
La verdad es que hay mucho que no se podrá recuperar. La confianza tarda mucho tiempo en desarrollarse pero se pierde en un segundo, y una vez perdida no se puede recobrar. Se puede (con mucho trabajo y con muchas garantías de que se entiendo lo malo que es hacer algo como lo del domingo, y de que no se repetirá) abrir algunas puertas con gente con gran interés en invertir en El Salvador por otras razones—es decir, con los que de todos modos iban a invertir porque ya estaban aquí o no pueden evitarlo. Es con esos que, si el Presidente puede dar esas garantías y se las creen, que puede comenzarse poco a poco a reconstruir una reputación. El creer que todo seguirá como antes es una fantasía. Lástima.

Máster en Economía

Northwestern University.

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