De la polarización a la bipolaridad

El común denominador entre la polarización y la bipolaridad es la falta de pensamiento crítico y la poca exigencia ciudadana. En ambos escenarios, la ciudadanía es tímida y no presiona

Por Carlos Ponce
Criminólogo

Feb 12, 2020- 22:12

Ahora que el pensamiento crítico parece estar amenazado o comprometido, se vuelve obligatorio analizar con objetividad y desde distintas perspectivas la grave instrumentalización del aparato de seguridad, cuando militares y policías armados, comandados por el ministro de la Defensa y el director de la Policía, respectivamente, se tomaron la Asamblea Legislativa, obedeciendo órdenes del presidente de la República, Nayib Bukele. Además de la amenaza que esta acción representa para la institucionalidad y el Estado de derecho, plantea serios retos que los salvadoreños debemos de asumir con valentía y compromiso.
Todos los funcionarios públicos, por mandato constitucional, juran lealtad a la República y a la Constitución, no al presidente. He tenido el privilegio de ver a jefes policiales íntegros y fieles a este juramento, negarse a cumplir órdenes que no pueden ser acatadas por contrariar su protesta a la Patria y, por lo tanto, pedir su relevo inmediato. También he visto cómo jefes policiales mediocres y sin escrúpulos no dudan ni un segundo en seguir cualquier locura propuesta por el político de turno con tal de congraciarse. La obediencia ciega del director Arriaza Chicas y el ministro Monroy a la orden del presidente de tomarse la Asamblea por la fuerza sugiere que estos funcionarios encajan en el segundo tipo de oficial antes descrito.
El peligro de tener a este tipo de personas en el gabinete es que el abordaje técnico y profesional de los problemas del país pasa a un segundo plano. La lealtad al poder, no a la Constitución o a la República, se vuelve la brújula que guía el trabajo institucional y se convierte en el único criterio de selección para escoger funcionarios. Esto es precisamente lo que sumergió al país en los problemas que afectan a la ciudadanía. La lealtad ciega al poder, por ejemplo, fue lo que llevó a que políticos pactaran con las pandillas.
Este escenario plantea serias dudas sobre el actual gabinete, ya que varios funcionarios parecen haber sido nombrados únicamente por su cercanía al presidente. Es además preocupante considerando la reciente instrucción judicial que ordena investigar los nexos entre funcionarios del gobierno actual y las pandillas, más aún si se agrega que existen investigaciones periodísticas y analistas serios que señalan a miembros del gabinete de seguridad por negociar con cabecillas pandilleros.
La sociedad salvadoreña, por décadas, permaneció sumergida en una aguda polarización ideológica, anclada y alimentada por las desconfianzas y temores propios de la guerra fría. Una de las más graves consecuencias de este enfrentamiento fue que los institutos políticos se acomodaron a solo manipular los miedos de la ciudadanía para ganar elecciones en lugar de solucionar sus problemas. En la presente coyuntura, se observa una manipulación similar de emociones. El presidente trató exaltar la indignación ciudadana y la inseguridad con la finalidad de justificar la toma de la Asamblea Legislativa.
¿Qué tan diferente son el gobierno y “los mismos de siempre”? Estos paralelos indican que, en esencia, tenemos los mismos problemas con distinta cara. Antes, la polarización produjo lealtades ciegas al poder. Ahora, la lealtad al poder propicia una peligrosa bipolaridad que se manifiesta en un relativismo superficial bajo el que se condenan abusos de poder si fueron cometidos el pasado por “los mismos de siempre” pero se justifican si los comete el actual gobierno en nombre de “el pueblo”.
El común denominador entre la polarización y la bipolaridad es la falta de pensamiento crítico y la poca exigencia ciudadana. En ambos escenarios, la ciudadanía es tímida y no presiona a los políticos a procurar lealtad a la República y no al poder. Esto es algo debe de cambiar cuanto antes. El deber los ciudadanos honestos, valientes y responsables no es aplaudirle al gobierno o a los políticos, sino exigirles y auditarlos.

Criminólogo.

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