Crónica de un golpe de Estado abortado

VERGÜENZA AJENA, por las acciones y declaraciones del Presidente de la República, del vicepresidente, de Ministros y del Director de la Policía Nacional Civil y de varios diputados…¡nunca! en la breve historia de la incipiente e insuficiente democracia salvadoreña se había llegado al abyecto y condenable hecho de tomarse la Asamblea por medios militares…

Por Enrique Anaya
Abogado constitucionalista

Feb 11, 2020- 19:19

PUESIESQUE…aunque ya había escrito mi colaboración para esta semana, los acontecimientos del pasado domingo imponen referirse a los mismos, que pueden resumirse, con título de novela, como “Crónica de un golpe de Estado abortado”…y si añadimos el toque hollywoodense (digo…en modo “Oscar”), podemos subtitular, “Cómo Dios detuvo un golpe de Estado”… Y es que asemejaría que, como dice con fina ironía mi buen amigo Víctor, “en El Salvador no solo tenemos presidente, sino también profeta al que Dios le habla directamente”.

Pues ese día compartí reflexiones, percepciones y sentimientos con un grupo de amigas y amigos, así que pensé que también debía hacerlo con ustedes, que me honran dedicando parte de su valioso tiempo en leer lo que este conciudadano escribe.

Y es que el domingo 9 de febrero de 2020 fue una montaña rusa de emociones:

HORROR, al ver el Salón Azul de la Asamblea Legislativa (AL) tomado por militares y policías armados; al ver al Presidente de la República usurpando las funciones del presidente de la Asamblea Legislativa; al escuchar un discurso presidencial malsonante, amenazante y en modo mesiánico y teocrático…no fui combatiente durante la guerra civil que los salvadoreños sufrimos por más de una década, pero sí perdí familiares y amigos, sí padecí la separación familiar por la migración forzada por la violencia, sí experimenté las incertidumbres de un joven creciendo en el pesado ambiente de un conflicto armado, así que ver el salón legislativo tomado por soldados con armas largas y policías antimotines me hizo retroceder, en corazón y mente, al miedo de los toques de queda, los balazos, las explosiones y la desesperanza.

VERGÜENZA AJENA, por las acciones y declaraciones del Presidente de la República, del vicepresidente, de Ministros y del Director de la Policía Nacional Civil y de varios diputados…¡nunca! en la breve historia de la incipiente e insuficiente democracia salvadoreña se había llegado al abyecto y condenable hecho de tomarse la Asamblea por medios militares…se estaba haciendo historia, en el peor de los sentidos, con un golpe de Estado televisado en vivo.

TRISTEZA, por la ausencia e invisibilidad de las instituciones públicas de control, como la debilitada oposición política, las anodinas Fiscalía General de la República (FGR) y Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), pero sobre todo de la prácticamente inexistente Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (SCn/CSJ)…¿ya inició el FGR las investigaciones por las eventuales responsabilidades penales por rebelión, sedición y conspiración?…¿ya comenzó la investigación de los funcionarios legislativos incluyendo, al parecer, a diputados que facilitaron la toma de la Asamblea por efectivos militares?…y sobre la SCn/CSJ, bueno…sé que no estamos en Estados Unidos de América, donde un juez federal ordena, ¡en horas!, la suspensión de una orden presidencial por eventual inconstitucionalidad; ni tampoco en España, donde el Tribunal Constitucional, en 24 horas, decretó la suspensión provisional de las leyes independentistas de Cataluña, pero no es mucho pedir que en medio de una crisis constitucional, la SCn/CSJ se pronuncie sobre demandas que se leen en 5 minutos y se resuelven en 15.

ESPERANZA, porque no se consumó un golpe de Estado gracias al papel de ciudadanos valientes, que expresaron en redes sociales su postura en favor de la democracia; de organizaciones de la sociedad civil (fueron, en mucho, pioneras en la toma de posición en favor de la democracia y de la Constitución); de universidades (muy pocas, pero algunas se pronunciaron), que manifestaron su rechazo a la deriva autoritaria y exigieron diálogo; y, de modo relevante, de la prensa independiente, que desnudó los desmanes del poder.

Abogado constitucionalista

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