“Una República, si pueden conservarla”

La Constitución contiene disposiciones expresas en que señalan “el deber constitucional de cuidar que las leyes se ejecuten fielmente”. Señala que el presidente está obligado a hacer cumplir no solo los estatutos que le gustan, sino también los estatutos heredados que no le gustan, siempre que estos sean constitucionales.

Por Erika Saldaña
Abogada

Feb 09, 2020- 22:13

“A Republic, if you can keep it”. Esta frase es atribuida a Benjamín Franklin, Padre Fundador de los Estados Unidos de América, quien al abandonar la convención constitucional de 1787, donde se discutía la Constitución de los Estados Unidos de América, supuestamente le dijo a un curioso transeúnte que los redactores habían producido “una república, si pueden conservarla”.
Esta historia la leí recientemente en un artículo de la revista “The Atlantic” que lleva el mismo nombre, escrito por Adam J. White de la Universidad George Mason. Se trata de un amplio escrito que detalla qué se necesita para conservar una república, con ayuda referencial a los escritos de “El Federalista” realizados por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay. Me parecieron ideas tan importantes y aplicables a nuestra realidad actual –a pesar de su antigüedad– que traduzco y transcribo las principales a continuación.
El autor señala que los estadounidenses tienden a pensar que mantienen su república confiando en la estructura constitucional: poderes separados, federalismo, controles y equilibrios. Pero la estructura constitucional, como cualquier estructura, no se mantiene sola en el tiempo. “Cada generación debe mantener sus instituciones y reparar cualquier daño que sus predecesores infligieron o permitieron. Esta tarea comienza con la educación cívica, para que los estadounidenses sepan cómo funciona su gobierno y, por lo tanto, qué esperar de sus instituciones constitucionales”, señala.
Añade que “la educación cívica por sí sola, aunque necesaria, no es suficiente. Para que la educación cívica arraigue y produzca el fruto deseado, las personas mismas deben tener ciertas cualidades de autocontrol, buena voluntad y moderación”. Significa frenar las pasiones y moderar las opiniones para lograr un gran consenso que garantice la tranquilidad a toda una nación.
En una cita al juez de la Suprema Corte Gorsuch, se señala que “en una era de política fracturada, las dichas de la libertad vienen con el deber de tener que escuchar y tolerar otros puntos de vista”, porque “la democracia depende de nuestra voluntad, cada uno de nosotros, escuchar y respetar incluso a aquellos con quienes no estamos de acuerdo”. El Estado y sus órganos no están exentos de la necesidad de contar con estas virtudes.
En “El Federalista #55”, Madison señala que “el gobierno republicano presupone la existencia de estas cualidades en un grado más alto que cualquier otra forma”. Sabía que la Constitución no podría sostenerse si el país no conservaba primero ciertas virtudes de autocontrol entre quienes administran el gobierno y entre las personas que los eligen.
Las virtudes expuestas se reflejan en los distintos órganos del Estado. La descripción de Madison de la relación entre Legislativo y Ejecutivo requiere de personas capaces de deliberar, persuadir, comprometer y consensuar, aun cuando no se dé el resultado preferido de uno en una lucha legislativa dada, para que el proceso legislativo no se convierta en una guerra total, con facciones políticas “destruyéndose y devorándose mutuamente”. Los jueces de Hamilton son moderados, y declaran inconstitucionales los estatutos como último recurso, no como el primero.
Para el autor del artículo, la necesidad de virtud y moderación se manifiesta aún más claramente con respecto a la presidencia. La Constitución contiene disposiciones expresas en que señalan “el deber constitucional de cuidar que las leyes se ejecuten fielmente”. Señala que el presidente está obligado a hacer cumplir no solo los estatutos que le gustan, sino también los estatutos heredados que no le gustan, siempre que estos sean constitucionales.
Finalmente, para el autor, la Constitución necesita virtud republicana no solo en las tres ramas del Estado, sino también en las personas a las que éste sirve y es responsable. Para que el país vuelva a aprender la virtud republicana se necesitarán esfuerzos heroicos de padres, maestros, clérigos, entrenadores y estadistas.

Abogada.

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