Los desaparecidos siguen siendo más

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Ene 27, 2020- 17:02

El problema de los desaparecidos, por hoy, es el aspecto más relevante de la problemática de inseguridad y violencia criminal en que vivimos, porque afecta no solo la vida e integridad de las víctimas, sino también la economía del hogar, y la salud física, mental y emocional de sus familias. Pero a pesar de su gravedad, el problema, al menos a nivel de discurso gubernamental, no parece ser una prioridad, pues el enfoque principal de este gobierno, en el ámbito de seguridad, mediáticamente, son las bajas cifras de homicidios y, en general, las buenas noticias…

Es por ello que, si bien las estadísticas de menos homicidios nos alegran y, como prueba de ello, las encuestas revelan una importante reducción en la percepción de inseguridad en que vive la gente, no hay duda que el flagelo de las desapariciones forzadas sigue siendo, en el plan de seguridad y control territorial, una urgente y dramática cuenta pendiente.

Los homicidios bajan, pero las desapariciones siguen siendo más. En 2019, según cifras oficiales, hubo 2,390 homicidios, lo que significa 950 muertes violentas menos comparado con 2018, pero se denunciaron 3,212 desaparecidos. Del total, un 11% fueron encontrados muertos, solo cerca del 25% fueron hallados con vida, y los demás, un 65%, siguen sin aparecer, que para efectos prácticos, como señala el forense Israel Ticas, pasados más de tres días, casi significa estar sin vida. Para ponerlo más claro: en El Salvador, en promedio, por cada 5 homicidios hay 8 desaparecidos. ¡Espeluznante!

Si hay un mérito qué resaltar de la gestión actual del Fiscal General es el protagonismo en la ejecución del Protocolo de Acción Urgente, y la Estrategia de Búsqueda de Personas Desaparecidas, marco de acción que, patrocinado por Canadá y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, fue diseñado para facilitar la colaboración interinstitucional entre Fiscalía, Policía y Medicina Legal, como principales actores, de modo que haya un manejo coordinado, técnico, eficiente y preventivo de dicho delito; unificando cifras, gestión de búsqueda, y apoyo y trato digno a los familiares de las víctimas.

Lo anterior ha motivado la creación de la Unidad Especializada de Personas Desaparecidas, para lo cual la Fiscalía ha emitido un Instructivo de búsqueda, que es la herramienta que permite ordenar y coordinar las acciones de investigación con las que ahora cuentan los receptores de denuncias, fiscales, PNC y Medicina Legal, para actuar con diligencia, inmediatez y eficacia, desde el momento en que se recibe la denuncia. Y un Sistema Único de Búsqueda que, apoyado por el Instituto Forense de Colombia, permitirá desde este año, con base en el ADN, cruzar los datos entre Fiscalía y Medicina legal, sobre las personas denunciadas como desaparecidas y los cadáveres encontrados sin identificar.

Contamos, ahora, con instrumentos de estándares internacionales en la investigación y búsqueda de desaparecidos. Se ha tipificado como delito la desaparición forzada de personas a manos de particulares, lo que abarca a las pandillas, delincuencia común y el crimen organizado. Sin embargo, es tal la magnitud de casos que no solo bastan los planes técnicos, las penas duras y buenas intenciones, mientras la FGR adolece, como siempre, de pocos fiscales especializados, de una unidad propia de investigación técnica del delito y de un presupuesto eternamente insuficiente, que le permitan superar el reto de identificar quiénes, dónde están y por qué los desaparecen.

El sábado pasado, Bukele escribió en Twitter que, comparado con enero del año anterior, hay un 45% menos de desaparecidos. ¿El plan control territorial de repente dio sus frutos, sin que sepamos qué medidas se aplicaron para ello, o los criminales “voluntariamente” han bajado su accionar delincuencial?
En los últimos años, es justo reconocer, que El Diario de Hoy ha reportado, profundizado y dado seguimiento a muchos casos, contribuyendo a sensibilizarnos y dando voz a tantas víctimas que, gracias a sus notas, han denunciado la indiferencia, abandono y desidia estatal con que fueron tratados sus casos. Falta muchísimo por hacer pero a los desaparecidos ya no solo sus amigos y familias los buscan…

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